El valle de Uspallata
Le piden paisaje y da paisaje el Valle de Uspallata. La entrada por los caminos de túneles por las montañas, ríos verdes de olas espumosas y miradores hacia Los Andes que valen muchos poemas, es tan imponente como la misma cordillera. Y si le piden historia, ahí está Uspallata, también para darla: fue el sitio en que el ejército libertador de San Martín eligió para detenerse antes de pasar a Chile.
Uspallata crece como la nieve que todos los días amanece más densa en los cerros. Hasta no hace mucho apenas tenías tres mil habitantes pero ya cuenta cinco mil. Muchos han venido porque los negocios turísticos prosperan. El alquiler de ropa para esquiar o la gastronomía son una buena posibilidad. Además, como todo lugar cercano a la frontera, muchos de los habitantes son gendarmes.
En este lugar, que en idioma huarpe quiere decir “tierra del sol”, los camioneros dominan la escena. Es que, el paso del Cristo Redentor, 83km más arriba, está cerrado por la acumulación de nieve y no se puede cruzar a Chile. Entonces los camiones esperan con paciencia. Las moles detenidas allí parecen una exhibición de vehículos de carga. Pero han tenido suerte. Mañana podrán pasar y no será como en un corte anterior, cuando tuvieron que esperar 24 días.
De un lado de Uspallata hay un cerro con siete colores que emula a su hermano más norteño y más famoso, el de Purmamarca, en Jujuy. Hacia el otro está el Aconcagua, el pico más alto del continente americano, ese que le ha costado la vida a muchos y le ha dado la gloria de mirarle la nariz de cerca a muy pocos. Quizás haya sido por eso que San Martín descansó por la zona en unas bóvedas que supieron ser una mina de talco. Se ve que el general tenía buen gusto.
Por 27 pesos uno puede esquiar un rato. Y no es tan caro, aunque hay que traer las antiparras. Por ese monto alquilan las botas, el mameluco, los bastones y dejan a uno disfrazado de Al Pacino en la película Noches Blancas. Por un lado están los turistas que vienen desde distintos lugares del mundo a probar la nieve argentina, por el otro los camioneros de cuerpos cansados y manos duras. A ambos grupos los custodian los gendarmes. Es una postal de Uspallata. Es Uspallata, en verdad. Porque la ciudad se despierta con los rugidos de los camiones, sabe si puede seguir su ritmo si los gendarmes anuncian que no hay nieve y compra o vende según la billetera de los turistas. Lugar para quedarse. Aquí estamos.
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