EL VATICANO SE INTERESA POR LA SUERTE DE BOGGIANO
El 18 de abril último, poco antes de que comenzara el cónclave de cardenales para elegir al sucesor de Juan Pablo II, el ministro de la Corte Antonio Boggiano, sometido a juicio político ante el Senado, fue recibido en el Vaticano por Joseph Ratzinger, que 24 horas después fue ungido Papa y tomó el nombre de Benedicto XVI.
Una alta fuente de la Corte y un ministro del Poder Ejecutivo supieron de la existencia de aquel encuentro, durante el cual Ratzinger y el magistrado conversaron sobre temas de doctrina religiosa. Boggiano no le comentó a Ratzinger su precaria situación en la Corte y el cardenal tampoco abordó ese asunto. Pero el tema estuvo implícito. No era la primera vez que se veían: Boggiano conoció al purpurado en 1987 y, desde entonces, lo visitó en numerosas oportunidades, incluso en alguno de los momentos críticos que le tocó vivir en la Corte.
LA NACION pudo confirmar, además, que en noviembre último el nuncio apostólico, Adriano Bernardini, le manifestó al canciller Rafael Bielsa su interés por la suerte del magistrado. El mensaje del nuncio puede resumirse en pocas palabras: el clero tiene una muy alta estima por Boggiano.
En cambio, una importante fuente del Gobierno desmintió que durante los viajes que realizaron a Roma el vicepresidente Daniel Scioli, para participar del funeral de Juan Pablo II, y el canciller, para presenciar la ceremonia de coronación de Benedicto XVI, un alto dignatario de la Secretaría de Estado le haya manifestado su interés por Boggiano. El informante confirmó, sí, que los encuentros con el aludido funcionario vaticano existieron, pero negó que se hubiera mencionado el tema de Boggiano.
Un juez católico
En la segunda semana de abril, Boggiano viajó a Roma. Fue como representante del gobierno argentino ante el Instituto de Naciones Unidas para la Unificación del Derecho Privado (Unidroit), la especialidad de Boggiano.
Pero el juez terminó presenciando la asunción del nuevo jefe del catolicismo y regresó al país el domingo último. El azar quiso que en el vuelo de regreso a Buenos Aires tuviera como compañero de asiento a Bielsa.
La participación de Ratzinger en el cónclave sin duda suscitó la curiosidad de Boggiano, porque él conoció al purpurado hace 16 años.
En aquellos tiempos lo visitaba para interiorizarse de cuestiones de doctrina religiosa. Se había reelaborado el catecismo –recuerdan allegados del magistrado–, quien siempre sintió una gran admiración intelectual por el cardenal y supo ganarse un espacio para conversar sobre temas del dogma católico.
La relación continuó, y en 1993, cuando la permanencia de Boggiano en la Corte estaba amenazada y el entonces presidente Carlos Menem pretendía enviarlo como embajador al Vaticano, el titular de la Congregación para la Doctrina de la Fe le dio a Boggiano algunos consejos. Boggiano continuó en la Corte.
Actualmente, el magistrado prepara su defensa junto con la constitucionalista María Angélica Gelli y el penalista Marcelo Sancinetti, dos profesionales de fuste que lo asesoran en su presentación ante el Senado. Se trata de un extenso escrito donde el juez intentará mostrar que su participación en la causa Meller fue muy distinta de la que tuvo el juez Eduardo Moliné O’Connor. En diciembre de 2003, el Senado destituyó al juez por su voto en un expediente en el que se convalidaron pagos que hizo Entel, cuando estaba a cargo de María Julia Alsogaray, a la citada empresa.
Boggiano se esmerará en explicar que mientras Moliné O’Connor decidió estudiar un recurso extraordinario que presentó el Estado y lo rechazó por entender que Meller tenía razón, él adoptó otra postura: simplemente rechazó el recurso aplicando la tradicional doctrina de la Corte de que los laudos de un tribunal arbitral no pueden ser revisados por vía de un recurso extraordinario. La solución de Moliné fue política –sugieren cerca de Boggiano–, mientras que la de él fue técnica.
Un tema de conversación
Actualmente, la suerte de Boggiano es tema de conversación en muchas reuniones.
Fue uno de los asuntos de los que se habló, con visiones encontradas, durante un almuerzo que tuvo lugar en la residencia del embajador de la Argentina en la Santa Sede, Carlos Custer, el domingo 24.
Estaban presentes los gobernadores de San Juan, José Luis Gioja, y de Buenos Aires, Felipe Solá; el presidente del bloque de senadores del justicialismo, Miguel Angel Pichetto; el titular del bloque de diputados del PJ, José Marúa Díaz Bancalari; el ministro de Interior Aníbal Fernández y Bielsa.
Hubo todo tipo de consideraciones: algunos criticaban al juez; otros sostuvieron que la renovación de la Corte debería darse por concluida con los cuatro cambios ya introducidos y varios de los presentes elogiaron a Boggiano, tanto por su defensa de los derechos humanos como también de la pesificación, algo que el gobierno de Kirchner siempre valoró especialmente.
Hasta ahora, la titular de Asuntos Constitucionales del Senado, Cristina Fernández de Kirchner, no dio un fuerte impulso al juicio político. Pero llegó el momento de la verdad. Y el juez apuesta a que los senadores voten en forma dividida, para no alcanzar los dos tercios necesarios para destituirlo.
Hoy por hoy, Boggiano sigue teniendo fe. “En este juicio político, me conforta la voluntad de Dios y me anima la oración y la ayuda de tanta gente”, dijo a LA NACION.
Por las dudas, en la última reunión de acuerdo de ministros, que tuvo lugar el martes último, Boggiano le dio a cada uno de sus colegas una foto del nuevo papa, que trajo de Roma. Y les escribió, como leyenda, una frase que pronunció Ratzinger durante la homilía: “Pienso en todos los hombres de nuestro tiempo, creyentes y no creyentes”.
Incluso la ministro Carmen Argibay, que se definió públicamente como atea militante, la recibió con buena voluntad, aunque, eso sí, sin mueca alguna en el rostro.
Este contenido no está abierto a comentarios

