EL "TUCU" CONSTANZO ENCABEZA LA LISTA DE BUSCADOS POR LA JUSTICIA
El juez federal Omar Digerónimo ordenó ayer la detención de diez represores miembros de los grupos operativos que actuaron en los centros de detención conocidos como la Quinta de Funes y Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu.
La nómina está compuesta por cinco miembros civiles de la inteligencia militar: entre ellos Eduardo “Tucu” Costanzo, Eduardo Rebecchi, Carlos Isach, Carlos Sfulcini y Néstor Bertotti, ex director de la Escuela Magnasco, de Ovidio Lagos y Zeballos, quien estaría fallecido; dos ex gendarmes Eugenio Zacarías y Héctor Gertrudis, un ex militar el sargento Carlos Alberto Gamberale y dos ex policías Carlos Alberto Torres y Hugo Cardozo. Solo uno de los diez está detenido: Zacarías se presentó ayer por la tarde en el destacamento de Gendarmería de San Martín y Virasoro.
En tanto la policía federal ubicó el paradero de Enrique Jordana Testoni, ex director de la Fábrica Militar Domingo Matheu, sobre quien informaron al juzgado que está afectado de una “delicada enfermedad”.
En cuanto a los nombres en la nómina, ocurrió como en la lista anterior no todos están con vida. Tal el caso de Néstor Bertotti, alias “Pelado” quien fue denunciado como miembro del Destacamento de Inteligencia del Ejército, y como partícipe de secuestros y torturas. Según Gustavo Bueno, un ex agente que declaró ante el Centro de Estudio Legales y Sociales (CELS) es uno de los que habría “conservado los archivos microfilmados, junto al coronel Monzón”.
Cabe recordar que en la Escuela Magnasco funcionó un centro de detención, que fue identificado el año anterior, durante un recorrida que el juez Omar Digerónimo hizo junto al sobreviviente de la Quinta de Funes Jaime Dri.
La detención del grupo operativo de la Fábrica Militar fue posible gracias al relato de Adriana Arce, quien reveló ante la justicia federal que en las ocho semanas que pasó detenida en ese centro de detención, fue torturada por personas a las que pudo identificar con sus nombres de guerra. “Ruben Rébora”, cuya identidad real es la de Eduardo Rebecchi, “de estatura baja, 1,55, delgadísimo, cara de niño, tenía unos 30 años, con aspecto de estudiante. Muy religioso, aseguraba siempre no estar de acuerdo con la tortura, pero participaba de los interrogatorios. Trabajó infiltrado como estudiante de Derecho. Utilizaba un lenguaje entre religioso y místico”, según Arce.
También pasó por las manos de “Sebastián”, que era el mayor Rubén Fariña, miembro del servicio de Inteligencia del 121. Otro de los descriptos con claridad en la causa Fábrica de Armas, es “Carlitos”, quien según el ex agente de inteligencia del ejército Gustavo Bueno era Carlos Isach, hermano del comisario Rodolfo Isach que fuera procesado por enriquecimiento ilícito. Tenía entre 24 y 25 años, era de estatura mediana y de personalidad sádica. Se decía ex suboficial de la Marina. Arce también describió con claridad a Eduardo Tucu Costanzo. “Era morocho, de 1,75, de bigotes, rasgos de criollo”.
En rigor la mayoría de los nombres no son desconocidos: en agosto de 2000, organismos de derechos humanos escracharon el domicilio de España 344, piso 10, que pertenecía entonces a Sfulcini, quien como abogado realizó la cobertura judicial del Servicio de Inteligencia del Ejército del que fue miembro durante la última dictadura.
En el documento de la Comisión de Escrache se señalaban los antecedentes del escrachado quien con toda soltura de cuerpo y tratando de negar su propia historia había girado entonces a la mayoría de los medios de comunicación una carta firmada en la que negaba concretamente todos las imputaciones de las que era objeto y donde señalaba claramente su “buena relación con el Ejército” al punto de “concurrir siempre a los actos” organizados por la fuerza.
Pero para que no quedaran dudas, Norma Ríos, de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, leyó el documento de la Comisión de Escrache donde se repetían los cargos contra Sfulcini, hoy devenido en vecino, padre y director ejemplar de un EEMPA que funciona en horario nocturno: la escuela “Ciudad de Córdoba” de Anchorena y Pedernera, en la zona sur de esta ciudad. En ese momento Sfulcini fue señalado con su alias “Carlos Bianchi o Carlitos”, y “por ser reconocido por los poquísimos sobrevivientes de la Quinta de Funes y La Calamita” explicaba el documento.
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