ELECCIONES EN CHILE: BACHELET Y PIÑERA YA SE DISPUTAN LOS VOTOS
En el umbral de la madrugada en Santiago, con las calles desiertas y ni un restaurante o café abierto, un camión desbordado de gente, parlantes y banderas, seguido por tres perros atrona con una marcha a todo volumen. Son los descendientes de “pelucones” y “pipiolos”, las dos vertientes de la derecha festejando por anticipado el “triunfo presidencial” del millonario liberal Sebastián Piñera. Cerca de ellos pero camino al centro y en caravana, otros centenares con diferentes banderas y distinta música sacuden la noche cerca de La Moneda al grito pelado de “Viva Michelle Bachelet” por la socialista que ganó la primera vuelta el domingo de las elecciones en Chile.
No hay que confundirse: estos movimientos no son celebraciones, sino los primeros pasos de la campaña para el ballottage del 15 de enero, que arrancó al minuto de conocerse los resultados de la vuelta inicial. Para ambos lo que viene no será sencillo y nadie aquí duda que el cruce tendrá cualquier cosa menos piedad. Ambas fuerzas tienen que comer del mismo espacio, un centro político que es lábil y puede saltar fácilmente de uno a otro lado.
Los resultados finales conocidos ayer coronaban a Bachelet con 45,95% de los votos, veinte puntos por encima de Piñera que redondeó 25,41%.
Los dos se proclamaron triunfantes. La una porque efectivamente lo ha sido. El otro porque se unió a su rival de la derecha, el conservador Joaquín Lavín, que entregó su dote de 23,22% que logró en el comicio. Aunque en política no hay aritmética, ellos plantean las cosas en términos sencillos: si se suman los dos resultados da 48,53%, por encima de Bachelet. Para lograrlo hay que ir por los mismos votos que buscará la socialista.
La noche del domingo ambos se juraron lealtad por sobre añares de diferencias y antipatías y se abrazaron en público. Pero ayer Lavín dejó esperando más de una hora al nervioso Piñera para su primera reunión de estrategia electoral, en la que el conservador fue formalmente designado jefe de campaña del líder centroderechista. El cargo no fue menos simbólico que esa espera, todo un gesto de marcación de espacios que se agudizará con el curso de los días.
Aunque las diferencias entre estos los dos pueden tener el espesor de un cabello, son emergentes de una histórica pelea de poder en la alianza derechista a punto tal que debieron definir su interna en la elección nacional. Estas dos vertientes aparecieron ya en el siglo XIX, con la máscara de los “pelucones”, hoy la grey de Lavín, llamados así porque en aquellos inicios de la historia política iban al Congreso con elegantes pelucas blancas y más tarde armaron el partido Conservador. Del otro lado estaban los “pipiolos”, hoy con Piñera, que fundaron el Partido Liberal.
Estas dos fuerzas reconvertidas luego en la UDI (Unión Democrática Independiente) y RN (Renovación Nacional) fueron los pilares políticos de la dictadura de Augusto Pinochet. Pero Piñera se cortó hacia una centroderecha más flexible, diferenciándose del verticalismo promilitar de Lavín y votó en contra del dictador en el famoso plebiscito de 1988.
Para Bachelet, aunque quedó mucho mejor ubicada para saltar al sillón de La Moneda, este comicio ha sido una lección y ya ayer se escuchaban los ruidos de cambios inminentes en la conducción de su campaña. Quien definitivamente temblaba era el socialista Ricardo Solari, el hombre fuerte del comando y autor de la decisión de marcar distancia del saliente Ricardo Lagos y aún de la Concertación. Uno de los más graves pecados que se le endilgan en estas horas. Por esas decisiones, el caudal de votos de Bachelet es el peor que la Concertación obtuvo desde 1990, destacaron la mayoría de los diarios de aquí, algunos con fervores no solo periodísticos.
Lo más duro a la hora de las comparaciones, fue que la coalición por si sola reunió 51,77%, en una excelente demostración que le permite al socialismo controlar las dos cámaras del Congreso. Y desplegar alí una bancada mayoritaria de gente menor de 50 años y más inclinada al centroizquierda, como Juan Pablo Letelier, el hijo del canciller de Salvador Allende asesinado por la DINA en Washington.
Es, sin embargo, claro que la situación no es ni tan desastrosa como la pinta la derecha ni tan definitiva. Para los analistas lo peor que le puede ocurrir a Bachelet es entrar en el juego que le platean sus adversarios de izquierdizar su campaña. Hernán Larrain, senador de la UDI descargó a pocas horas de los comicios que “los problemas de la gente siguen pendientes y ahora la visión va a ser entre una Concertación cada vez más a la izquierda y la opción de cambio hacia el centro político”.
Politólogos reconocidos han sostenido que la socialista debe huir de esa contradicciones y convertirse en la verdadera heredera de Lagos desde el centro. Hay también otra presa en el camino que la socialista deberá seducir sin mucha estridencia: el 5,4% que conquistó el centroizquierdista Tomas Hirsch. El dirigente anunció que anulará el voto en la segunda vuelta. Pero sus socios comunistas han dado señales de un giro hacia la socia lista. Una remake de lo que sucedió cuando Lagos ganó en el ballotage sobre Lavín en 2000 precisamente llevando a cuestas el 3% que había conquistado por entonces la gente del PC.
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