EL ZOOLÓGICO DE KUSTURICA
Para tratar de explicar cómo la obra de Kusturica fue decayendo progresivamente de mayor a menor en su calidad, es necesario saber primero quién es este bosnio que estuvo hace un par de semanas en nuestro país, invitado a participar en la Cumbre de los Pueblos realizada en Mar del Plata para repudiar al presidente Bush, y también visitando a su ídolo máximo y fetiche actual, Diego Maradona, con quién está realizando su próxima película, un documental del mejor jugador del fútbol que dio la historia y que se estrenará en el 2006.
EMIR EL NÓMADE
Amante de la cultura gitana, Kusturica le hace honor a ella al viajar constantemente de país en país, no sólo para presentar sus películas o para tocar con su banda, sino porque está radicado en Paris y en Belgrado a la vez. Con el humor que lo caracteriza dice en una de las miles de entrevistas que circulan por la red: “Reparto muy bien mi tiempo en ambos países. Belgrado es hoy el lugar más seguro del mundo y todos podrían refugiarse en él. El terrorismo nunca iría a Belgrado porque allí ya no hay nada más que destruir”.
Nació en Sarajevo, cuando todavía existía Yougoslavia, un 24 de noviembre de 1954, (esta semana cumple 51 años). Está casado, tiene dos hijos y también es abuelo. Estudió cine en Praga y desde 1986 toca el bajo y la guitarra en el grupo “The No Smoking Orchestra”, con quien sacó varios discos y vendió miles de placas. En sus 25 años como director realizó 8 largometrajes y ganó grandes premios en casi todos los festivales en los que se presentó. En 1981 ganó en Venecia el León de Oro con su opera prima, ¿Te Acuerdas De Dolly Bell?, y en 1998 también ganó en éste mismo festival el premio a mejor película por Gato Negro, Gato Blanco. Obtuvo varios premios con una película que marcó su estilo, Tiempo de Gitanos, de 1988. En 1993 ganó en el festival de Berlín el Premio Especial del Jurado por Sueños de Arizona. Y sus galardones más sobresalientes fueron en Cannes, el festival de cine más importante de Europa, que casualmente cada diez años lo tiene a él como protagonista. Ganó dos veces la Palma de Oro. En 1985 con Papá Salió En Viaje De Negocios y en 1995 con la que para muchos es su mejor película, Underground. Kusturica es uno de los pocos directores junto a Francis Ford Coppola, al japonés Shohei Imamura y al danés Bille August que ganaron en dos oportunidades el premio de Cannes. Finalmente este año no participó de éste festival con ninguna película sino que lo hizo como jurado.
SU ESTÉTICA DESBORDANTE
Pero más allá de todos estos galardones, lo que nos interesa es analizar que visión del mundo nos quiere mostrar con sus films. Para esto la idea no es hablar de ningún argumento en particular sino de los tópicos que aparecen recurrentemente en sus obras y que marcan su propio estilo. Antes es necesario contextualizar la historia personal de Emir para luego entender porqué hace lo que hace. Desde pequeño vivió en un territorio donde lo habitual era el caos. “Realmente se podía hacer cualquier cosa –dice Emir- pero pasaron muchos acontecimientos juntos. Primero vino el cambio del comunismo al capitalismo, y con el cambio de sistema llegó la fractura del país, la catástrofe y la guerra. Pero el espíritu se sigue manteniendo. Las cosas que muestro en mis películas son mucho más realistas de lo que parecen”.
Este caos que vivó desde la infancia marcó su estilo y lo explica así: “Creo que el cine debe ser algo profundamente personal, algo que te ligue a la historia, a la psicología, a la política… a todo lo que la vida humana absorbe. Pero el cine de hoy es completamente diferente, persigue las grandes audiencias, mientras que yo persigo la emoción. Trato de perseguir y de ser parte de la ilusión del cine”.
Sus influencias cinematográficas son: Fellini, Buñuel, Bergman, Ozu, Frank Capra, etc. Y dice que no le gusta que se diga que su estética es de “realismo mágico”. Un realismo mágico que muchas veces pasa el umbral y se convierte en surrealismo. Casi toda su obra está basada en una mezcla de comedia y de drama sin solución de continuidad entre una cosa y la otra, sino que todo transcurre de forma caótica y cuando llega a su fin uno no entiende muchas veces cómo se llegó hasta allí.
La última ficción de Kusturica, que se estrenó hace un par de meses y que se llama La Vida Es Un Milagro, es una reiteración y una síntesis de toda su obra. Es un lugar común de sigo mismo. La mayoría de sus películas (no todas) transcurren durante la guerra y las temáticas son similares. La música, de corriente gitana (que algunos la denominan punk balcánico), fue compuesta en varios casos por él mismo y en otros por reconocido músico Goran Bregovic. Esta música casi siempre es exagerada y los instrumentos aparecen en pantalla con un gran despliegue escénico y de personajes. Los animales de todo tipo están omnipresentes, y los escenarios son, en su mayoría, hermosos paisajes balcánicos que contrastan con la destrucción que dejó en su camino la guerra. El humor absurdo fue creciendo hasta convertirse, en esta última película, en su recurso más importante. Muchos consideran a su estética como desbordante y sin sentido, pero si escuchamos lo que Kusturica cuenta en varias de sus entrevistas, quizás podamos entender el porqué de esta estética. “En los Balcanes la vida es más espontánea que en los países organizados. La percepción del tiempo es distinta también. Tenemos una visión fatalista de la vida. Sabemos cuáles son los pasos que nos quedan por vivir, y usamos el tiempo de manera hedonista. Eso es bueno y no tanto. Cuando pasas mucho tiempo en Belgrado soñás con un poco de orden. Y cuando pasás mucho tiempo en Occidente, te aburrís de lo sistemático que es y querés volver”.
La Vida Es Un Milagro está basada en una historia real. Cuenta la vida de Luka (Slavko Stimac, que también actúa en Underground), ferroviario de Belgrado, que acompañado por su esposa Jadranka, una cantante de ópera maníaco depresiva, y por su hijo de 18 años, Milos, un jugador de fútbol que quiere irse a jugar a la ciudad, viven en una estación de trenes convertida en hogar y perdida entre las montañas, para reconstruir el ferrocarril y beneficiar a la región con el turismo y el comercio. Pero todo sale mal cuando se desata la guerra. Jadranka abandona a Luka por un músico húngaro, y Milos es convocado al ejército y tomado como prisionero de guerra por el enemigo. En el medio de todo hay una buena historia de amor. Pero la sensación que queda es la de haber presenciado un zoológico de imágenes, de personajes, de música, y obviamente de animales. Gallinas y patos que vuelan por todos lados, perros y gatos que se pelean y corren, osos asesinos, un burro triste que interrumpe el paso del tren. Kusturica dice al respecto de la importancia que le da a los animales: “Es para probar que los personajes tienen una idea panteísta de la vida. Si ves mis películas, siempre tienen elementos de juego, como en un circo. Con los animales podés hacer cosas que no podés con las personas. El burro es muy importante en la trama, es orgánico. Y la historia tiene resonancia en los perros, los gatos, los osos, los caballos, etc.”.
Como ya había pasado en Gato Negro y Gato Blanco, todo se mezcla en un ritmo vertiginoso que hace que nada se entienda del todo, sino que todo fluye y sucede de golpe. Los extraños personajes aparecen siempre de forma alocada, tanto en la alegría como en la tristeza, todo es exagerado y disparan sus armas al cielo para demostrarlo. Todo el tiempo se rompe algo: una estatua, botellas, platos, televisores, paredes. O todo el tiempo explota algo, porque, aunque parezca mentira, en el medio de todo está la guerra. Y uno se pregunta cuál es el límite de reírse de algo tan dramático. La diferencia de esta última película de Kusturica con Underground es que en el film de 1995 las emociones eran puras y no parecían artificiales como ahora. Es decir, el humor era humor, lo dramático era dramático, lo triste era triste. Ahora es un cambalache.
Para redondear podemos sintetizar la visión del mundo de Emir con el pensamiento que expresa sobre su cultura preferida, la gitana: “Los gitanos adoran estar vivos y disfrutan de cada segundo de sus vidas. El arte gitano me intriga, por su fuerza. Es la clase de fuerza que destruye cualquier genero. Ellos no toman nada en serio. Todo viene rápido, se ama rápido y se vive rápido. Se dice que son nómades, de algún lugar entre el cielo y la tierra, en el medio de ningún lugar. En cierto sentido, es bastante parecido a mi vida también. De ahí es de donde viene toda la luz”.
SE VA EL TREN
Se podría seguir escribiendo páginas y páginas sobre este bosnio tan particular. Nos quedó en el tintero su faceta actoral; su trabajo como músico y sus giras con la No Smoking Orchestra; su fuerte pelea con el músico Goran Bregovic; sus anécdotas como ex jugador de fútbol casi profesional que alguna vez fue; su increíble pelea con líder radical serbio Volislav Seselj, con quién se batió a duelo pero que finalmente no sucedió; sus visitas a la Argentina y su presencia en el acto de repudio a Bush; sus polémicas opiniones políticas y las censuras que sufrió; su relación de amistad con Maradona y la película que está realizando sobre “el Diego”; todo esto y mucho más, pero por ahora nos quedamos acá, y que el tren sigua por otros rumbos.
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