El túnel del tiempo
El adobe de las casas de Yavi, hecho con barro de la zona, no puede más que tener el color de los cerros que circundan a un poblado que calla bastante, como todo aquel que tiene cosas que contar. Cerca de Yavi hay petroglifos que datan de los tiempos en los que a María y a José ni se les ocurría todavía tener a un niño y dentro de Yavi –dicen- hubo túneles testigos de las batallas por la Independencia de España.
La vivienda más grande que aún sobrevive en Yavi es la que usaba el marqués de Tojo, señor de estas tierras en épocas de la colonia. Allí descansaba el hombre de la corona y, cuando no descansaba, escarmentaba aborígenes mal entretenidos. No hay pruebas de esto, pero las lugareñas más entradas en años han heredado por tradición oral leyendas de aparecidos que por las noches, aún se quejan desde un sitio que fue un calabozo y una sala de torturas.
Pero más interesante es la historia de los túneles que ya no están. Yavi sabe que bajo sus montañas había corredores que pasaban al otro lado, donde ahora es Bolivia. Se cree que una de las pocas victorias belgraneanas en la lucha por la emancipación fue producto de esos túneles, que como ya no están, hoy son un mito. Y que como todo mito, puede ser cierto o no.
Narra la leyenda que los patriotas dejaron pasar a los realistas hacia territorio de lo que hoy es Argentina, pero que mientras los enemigos creían avanzar victoriosos, ellos volvían hacia lo que ahora es Bolivia, para darles caza por la retaguardia y asestarle una derrota irreprochable. También cuentan que los túneles se cerraron un día, quizás porque muchos cadáveres había allí, quizás para darle más heroicidad a nuestros próceres.
Este cronista no pudo ser testigo de túnel alguno ni documentar o chequear nada de lo que le contaron, de modo que esta nota carece de todo rigor investigativo y apenas tiene el rigor del sentimiento con el que los pobladores contaron lo que todos quisiéramos que haya sido así. Y no me diga que no está bueno creerlo. Hasta mañana.
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