EL TRUCO DE ECHARLE LA CULPA A LA NATURALEZA
“La naturaleza no es responsable de nada y lo que pasó en Santa Fe era absolutamente previsible”. Cuatro docentes ‑‑tres de ellos investigadores‑‑ de la Universidad Nacional de Rosario, especialistas en hidráulica, son contundentes al criticar la falta de una política hídrica, la ausencia del Estado, tanto en el ámbito provincial como nacional, que llevó a la carencia de información indispensable para evaluar el comportamiento de los cursos de agua y poder adelantarse en la toma de decisiones a lo que después resultan desastres.
El viernes a mediodía durante un encuentro en el salón de actos de la Facultad de Ingeniería, con la organización de los docentes y del centro de estudiantes se desechó por completo el carácter de ‘impensable’ que desde el gobierno provincial se atribuye al suceso‑inundación de la ciudad de Santa Fe, y desde el público compuestos por profesores, investigadores y estudiantes se desconfió de lo que se hará con la proclamada `refundación’ de la ciudad que manejarán quienes también decidieron las obras públicas de la provincia desde 1991, entre ellos el ministro de Obras Públicas, Edgardo Berli, y el despedido director de Obras Hidráulicas, Ricardo Fratti.
“Hay que pensar que estamos en otra provincia si (Carlos) Reutemann dice que nadie le avisó de lo que venía cuando el mismo Berli lo dijo”, se escuchó con indignación en Ingeniería. Los docentes de la UNR pidieron planificación y se criticó al Estado “autista”. Las obras de infraestructura inconclusas, dijeron, en referencia a las defensas como los terraplenes sobre el Salado, “se convierten en trampas mortales como sucedió en Santa Fe”.
Nora Pouey, Erik Zimmermann y Pedro Basile, los tres docentes e investigadores, integrantes del Departamento de Hidráulica de la Escuela de Ingeniería Civil de la Facultad de Ciencias Exactas e Ingeniería y el ingeniero Hugo Orsolini, también docente y a la vez subdirector de Hidráulica de la Municipalidad de Rosario analizaron la situación de la provincia de Santa Fe como cuenca hídrica, las épocas de crecidas y de bajantes de los cursos que atraviesan o bordean la provincia y la situación creada en Santa Fe por el desborde del Salado.
El equipo de la UNR no dejó un sólo resquicio por el que se colara la posibilidad de la contingencia, de la catástrofe, de lo no previsible. Entre los cuatro expusieron un sólido discurso que dejó en claro que “la naturaleza no es culpable de nada ni en este ni en otros casos, Cañada de Gómez entre ellos”, que “las inundaciones son procesos naturales que tienen los cursos de agua” y que los avances técnicos actuales son muy importantes para predecir los procesos en los cursos de agua y mitigar las situaciones, porque el Salado “es un frente de ataque para Santa Fe como lo es el Paraná, pero no se puede tener en cuenta sólo a este último sino que se necesita una visión general, como un conjunto hídrico”.
Pouey ‑‑ganador de un premio de la Academia Nacional de Ciencias por su tarea en el área de hidráulica‑‑ recordó que Santa Fe fue fundada en el lugar en el que está a partir de que la rodean afluentes. “Era muy fácil para los conquistadores porque de esa manera ‑dijo‑, siempre rodeada de agua, el indio no llegaba”. Cuando se introducen cambios antrópicos -donde interviene el hombre- en el manejo del suelo o de las vías de comunicación, hay condiciones que se modifican. Así nombró los terraplenes viales que actúan como presas de retención de crecida, la modificación del suelo que se impermeabiliza como ocurre con el cultivo de la soja y la menor filtración del agua que entonces debe escurrir por la superficie.
“No hay política hídrica a nivel nacional ni a nivel provincial. Santa Fe es totalmente vulnerable a las inundaciones y también hubo malos planes para mitigar, porque todo se volcó hacia el río Paraná pero no hacia el Salado y el drama mayor es que obras inconclusas para defensa, como es el terraplén, resultan una trampa mortal como lo que ahora pasó en Santa Fe, el agua ingresó por una parte no terminada y quedó estancada”.
Los datos que volcaron Pouey, Zimmermann, Basile y Orsolini fueron recibidos por un auditorio casi completo que integraron docentes, profesionales y estudiantes de Ingeniería y que en conjunto pusieron en la picota el abandono por parte del Estado de algunas de las tareas que realizaba como parte de una “visión hidráulica” distinta, entre ellos los trabajos que se hacían en 1979 desde Agua y Energía, “luego desmantelada”. Se habló de un Estado “autista” frente a todas estas situaciones, tanto que Pouey también se preguntó porqué no se dio antes el alerta, si se especuló con la situación electoral o si se confiaron en el “pasará o no pasará”, pero asegura que tanto los gobernantes como las instituciones, profesionales y la UNL sabían lo que venía.
Los terrenos económicos, inundables, más bajos y más baratos, se dijo muchas veces, están del lado del Salado, donde el desastre ya se cobró muchas vidas, los espacios altos y seguros están del lado del Paraná, pero cuando hubo creciente del río ancho, Santa Fe se inundó por los desagües y bocas de tormenta, no por una masa hídrica que entró a la ciudad. En Ingeniería y a medida que transcurrían las intervenciones no quedaban dudas sobre que lo que pasó en Santa Fe se pudo evitar o mitigar.
Erik Zimmermann hizo un análisis de la secuencia de precipitaciones y de las modificaciones que se produjeron en la cuenca del Salado por lo que denominó “la gran explosión agrícola” y la consecuente “mayor impermeabilidad del suelo” que obliga a “multiplicar la capacidad de escurrimiento” y la consecuente “mayor necesidad de obras de infraestructura”. Zimmermann responsabilizó al Estado provincial y nacional por el retiro de los monitoreos para tener mediciones en cuanto al comportamiento del Salado y así poder desarrollar “acciones que mitiguen el impacto del agua”. La ausencia de información necesaria para plantear los alertas adecuados en tiempo también fue citada por este integrante del Departamento de Hidráulica de Ingeniería de la UNR.
El subdirector de Hidráulica de la Municipalidad planteó la necesidad de una política hídrica que “no existe” y que debería tener en cuenta lo que denominó como Autoridad del Agua con “misiones y funciones específicamente definidas” que por primera vez deberá tener “un control auténtico por parte de los interesados” con una gestión integrada de Nación, provincia y municipios para la obtención de recursos económicos, la construcción de obras, la puesta en marcha de medidas no estructurales y la preservación de fuentes subterráneas y superficiales. Cuando Orsolini habló de la necesidad de la planificación lo hizo en el sentido de “aquello que nos enseñaron hace tanto tiempo, la naturaleza tiene su comportamiento establecido y sabemos que los recursos hídricos tienen excesos y déficits”.
La llamada ‘refundación’ de Santa Fe también mereció intercambios de opiniones y preocupaciones. ¿Quién la hará?, ¿los mismos ingenieros en hidráulica que como Berli manejaron la obra pública de la provincia desde 1991?, se escuchaba en el salón de actos “No puede ser, ese equipo nos conducirá a desastres como el que ahora se vive”.
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