El viaje de un conductor con un desconocido herido de muerte
Las vidas de Pablo y Juan Emanuel se cruzaron el jueves por primera vez y por no más de diez minutos. Que coincidieron con los últimos que Juan Emanuel transcurrrió en este mundo. Fue arriba del auto de Pablo, quien se vio obligado a detenerse a las 22.50 de ese día, cuando tres muchachos le hicieron ademanes angustiados para que frenara.
"Llevame al hospital, por favor, que me pegaron un tiro”, murmuró Juan Emanuel. Aturdido por lo inesperado del reclamo, el conductor hizo caso. Se vio así, imprevistamente, manejando por calles rosarinas en compañía de un chico moribundo, que de una manera inconcebible había ido a parar al lado suyo.
"Paré porque sí. No hubo tiempo de pensar en la situación”, repasaba Pablo, de 24 años, ayer a mediodía en el patio de su casa de zona oeste. Juan Emanuel Sánchez, de 20 años, se desangraba con un balazo que le atravesó la ingle. “Todo me vino a la cabeza después. Yo ayudé a subir al muchacho al auto y después lo llevé lo más rápido que pude al Clemente Alvarez”. A poco de ingresar a la guardia del Heca, Sánchez murió.
Pablo trabaja como operario en una fábrica. Es fanático hincha de Newell`s, tanto como para llevar el escudo tatuado en el pecho, del lado del corazón. El jueves por la noche regresaba a su casa tras cenar con familiares en zona sudoeste cuando se topó con una escena que le costará sacarse de la mente. “Venía escuchando música. Muy pocas veces agarró por calle Felipe Moré, cuando vengo de lo de mis primos agarro por Camilo Aldao, y fue así que me encontré con esa situación”, comentó el muchacho.
El cruce con los tres chicos fue en Felipe Moré y Virasoro. “Hay cosas que me gustaría no se publiquen por respeto a la familia del chico muerto”, pidió el joven terminada la charla con La Capital. Se refería a los momentos tristes de una vida que se va apagando. De lo que fue testigo.
Cambio de rumbo
Pablo viajaba en su auto negro, un modelo 2009, cuando vio a dos muchachos que cargaban a otro haciéndole señas desesperadas desde un costado de la calle. “Los vi desde treinta metros. Uno de los muchachos, que llevaba una camiseta de Central amarilla, estaba ensangrentado de la cintura hacia abajo”, rememoró. “Estaba claro que necesitaban ayuda. No me puse a pensar en otra cosa más que uno de los pibes parecía estar herido”, indicó. “Los pibes me decían «llevalo al hospital, llevalo al hospital que le dieron un tiro». Y me abrieron la puerta del acompañante del lado del conductor. Como no lo podía cargar, me bajé y los ayudé a ponerlo en el asiento trasero”, confió Pablo.
Toda esa secuencia duró unos pocos segundos. Con mucho, un minuto. “No sé que pasó con los amigos del pibe. No puedo decir si no quisieron acompañarlo o en la desesperación no alcanzaron a subirse al auto. El pibe herido se veía mal. Yo ayudé a cargarlo, me subí al auto y empecé a manejar. Quería llegar lo más rápido posible al Clemente Alvarez”.
Para Pablo comenzaron los cinco o tal vez siete minutos más largos de sus 24 años. “Puse las balizas, las luces altas y empecé a los bocinazos para abrirme paso. En una esquina se me cruzó un auto, tuve que clavar los frenos porque sino chocábamos. Pero pude seguir y llegar”, recordó el joven con la mirada fija en la nada. Recordó que tomó por avenida Perón hasta Avellaneda. Giró en Pellegrini y así llegó al Heca. Recordó que Juan Emanuel Sánchez estaba desvanecido y sólo pronunció unas pocas palabras.
Unos pocos minutos. “Cuando llegué al Clemente Alvarez me metí con el auto hasta la zona donde llegan las ambulancias. Empecé a gritar «tengo un herido de bala» y ahí se me acercó un enfermero con una camilla. Le dije: «¿Nadie más puede ayudar? Me contestó que estaba solo.
Entonces empezó a tirar de los pies del pibe para sacarlo del auto. Yo lo ayudé pero en la desesperación se nos desplazaba de lugar la camilla. Tuve que ponerme a gritar para que alguna de las personas que estaban por ahí viniera y nos ayudara”, recordó.
Unos pocos minutos juntos en esa instancia límite, por lo que surge del relato, pareció hermanar a esos dos desconocidos. “Mientras lo llevaban en la camilla al muchacho le dije: «Amigo, tranquilo. Ya llegamos al hospital». Lo metieron para adentro”, dijo ahorrando cualquier golpe de efecto . “Ahí me agarró un policía en la guardia que me pidió mis datos y me agradeció que hubiera llevado al pibe. Entonces me vine para mi casa. Me bañé, llevé a lavar el auto y ahí me enteré que se había muerto”, dijo antes de quedar suspendido en un largo intervalo de silencio.
“En ese momento no pensé, sólo quería llegar. Después te caen las fichas. Soy un tipo frío. No soy expresivo, pero…”, dijo Pablo. Y su padre, que escuchaba atentamente la charla, agregó: “Mi hijo hizo lo que tenía que hacer. Es una cuestión de crianza. Si alguien necesita ayuda, aunque te arriesgués a que te peguen un cachetazo, tenés que hacer posible por ayudar”, aportó el papá de Pablo, cabeza de una familia de trabajo.
Juan Emanuel Sánchez tenía 20 años. No tenía antecedentes. Según confiaron fuentes allegadas a la pesquisa era oriundo de la provincia de Misiones y hace pocos años se había instalado en Rosario. Vivía en pareja con su novia y su suegro en una casa de barrio Godoy. Hasta el momento su crimen, que es investigado por la jueza de Instrucción Mónica Lamperti, no tiene imputados.
Enigma
El ataque que terminó con la vida de Juan Emanuel Sánchez era hasta anoche un enigma: se ignora quién lo ejecutó, quiénes estaban con él cuando frenaron el auto que lo llevó al Heca y el motivo del disparo que le provocó la hemorragia fatal. El viernes este diario dio con vecinos que contaron que el padre de la novia del chico asesinado fue detenido en 2007 en su casa de Viamonte 5424 por el delito de sustracción de vehículos. Lo que fue, en efecto, constatado.
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