Em”papado”
Es una confesión. Si los agnósticos tuviéramos confesionario esto debería estar haciéndolo arrodillado ante una de esas Casas de Madera , donde los creyentes practicantes dicen lo que no se animan a decir en público. O peor, donde creen que diciéndolo ahí, se libran de haberla cagado. Pero no hay confesionario para ateos y/o agnósticos (no tengo muy claro aún donde debo ubicarme). Y entonces, después de conmoverme, no sin vergüenza, con el discurso llano, directo y hasta canchero, del papa Francisco a los argentinos que lo fueron a visitar a Brasil, digo:
Estoy hasta las manos con el Papa. Me puede. Comparto todas las cosas que dice, y el muy pillo, me convence. Ojo: que el tipo me pueda, no significa que me haya convertido . Simplemente me puede, me supera, me pasa por encima y me deja boleado cada vez que termina de hablar.
Me tocó en suerte, nacer y crecer en la manzana de la Iglesia de Lourdes. Me llevaba a las patadas con el Cura Dusso, que con algo de “afecto”, no dejaba pasar oportunidad en la calle para distinguirme del resto de mis amigos que, contrariamente a mí, habían sido pasados por la purificación de los Sacramentos. Yo era un “marginal” religioso. Lo que me valió el mote equivocado de “judío”, de parte de algunas chicas que entendían que los judíos eran tipos malos y que se dedicaban a estafar a la gente. Lo juro. Asi era mi barrio en los comienzos de los 70. Y eso decía de mí, la chica que más me gustaba, y que por culpa de esta cuestión, nunca me dio bola.
En la adolescencia la cosa se agudizó más. Llegaron los libros a mi mesa de luz. Mi viejo- de origen judío, pero de militancia ateo-marxista ( solo en teoría), me regaba la mesa de discusiones donde me iba quedando claro que era la Iglesia, que representaba y cuánto daño le había causado a la humanidad.
Y encima eran los 80. Y me tocó descubrir el horror de la complicidad de la iglesia argentina con el genocidio de la dictadura. Y leí sobre Pio XII y los nazis, y me informé sobre la muerte de Angelelli, la persecución a Osvaldo Catena, el asesinato de las Monjas Francesas, o la misma extraña muerte de Monseñor Zaspe o ser testigo de la angustia en el silencio insoportable que sufria el cura Trucco, cuando – ya siendo periodista- le preguntaba algo inconveniente
Yo viví en la Universidad la discusión por la ley de divorcio y yo los vi y los escuché diciendo que los que estábamos a favor de la ley que separaba a los hombres y las mujeres que ya no se amanban, nos íbamos a ir al infierno. Y la vi llorar a una muchacha que trabajaba en casa y que era madre soltera, cuando un cura impiadoso le dijo que su hija era la “hija del pecado”
Nunca escuché una homilía papal. Siempre que aparecían los Papas por TV, ( llevo cuatro papados a cuestas, o cinco si contamos al asesinado Juan Pablo I), cambiaba de canal . Nunca me detuve frente a la compleja construcción discursiva de un prelado. Nunca creí en la iglesia, o al menos nunca acepté a la Iglesia como un lugar donde, efectivamente, nadie puede lavar el alma. Nunca entendí a los curas. Ni entendía lo que decían, ni entendía porque se habían hecho curas. Llevaba un par de décadas de razones para entenderlo asi.
Y en el medio descubrí a los existencialistas, y un día me choqué con el “Evangelio según Jesucristo”, y no paré de devorarme cada página que escribió el ateo más claro del mundo que se llamó José Saramago…
Y encima, me tocó participar del “escándalo Storni”, y de la injustificada protección que la iglesia santafesina le dio hasta el último dia de su vida, sin que haya manifestado arrepentimiento alguno.
Y apoyé la ley de matrimonio igualitario. Y sigo apoyando el derecho de la mujer a disponer de su cuerpo, o para decirlo con mayor claridad, creo que las mujeres tienen derecho a abortar, en cualquiera que sea la circunstancia, más allá de las obvias que aún no han sido reguladas. Y para terminarla; en los días en que este Papa terminó siendo Papa, estaba terminando de leer los documentos del “Vatileaks”. Y las miserias puertas adentro del papado de Ratzinger.
Y entonces…¿ cómo puede ser que este tipo me haga caer lágrimas cuando habla frente a la multitud? ¿ cómo es posible que le crea, porque le creo, cuando nos dice “recen por mi”? ¿ cómo es que llego a conmoverme cuando les grita a los pibes “hagan lio en las parroquias, salgan de las iglesias y las escuelas, porque si no la iglesia es una ONG”?
¿ Por qué razón leo, escucho, veo, atentamente cada palabra que dice? ¿ cómo es posible que coincida tanto cuando habla de los pobres y de los valores que imperan en estos tiempos?
“Nos pasamos de rosca con la adoración al dinero”, dijo casi en tono arrabalero. ¡Y yo creo lo mismo! Ya también creo que esta civilización, la del dinero, va camino a estrellarnos.
“Basta de clericalismo”, dijo y miró a los obispos. “Salgan a la calle, que la iglesia salga a la calle”. Uf.
¿Qué cambió Bergoglio en la Iglesia, para que mujeres y hombres como yo, miremos con tanta atención lo que dice y lo que hace?
Por ahora nada importante. Aunque puso a las dos corporaciones internas del Vaticano contra la pared: a los denominados “homosexuales”, que no se llaman así por su elección sexual, sino por su protección a los miles de curas abusadores sexuales que han sido condenados en el mundo. Y también, a los administradores del “Banco Vaticano”. Aquellos que – siguiendo la tradición – han entendido a la Iglesia como un poder, que disfrazado de defensor de los débiles, ha escrito su historia abrazado a los poderosos.
Pero este señor me habla desde el llano. Desde el piso mismo, sin enroscarse en Meta mensajes. Es claro, y dice cosas que son compatibles con las convicciones de quienes queremos un mundo mejor.
La respuesta a mi pregunta , positiva o decepcionante la darán los años. Por ahora, me quedo con esta sensación: La humanidad estaban necesitando una figura que procure nuestro encuentro. Y este señor nos dice eso.
“No le pidan a la iglesia que defienda lo contrario a lo que dice su doctrina”. Dice el tipo. “Eso no significa que quienes no estén en la Iglesia, no tengan derecho a pensar diferente”
Eso es obvio. Se perfectamente que le puedo pedir y que no a la iglesia. Y me queda perfectamente claro que quien habla es un Papa. Y que los Papas representan a la Iglesia. Pero me alivia que desde el púlpito recibamos mensajes serenos, activos y propositivos. Finalmente se trata de un hombre. Y son los hombres, mas allá de sus atavíos y modos de pensamientos , los que han mejorado o empeorado a la humanidad.
Así que estoy, como tantos millones en el mundo, Em”papado”, y no dejan de hacerme un ruido fenomenal mis propias contradicciones.
Pero prefiero estas, y no las otras. La de los que se rasgan las vestiduras en los discursos libertarios, y no paran de dañar al semejante.
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