EL VASO MEDIO VACÍO
Además de la sensación de vacío con que cerró la noche, Quilmes sacó algo en limpio de su empate sin goles con Colo Colo: su camino en la Copa Toyota Libertadores será extremadamente difícil. Ya comienza a serlo, incluso, su lucha por una plaza definitiva: el resultado, muy magro para sus necesidades, lo deja con una perspectiva preocupante con vistas al desquite por el repechaje, el martes próximo, en Santiago.
Por lo que se vio en el comienzo, saberse en medio de un compromiso de exigencia mayor a la habitual provocó en Quilmes nervios excesivos, alimentados también por la ansiedad que provenía de las bien pobladas tribunas. Esa tensión conspiró contra sus intenciones de generar fútbol y lo volvió un equipo impreciso, con la mente nublada.
Sus intentos se igualaban en falta de peso y creatividad. Por la izquierda, lo que aportaba el regresado Leandro Benítez era demasiado intermitente; por la derecha, Caneo estaba muy apagado. Aislados y con poco abastecimiento, los dos delanteros, Raúl González e Iván Velázquez, prácticamente no tenían posibiliidades de desequilibrar. Más de una vez, incluso, las inseguridades llevaron a los locales a poner la pierna demasiado fuerte; en el primer tiempo sufrieron tres amonestaciones y si el árbitro colombiano Alberto Duque hubiese aplicado el rigor debido podrían haber lamentado alguna más.
Pero no debe pasarse por alto una acción llamativa, a poco de comenzado el partido. Hubo un pelotazo cruzado en el área de Colo Colo y el chileno Sanhueza, apareado en la carrera con Benítez, se arrojó sobre la pelota y la arrastró bajo los brazos hasta sacarla del campo. Tal vez obstaculizado por los jugadores, el árbitro no sancionó el penal.
En ese contexto de pobreza para los locales, Colo Colo fue algo mejor. Prolijo, ordenado y con más naturalidad para moverse en la circunstancia, se acomodó en los espacios que le dejaron los nervios de Quilmes. Tuvo en el volante Carreño y el delantero Carrasco sus cartas más interesantes, dentro de lo tibio de sus intentos. Daba la sensación de que, con algo más de ambición, podía haber marcado alguna diferencia.
La ansiedad de Quilmes continuó en el segundo tiempo pero, quizás empujado por el reloj apuró el paso, puso garra y ganó en profundidad, especialmente en el comienzo y en el final de la etapa. También lo permitieron los chilenos, que se retrasaron bastante. Y a Quilmes, además, lo ayudó la entrada de un par de hombres con experiencia, como Osorio y Pablo Sánchez. Justamente en los pies de Vitamina estuvieron sus dos grandes posibilidades de ganar: un tiro libre ejecutado con exquisitez, que hizo dar la pelota en un poste y correr casi paralela a la línea de gol, y una entrada que salvó el arquero Bravo. Esos arrestos le sirvieron a Quilmes para mejorar su imagen, pero fueron insuficientes para entregarle lo que en realidad quería. Su desafío, ahora, es hacerse valer en Chile.
Por Ariel Ruya
De la Redacción de LA NACION
La necesidad de mejorar
Tras el empate, entre los jugadores de Quilmes campeaba la certeza de que la actuación no había sido suficientemente buena. Lo reconoció Agustín Alayes, que habló de lo duro que les espera: “Hay que mejorar para lograr la clasificación. Ellos se cerraron atrás y se nos hizo difícil. Habrá que trabajar mucho en estos días, para corregir defectos; nos faltaron precisión y sorpresa”, dijo el defensor. Nelson Vivas tuvo una visión algo más positiva: “Dominamos durante casi todo el partido. No tuvimos una gran actuación pero estuvimos más cerca de ganar”, señaló.
Mientras, el DT de Colo Colo, el argentino Marcelo Espina, quedó satisfecho: “Me voy conforme. El equipo fue prolijo; en Santiago tenemos que hacer la diferencia”, afirmó.
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