EL VIAJE DE KIRCHNER, SIGNADO POR LA DEUDA Y LA CRISIS ENERGÉTICA
Dos preocupaciones del mundo empresario y político norteamericano dominarán la visita de cuatro días que hoy comienza el presidente Néstor Kirchner en los Estados Unidos.
Primero, cómo será el camino para la recomposición de la relación con los acreedores privados tras el default; segundo, si el corte de suministro de gas a Chile y Uruguay por la crisis energética no muestra una tendencia a no respetar los contratos, que podría pulverizar la confianza de los inversores.
Será la tercera visita de Kirchner a Estados Unidos a casi un año de haber asumido el poder. Pero esta vez no se verá con el presidente George W. Bush, como ocurrió en julio y septiembre de 2003 y en enero pasado, durante la cumbre de Monterrey, México. No había ningún tema urgente en la agenda para forzar una reunión, y menos aún cuando sólo se confirmó el viaje tres semanas atrás, dijeron a LA NACION fuentes del gobierno argentino y de la administración republicana.
“Nunca se pidió una reunión”, afirmó el embajador argentino ante la Casa Blanca, José Octavio Bordón.
La 34° Conferencia del Consejo de las Américas en Washington, realizada ayer en el Departamento de Estado, fue el mejor anticipo del sentimiento y preocupación respecto de la Argentina que Kirchner encontrará en su paso por Nueva York y Washington, entre hoy y el viernes.
El ex presidente del Consejo de las Américas y asesor de la compañía Coca Cola, George Landau, le preguntó al único argentino que habló en la conferencia, el presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay, cómo se hacía para recuperar la confianza de los inversores en el respeto de los contratos, si últimamente no se había cumplido con los contratos de envío de gas a Chile y a Uruguay.
La pregunta de Landau fue la síntesis del sentimiento general y, sobre todo, de las dudas que han vuelto a sobrevolar ciertas medidas de la Argentina. Es un interrogante que tal vez se le plantee al presidente Kirchner cuando se reúna con empresarios en Nueva York, muchos de los cuales han reclamado un aumento de tarifas por el impacto de la devaluación y para enfrentar las inversiones para evitar un cuello de botella en la producción. Y la reciente crisis energética les dejó el argumento servido.
Prat Gay, que recibió elogios por el manejo de la política monetaria, hizo equilibrio para contestar y no entrar en la cuestión puntual de la crisis energética. Sin embargo, refiriéndose al colapso del 2001, dijo que hubo leyes que eran incumplibles e insostenibles. “En el pasado tuvimos leyes muy elegantes y aplaudidas por la comunidad internacional, como la que decía que un peso valdría para siempre lo mismo que un dólar, o la que señalaba que el déficit debía ser igual a cero”, dijo Prat Gay, ante la mirada del banquero William Rhodes, del Citicorp. E insistió: “Debe haber un equilibrio entre los compromisos y las leyes de la economía”.
Brian O´Neill, director ejecutivo y presidente para América latina del banco JP Morgan Chase, dijo a LA NACION que cree que Kirchner seguirá adelante con la política que ha trazado “y va a aceptar dialogar sobre las maneras constructivas de recomponer la situación financiera de la Argentina frente a la deuda pública, tanto con los acreedores nacionales como internacionales”.
Crisis energética
El empresario subió a la crisis energética al mismo nivel que la deuda. Destacó que la otra cuestión que estará en la agenda con el primer mandatario será “la actual situación energética y el cumplimiento de los contratos, sobre todo entre privados, tanto del suministro como de exportación de gas natural”.
La Argentina cabalgó lo peor de la crisis, no con la ayuda de la comunidad financiera internacional, sino con el incondicional respaldo de sus vecinos, Brasil y Chile, razonan los empresarios. “Por eso, pelearse con Chile por la cuestión del gas no es bueno”, expresan los hombres de negocios, que quieren contar con mejores señales para invertir.
Anne Krueger, la tenaz titular interina del FMI, señaló hace menos de 10 días que la solución del problema energético debía ser una prioridad para la Argentina en el corto plazo. No entró en la cuestión de los contratos, sino que resaltó la preocupación por el impacto que puede tener en el crecimiento de la economía.
Manuel Rocha, ex embajador interino en Buenos Aires y actual asesor en una compañía de comercio internacional, dijo a LA NACION durante la conferencia del Consejo de las Américas que el viaje de Kirchner “es una gran oportunidad para recomenzar las relaciones con Estados Unidos, que están bien. Estados Unidos puede ser un aliado central para poder llevar al país de nuevo al crecimiento, pero [el Gobierno] tiene que dar algunas señales”.
“Tiene que haber progresos en la deuda”, dijo, cuando se le pidieron precisiones, porque “la comunidad de negocios no meterá un centavo más hasta que ese problema no se resuelva”.
Andrew Quale, de la firma Sidley Austin Brown & Wood LLP, con sede en Chicago, planteó ayer otro interrogante sobre el retorno de la confianza en el sistema financiero. “¿Cuánto tiempo va a tomar retornar a los niveles de confianza del 2000?”, interrogó el empresario al titular del Banco Central, igual que Emilio Ibarguren, de AIG, que quiso saber sobre la repatriación de capitales.
En el Consejo de las Américas, además, el secretario del Tesoro, John Snow, elogió el manejo de la política monetaria argentina por haber evitado una espiral inflacionaria tras la devaluación. Y también resaltó su “sólida política fiscal”, que permitió aumentar en 2003 el superávit primario (ingresos menos gastos, antes del pago de la deuda).
Partida
Tras un día agitado en materia de reuniones, el presidente Kirchner partió anoche, cerca de las 22, a los Estados Unidos. Lo hizo a bordo del avión presidencial Tango 01, acompañado por el canciller Rafael Bielsa; el secretario legal y técnico de la Presidencia, Carlos Zannini; el gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti; los senadores Ramón Puerta, Miguel Pichetto y Oscar Castillo, y los diputados José María Díaz Bancalari y Jorge Argüello. El gobernador de San Juan, José Luis Gioja, se sumará a la delegación en los Estados Unidos.
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