El zonda
La zona de la Rioja de las adyacencias del Famatina, tal como la tierra sanjuanina, es comúnmente afectada por este fenómeno. Los especialistas lo explican y los visitantes lo sufren, al menos hasta que se acostumbran. El zonda es un viento que se genera en el Pacífico, bien frío y bien húmedo.
Pero después da de bruces con la Cordillera, se eleva, se seca y, al tomar contacto con la arena de éstas zonas desérticas, conforma este ventarrón cálido, sofocante, que arrastra la arena en ráfagas de hasta 60 kilómetros en la hora. Los lugareños dicen siempre que “si está nevando en la Cordillera, vendrá el zonda”.
Y así es. Acá está. Dos tipos de viento andan por la zona, el frío del sur que congela y seca la piel o el zonda. Este tiene otra particularidad, mientras quema afuera, adentro, los hogares, permanecen gélidos. Las carpas son una tentación para el zonda, que sabe cómo arrastrarlas del otro lado de los cerros, si es preciso. Será cuestión de esperar.
El zonda ataca, se deja oír en el eco de los cerros y se siente en los labios que se resecan. El sol contribuye a que queme más y alrededor de la ruta caliente hasta los cardones sienten la quemazón. Los oídos ya están repletos de arena y los ojos se cierran para no alojar más polvo.
Por lo demás, ya ha envuelto todo lo que encontró a su paso y lo eleva para disminuir la visibilidad a punto tal de no saber si en efecto, esa nube que se ve allí es el tan mentado Cañón de Talampaya. Es un buen autismo un día antes de pasar a tierra –sobre todo eso, mucha tierra- sanjuanina.
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