ELENA HIGHTON: “NOSOTROS NO SOMOS UNA MAYORÍA AUTOMÁTICA”
Lejos quedaron los tiempos en los que, para juntar cinco votos, tenían que elegirse a sí mismos, como ocurrió con Julio Nazareno y Eduardo Moliné O’Connor, durante el menemismo. Ayer la jueza de la Corte Suprema, Elena Highton de Nolasco, fue elegida vicepresidenta de la Corte Suprema y del Jury de Enjuiciamiento con el voto de todos sus colegas. Es la primera mujer que ocupa ese cargo.
La designación fue en el plenario de ayer, luego de que la propusiera el presidente del tribunal, Enrique Petracchi. Highton ejercerá la función que deja vacante el juez Augusto Belluscio, quien renunció a su cargo.
“Yo apoyé a Carmen Argibay, porque de ninguna manera me hubiese votado a mí misma”, señaló la jueza que llegó a la Corte hace más de un año. Está en la Justicia desde hace más de 30, y fue la primera mujer que ingresó al tribunal en un gobierno constitucional.
—Antes la elección de presidente y vice desataba una pelea interna. ¿Qué cambió ahora?
—Está claro que este momento hay absoluto consenso entre los jueces, aunque en realidad hay muchas opiniones diferentes y eso se ve en los fallos. Pero a nivel personal el nuestro es un clima nuevo, hay diálogo; no hubiera aceptado el cargo peleada con alguno, y mucho menos votándome a mí misma.
—Con el alejamiento de Belluscio, Kirchner va a tener que designar a un quinto juez en la Corte. ¿Cómo ve este hecho?
—El cambio de la Corte hizo recuperar la credibilidad en la Justicia. “Si los jueces de arriba son así cómo serán los de abajo”, pensaría la gente. Y si bien es cierto que el proceso de cambio se ha dado más rápidamente que en otros momentos, el mecanismo del decreto 222 —de selección de jueces— hace que nadie pueda cuestionar nuestra imparcialidad. Nosotros no somos una mayoría automática; es más, a veces hay dificultades para lograr una mayoría. Hay independencia de criterios.
—Como nueva presidenta del Jurado de Enjuiciamiento, va a tener que juzgar a otros jueces. ¿Qué conducta no se puede permitir en un juez?
—No hay que permitir la corrupción, el amiguismo, el trato discriminatorio, la falta de imparcialidad y de credibilidad. Hay un piso que se ha tocado, y ahora se está recuperando la credibilidad, con algunos casos de remoción de jueces que ya se produjeron y algunos más que puedan ocurrir. Una de las cuestiones más importantes es que la Justicia esté formada por buenos jueces. Y la mayoría de los jueces son honestos, pero muchas veces son tomados unos pocos casos en los que no es así. Porque el juez que trabaja de la mañana a la noche no es noticia, y son la mayoría .
—¿El mundo de la Justicia todavía es machista?
—Cada vez menos. En la Corte al menos han demostrado que no son machistas. No es un problema que yo diría que está superado, porque hay de todo. Pero para algunas mujeres que están en la Justicia, yo me imagino que ellas ahora —cuando ven mi caso— sienten que se puede llegar. En el tema de la mujer en la Justicia hay grandes avances, si bien no hay igualdad de cargos todavía.
—Qué cambió en su vida desde que es jueza de la Corte?
—Y, algo cambió. Sigo haciéndome tiempo para ir a nadar los fines de semana, pero ahora me reconocen en la calle, casi siempre para bien. Salvo unos pocos incidentes que tuve con determinados ahorristas, la gente se acerca a demostrara su cariño, su reconocimiento, especialmente las mujeres.
—¿Cuáles son los temas pendientes más importantes?
—Bueno, los temas de pesificación, de los créditos hipotecarios… Yo particularmente estoy trabajando en la puesta en marcha de la oficina contra la violencia familiar, y además pretendo darle un trato preferencial a los expedientes donde hay menores involucrados.
—¿Va a haber un nuevo fallo sobre pesificación?
—Yo ya di mi posición sobre el tema en el fallo Bustos, pero no hay una mayoría.
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