EMOCIÓN Y COLOR EN EL GRAN FESTEJO DE MANU Y LOS SPURS.
Fue la fiesta que tanto esperó el pueblo de San Antonio. Sin salirse del libreto programado de antemano, el desfile triunfal de los campeones de la NBA se vivió con una ruidosa tranquilidad. Gritos y más gritos resonaron en el RiverWalk y en el estadio Alamodome, sin ningún incidente. Y allí, en el medio de la alegría, Emanuel Ginóbili y su emoción por ser parte de un momento histórico para esta ciudad y el deporte argentino.
Lo único que alteró la normalidad sucedió cuando un hombre se tiró al agua y quiso nadar hacia la lancha que llevaba a Tim Duncan y el técnico Gregg Popovich. Nada más. Aunque Manu fue el responsable de que la comunidad latina delirara al escucharlo hablar en español. El argentino generó que Lidia, una rubia anglosajona, entrada en kilos fuera al Alamodome con una pancarta que decía “Ginóbili, ¿Te casarías conmigo?”.
Los festejos tuvieron, sin duda, el sello estadounidense: todo tranquilo y en calma. También se podían ver los banderines, las camisetas de los Spurs y las clásicas pancartas. Pero todos productos del merchandising oficial, lejos de la originalidad argentina para inventar banderas graciosas o coloridas. El Municipio, para evitar problemas y darle al público la chance de estar al lado de sus ídolos, hizo hincapie en que las oficinas liberaran a sus empleados con anticipación. El calor no fue tan intenso, el sol ya se despedía…
Todo comenzó minutos después de las 18, en el Arneson River Theatre, punto de partida de la primera parte de la fiesta que se realizó en el RiverWalk, ese paseo turístico muy elegante que ofrece bares, restoranes y boliches a la vera de un canal especialmente construido para evitar las inundaciones de la ciudad. Por ese curso de agua pasaron en lanchas los jugadores de los Spurs y los primeros en aparecer fueron Malik Rose y Bruce Bowen.
Al rato se lo vio a Manu, vestido con la remera blanca de San Antonio y la gorrita negra de campeón, lo hizo acompañado por su novia Marianela (remerita ajustada beige, gorrito tejido y con la filmadora en mano guardando recuerdos), y su amigo Mariano Larrañaga, encargado de la página de Internet del jugador bahiense. El paso de Ginóbili fue muy saludado y hasta podría decirse que quedó solo un escalón por debajo de la ovación que recibió la lancha más esperada en la que estaban las Torres Duncan (con la copa) Robinson y el entrenador Popovich. Incluso se podían ver muchas remeras con una marca registrada: un triángulo invertido que decía “Ginóbili” y el número 20 en el pecho, y la palabra Fearless (“Sin temor”), en la espalda. Una de las fans que la portaba era Sandra, quien sobresalía del resto por llevar redoblante y maracas y que dijo “soy hincha de Manu porque es latino y hay que apoyarlo”. Otro hincha era John Meléndez (39 años), que comentó “a los Spurs tendrían que venir más argentinos porque juegan con el corazón en la mano”.
También pasaron las lanchas que trasladaban ex jugadores y técnicos, gente que trabaja en el club y hasta hinchas históricos. Estos últimos denominados los “Baseline Bums, cargaban los carteles que decían “Manu’s Maniacs y una canción que hicieron himno allí arriba del agua con el “Olé, olé, olé, Manu, Manu”. También se divertía en otra lancha Vincent Hearl Jr, un vendedor de entradas en la cancha de San Antonio, que llevaba en su mano la camiseta de Ginóbili (la de la Selección argentina) que compró via Internet por 75 dólares.
Claro que también había espectadores de lujo como los huéspedes de los hoteles ubicados al costado del trayecto, recorrido que terminó en el Augusta St. Bridge. Uno de los vestigios de la fiesta se vio en las aguas que quedaron un poco sucias con papeles, botellas y algunos carteles.
Pero la fiesta siguió en el Alamodome, donde los Spurs consiguieron el anillo del 99, año en el que aún se jugaba en ese estadio con capacidad para 50 mil personas. Ayer, 25 mil espectadores ingresaron gratis cuatro horas antes y podían ver todo en pantallas gigantes. Allí estaba Manu, viviendo el cierre de una temporada inolvidable y dio su pequeño discurso en inglés y luego en español “fue una temporada increíble. Me recibieron con todo amor y me sentí como en casa. Gracias, los amaré por siempre”. Como la gente se vino abajo con una ovación, él hizo una reverencia. Y fue el intercambio final de mutuos afectos.
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