EMOTIVA INSPECCIÓN EN CROMAÑÓN
Primero fue el turno de la fría inspección judicial. Pero después, cuando entraron los familiares, el dolor y la emoción se adueñaron de un lugar que se convirtió en sinónimo de tragedia. Sucedió durante la recorrida ocular que se realizó dentro del boliche de Once que hace cuatro meses llevó a la muerte a 193 personas.
“Vine a ver el lugar donde mi hijo empezó a morir”, dijo el abogado José Iglesias, padre de una de las víctimas. “Dios nos dio un arma, que es la Justicia”, indicó tras cuestionar el papel de los Bomberos en la habilitación del local.
“Sólo viendo las cosas se puede uno dar cuenta de lo que fue esa noche”, dijo impactada la legisladora Fernanda Ferrero, de Recrear. “Hay un agujero hecho en la pared por la desesperación de los jóvenes. La primera sensación es de un dolor inmenso, la segunda es de una bronca muy grande y creo que es imperdonable lo que aquí han hecho”, completó.
La puerta del boliche era escenario de la emoción de muchos de los participantes de la recorrida. “Que por favor el Presidente haga algo y que todos los que tengan que pagar acá, paguen”, suplicó la madre de una de las víctimas. “Acá lo único que les importaba a Chabán y los otros corruptos era sacar plata”, afirmó con dolor.
La recorrida por lo que fue el boliche dejó otros datos que no aumentan la indignación por lo que pasó. Según deslizaron algunos legisladores, los planos que había presentado el local no coincidirían con lo visto en la inspección.
“Cromañón nunca debió estar habilitado. Desde 1997, los planos estaban fuera de la ley, y esto hay que demostrarlo”, aseguró el kirchnerista Milcíades Peña, quien perdió un ahijado en la tragedia. “Hay una sucesión de hechos irregulares y connivencia de tantos funcionarios que hay que encontrar la punta de ese ovillo”, acusó.
Durante la mañana había sido el turno de los funcionarios judiciales. Sorpresivamente, se sumaron a la recorrida los los integrantes de la Sala Quinta de la Cámara del Crimen, Gustavo Bruzzone, María Laura Garrigós de Rébori y Rodolfo Pocielo Argerich.
Durante una hora y media, los camaristas recorrieron el boliche, ya despojado de la trágica postal de agua y zapatillas tiradas por el piso que se conoció poco después de la tragedia.
Pasadas las 10 llegó el juez Marcelo Lucini. Separados por una reja, familiares y amigos de las víctimas siguieron atentamente los movimientos a la espera de que llegara su turno.
“Es una medida complementaria, no sustancial, pero se justifica plenamente porque los querellantes, incluso los defensores en la causa, tienen derecho a estar en el lugar y tomar contacto directo con él”, afirmó a la salida el abogado Fabián Bergenfeld, representante de algunas de las víctimas.
Sin embargo, fuentes de la investigación le dijeron a la agencia DyN que la inspección ocular “fue importante para terminar de definir el cuadro sobre lo que pasó dentro del boliche”.
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