EMERGE EL FANTASMA DE LA RENUNCIA DE JUAN PABLO II
Mientras un nuevo informe del Vaticano afirmó ayer que las condiciones de salud del Papa siguen mejorando, la posibilidad de una renuncia de Juan Pablo II volvió repentinamente a estar sobre el tapete al ser mencionada nada menos que por el número dos de la Santa Sede, el cardenal Angelo Sodano, en declaraciones que desataron una nueva tormenta mediática.
“¿La renuncia del Pontífice? Dejamos la decisión a la conciencia del Papa”, dijo el secretario de Estado durante la inauguración de una librería en el Vaticano, luego de que un periodista le preguntó cómo podía gobernar la Iglesia un papa que apenas puede hablar.
“Si hay alguien que sabe lo que hace, es él”, agregó Sodano, refiriéndose al anciano y enfermo Karol Wojtyla, que hace una semana fue internado de urgencia en el policlínico Gemelli por una peligrosa crisis respiratoria.
Entre los observadores, sin embargo, la sola mención por parte del poderoso cardenal Sodano de la palabra “renuncia”, prácticamente un tabú en el Vaticano, podría indicar que en los más altos niveles de la jerarquía eclesiástica la hipótesis es debatida.
Si bien anteayer, durante el Angelus, demostró una vez más una voluntad de hierro, al asomarse a la ventana del hospital para saludar a los fieles mostró un aspecto sufriente y demacrado y a la hora de la bendición casi no pudo pronunciar la breve fórmula en latín, que sólo balbuceó. Justamente esta imposibilidad de comunicar –que el anciano Papa tiene desde hace más de un año, debido al avance del mal de Parkinson- hizo regresar al tapete la hipótesis de una eventual dimisión.
Esta posibilidad, prevista en el Código de Derecho Canónico reformado por el mismo Juan Pablo II en 1983 (ver aparte), siempre y cuando resulte de un acto consciente y voluntario, fue mencionada en mayo de 2002 por dos prominentes cardenales, el alemán Joseph Ratzinger y el hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga (dos papabile), que provocaron así un gran revuelo en el Vaticano.
Entonces, mientras algunos afirmaban que el Papa polaco seguramente tenía el coraje suficiente como para tener un gesto tan extraordinario, otros subrayaban que el Santo Padre cargaría la cruz de su padecimiento físico hasta el final.
El infatigable Papa polaco, de hecho, en los últimos años manifestó más de una vez que iba a seguir al frente de la barca de Pedro “hasta que Dios quiera”, es decir, hasta la muerte.
Anteayer, en el Angelus pronunciado por su “número tres”, el arzobispo argentino Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, el Pontífice recordó que “también desde este hospital sigo sirviendo a la Iglesia y a la humanidad entera”.
Todo el mundo sabe, sin embargo, que en estos últimos años de final de pontificado, tan llenos de incertidumbre e inquietud, fue creciendo la convicción de que la imposibilidad de hablar podría resultar un factor determinante a la hora de decidir dar un paso al costado, porque “un sacerdote no puede ser mudo”, como opinó el cardenal argentino Jorge Mejía (ver aparte).
“El Señor sabe cómo el Papa guía a su Iglesia, no hay que preocuparse”, dijo el cardenal Sodano ayer, luego de admitir que una eventual renuncia del Papa sería una decisión que atañería solamente a su conciencia.
“Si hay un hombre en la Iglesia que es guiado por el Espíritu Santo, si hay un hombre que ama la Iglesia más que todos y tiene una sabiduría maravillosa, es justamente el Papa. El sabe qué es lo que tiene que hacer”, añadió el purpurado.
La utilidad de la vejez
El segundo hombre más poderoso del Vaticano contó además que, justo en estos días, volvió a leer la carta de San Juan Crisóstomo “que aludía, entre otras cosas, a la vejez” y subrayaba que “en la Iglesia, a diferencia de la sociedad, la vejez es muy útil”.
Sodano fue más allá. Y destacó los 26 años de “luminoso magisterio” de Juan Pablo II, al pedir que el mundo haga “votos para que siga por muchos años”. Y añadió: “Pío IX gobernó la Iglesia por 32 años y esperemos que Juan Pablo II supere esa meta”.
El pontificado de Juan Pablo II -el primer papa no italiano en 455 años- está considerado como el segundo más longevo de la historia, excluyendo al de San Pedro.
El debate sobre la sucesión ya está instalado desde hace algún tiempo. Por algo es que ayer, el día después de la dramática reaparición del Papa desde el día de su repentina y preocupante internación, los principales diarios italianos se preguntaban qué podría pasar “si Wojtyla no pudiese hablar más” (Il Messaggero), o “si esta nueva enfermedad hace correr el riesgo de que Juan Pablo II se quede mudo” (Corriere della Sera).
“Continúa la mejoría”
Más allá de la evidente preocupación, el Vaticano, que dijo que el Papa deberá quedarse en el Policlínico Gemelli al menos hasta el jueves, siguió con su optimismo oficial.
El parte médico difundido ayer por los voceros del hospital aseguró que “continúa la mejoría de las condiciones generales del Santo Padre, que ya no tiene fiebre, se alimenta regularmente y que transcurrió algunas horas sentado”.
“Por evidentes motivos de prudencia, se le aconsejó al Papa prolongar su permanencia en el policlínico todavía por algunos días”, añadió, precisando que el próximo parte médico será emitido recién pasado mañana al mediodía.
El vocero papal, Joaquín Navarro Valls, por su parte, contó que el Papa está de muy buen humor, al punto que, al parecer, “hojea los diarios para saber cómo evoluciona su enfermedad”; se trata de una broma que el Santo Padre hizo en otras oportunidades.
Mientras siguen llegando montañas de cartas y mensajes de buenos augurios desde todo el mundo, según Navarro Valls, “el Papa concelebra todos los días la santa misa en su habitación y del rito participa también el personal que lo está curando”.
Desbordado por regalos
ROMA (AP).- Las flores, cartas y otras expresiones de afecto que miles de fieles hicieron llegar en los últimos días al Policlínico Gemelli, de Roma, donde se encuentra internado Juan Pablo II, prácticamente colmaron ya la capacidad del hospital. Un arreglo floral de casi dos metros de alto, enviado por la embajada de Libia, sobresalía ayer entre los miles de regalos; era un enorme ramo de rosas amarillas y blancas, en alusión a los colores oficiales del Vaticano. A lo largo de más de dos décadas de papado, Juan Pablo II ha visitado 104 países en todo el globo, pero Libia es justamente uno de los pocos que no ha pisado.
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