EMOCIONADO ADIÓS A JORGE GÖTTLING, UN MAESTRO DEL PERIODISMO ARGENTINO
Estuvieron todos. O casi. Entre la noche del sábado y el mediodía de ayer, parientes, amigos, colegas y personalidades del tango —y no pocos fieles lectores de sus columnas en Clarín—, se encontraron primero en la sala donde velaban los restos de “El Alemán” Jorge Göttling y luego en el cementerio de la Chacarita, donde no faltó un bandoneón para darle el adiós.
Los seguidores de su pluma brillante, que abarcó todos los géneros periodísticos, desde la crónica costumbrista hasta el reportaje, pasaron a despedirse durante la noche. También las “Cartas al país” (Página 18) daban testimonio de su admiración por este hombre que además de la pasión por su oficio, por su familia y por Buenos Aires, tenía un entrañable amor por el tango y sus personajes. Ayer, la cochería de la calle Forest al novecientos amaneció empapelada de mensajes de cariño y de despedida.
A las 8 de la mañana la entrada a la casa velatoria ya estaba repleta de gente. Y a las 11, en Chacarita, se sumaron más parientes y amigos.
Eran las 11.15 cuando el cuerpo llegó a la capilla del cementerio, donde se rezó por su alma.
Estaban tangueros de la milonga La Viruta, directivos de la Academia del lunfardo y de la Academia del tango. También, todos los taxistas que paran en la puerta de Clarín.
No hubo discursos. El bandoneón interpretó, de la mano del maestro Carlos Galván, “Gallo Ciego”, el tango preferido de “el Alemán”. Galván , con un balde de cal, improvisó un banco para apoyar su pierna y enarbolar el bandoneón.
Hubo aplausos.
Los amigos de la infancia de Göttling, los que cargaron el cajón, fueron los primeros en arrojar un puñado de tierra sobre el féretro.
Ellos sabían bien de su amor por San Lorenzo de Almagro y de los avatares de su historia, que siguió de cerca durante muchos años como director de la revista deportiva “El Ciclón”. Göttling, además, había prestigiado a la redacción del viejo diario “El Mundo”, antes de desembarcar en Clarín.
Quizás su trayectoria en Clarín haya sido paralela a sus mayores logros: miembro de la Academia Nacional del tango —de la que fue fundador—, docente, escritor (es autor de los libros “Tango, melancólico testigo”, “Radiografía de Carlos Gardel” y “Los temas del tango”).
El maestro Leopoldo Federico, quien por razones de salud no puedo estar presente, dijo que el tango “Gallo Ciego”, de Agustín Bardi, quedó en muy buenas manos (por Galván).
“En mi repertorio —evocó— era una obligación tocar ese tema porque a ‘el Alemán’ le fascinaba el arreglo que yo hacía con mi orquesta. Y sólo cuando Jorge faltaba a un concierto me podía dar el lujo de no tocarlo”.
María Teresa, su mujer, recibía junto a su hijo Juan un beso de todos. “El dolor es profundo —dijo—, porque era un gran hombre. Y eso se vio hoy, por la cantidad de personas que se acercaron a despedirlo”
Y agregó: “Lamento que no hayamos podido darnos nuestra última luna de miel, como decía él. Después de 25 años de casados, queríamos irnos a Brasil, a Puerto Seguro. Un lugar que le encantaba”.
Uno de los últimos grandes viajes de la pareja fue a España, cuando Göttling fue a recibir el premio Don Quijote/Rey de España, otorgado en 2004 por la calidad literaria de sus escritos, un galardón de “El Alemán” consideraba como una culminación de su carrera.
El sábado, poco después de conocerse la noticia de su muerte, Alex Grijelmo, director de la agencia de noticias española EFE, recordó la emoción de aquel día y las palabras de Göttling sobre su amor por el idioma español, una lengua a la cual pocos honraron como él.
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