Embaucan a una mujer con un falso secuestro en San Lorenzo al 800
Le dijeron que tenían cautivo a su hijo y ella entregó 30 mil pesos, 9 mil dólares y alhajas. Pasó lo usual: su hijo estaba sano en su casa.
Una mujer que vive en pleno centro de Rosairo fue víctima en la madrugada de ayer de la maniobra de estafa conocida como secuestro virtual. Por medio de una cerrada conversación a un teléfono fijo y utilizando distintos artilugios los embaucadores pudieron sustraerle una suma estimada en 30 mil pesos, 9 mil dólares y joyas. Lo llamativo en este caso es que la víctima no dejó todo el botín que le exigieron en una sola acción, sino que con el correr de los minutos los delincuentes le fueron pidiendo por teléfono más dinero, que ella entregó en dos ocasiones.
La escena de los “secuestros” se hizo cotidiana en la ciudad en estas últimas semanas (ver metodología). A las cuatro de la madrugada del martes sonó el teléfono fijo en la casa de Emilia T. de 73 años. Al hablar, una voz masculina le dijo que tenía secuestrado a un pariente suyo muy cercano, la hizo escuchar una voz y fue llevando la charla hasta concluir que tenía dinero en su casa. “Fueron tanteando de cuanto dinero podía disponer la mujer, arriesgando una cifra y pidiendo más”, confió una fuente policial. No había ningún cautivo.
Dos viajes. Emilia vive en una séptimo piso de un antiguo edifico de San Lorenzo al 800. Cuando recibió el llamado estaba durmiendo, con lo cual la sorpresa fue mayúscula. En el primer tramo de la extorsión lograron que la vecina pusiera en un bolso 14 mil pesos, que debía dejar apoyado en una columna de San Lorenzo y Maipú. La mujer bajó, hizo los treinta metros que la separan de esa esquina, dejó el dinero y volvió al departamento.
Minutos después la anciana recibió otra llamada: le dijeron que era poco el dinero, que tenía más en su departamento. Ella revolvió su humilde casa, sacó sus ahorros y completamente obnubilada y atemorizada bajó nuevamente a la vereda. Para ese momento eran cerca de las cinco de la mañnana. Emilia volvió sobre sus pasos y entonces dejó un nuevo bolso con 16 mil pesoso, 9 mil dólares y algunas joyas.
Luego retornó a su piso y se comunicó con el familiar que, según le dijeron, estaba secuestrado. Su pariente estaba en perfectas condiciones y en su propia casa.
En un primer momento se dijo que Emilia había dejado los dos bolsos con el fuerte botín en un estacionamiento, luego se confirmó que el empaque fue puntualmente dejado en la esquina. A esa hora, entre las cuatro y las cinco, nadie pudo apreciar movimientos extraños. “No vi nada, ni autos, ni gente ni patrulleros”, sostuvo el conserje de un hotel que está en las cercanías en donde se consumó la estafa.Pasó lo que en la inmensa mayoría de estos casos. “A esta mujer la engañaron, poco a poco, la indujeron a que les dé a los supuestos captores la información que ellos precisaban: ¿Cuanto dinero tenía?, ¿Que familiar podía ser secuestrado?. Poco a poco la metieron en la red de un discurso muy armado”, sostuvo Mariel Arévalo, titular de la sección Seguridad Personal, que junto a la seccional 3ª investigan el hecho.
La policía trabaja junto con la fiscalía NN de Tribunales para investigar el tema. Parece claro que los pasos de esta mujer fueran monitoreados por alguna persona. “Es posible— dijo la oficial Arévalo— pero igual ellos van tanteando”.
Lo que llama la atención es que le plantearon que era poco dinero y le exigieron hasta lograr la cuantiosa cifra.
Minutos después, a las 5.30, le tocó el infausto turno a Julio R. de 76 años, que vive en calle San Luis al 900. A este hombre también le pidieron dinero pero aparentemente no cayó en la trampa. Cuando la policía acudió a su departamento el dueño dijo: “Todo fue una broma de mi hijo que vive en Tandil”.
Atención y consejos frente a ardides usuales
– No brindar ninguna información personal, de un familiar, de actividades que realicen o de los bienes que posean. Advertir de esto mismo a los niños en el caso que acostumbren a atender el teléfono para que no den esa información a desconocidos.
– Más allá de cualquier amenaza que se pueda recibir por teléfono, cortar inmediatamente la comunicación. Si es posible, tratar antes de anotar el número de teléfono desde el cual lo han llamado. Si no puede hacerlo o lo llaman desde un número desconocido, cortar de todos modos la comunicación telefónica.
– Tratar de ubicar a sus familiares o con otras personas que puedan a su vez ayudarlo a contactarse. Contactar inmediatamente a la policía a través del 911 o los números de la dependencia policial más cercana.
– Si hay un nuevo llamado pedir una prueba de vida, es decir, solicitar hablar con el familiar, o que lo describan físicamente, o que indique las prendas que viste. De esta manera se obtiene el tiempo necesario para chequear datos si se tratara de un hecho falso.
– Tener presente que los pagos requeridos a través de cargas de tarjetas telefónicas suelen ser el modus operandi de personas alojadas en institutos de detención.
Fuente: La Capital
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