EMPALME GRANEROS CONMEMORÓ LOS 20 AÑOS DE LA GRAN INUNDACIÓN
“El agua entró a las seis de la mañana, tenía cinco hijos y un nietito de meses que lo sacaron en bote”, recordó Sara Godoy, 78 años, portando con orgullo la bandera de Numaín (Nunca Más Inundaciones). A 20 años de que el arroyo Ludueña desbordara haciendo estragos en Empalme Graneros, los vecinos se concentraron ayer para recordar la última gran inundación y homenajear a todos los que codo a codo lucharon durante años para que se concretaran las obras de contención. En abril de 1986 más de 20 mil personas debieron soportar la violencia del agua que en muchos casos superó los dos metros dentro de los hogares.
La cita fue ayer frente a la vecinal de Empalme Graneros para recordar la última gran inundación. Luego descubrieron una placa en pleno centro comercial y más tarde adultos mayores, jóvenes y niños caminaron hasta el Club La Gloria, Juan José Paso al 2700, para participar de un acto lleno de orgullo y emoción.
A un costado del salón se montó una exposición con recortes periodísticos, afiches y carteles que daban muestra de las ingentes gestiones y movilizaciones para lograr, nueve años después de aquella crecida de 1986, que el arroyo Ludueña no volviera a desbordarse. También hubo un video didáctico en el que se mostró la tragedia, la solidaridad y la firme convicción de que “unidos” se pueden lograr cosas.
“Ahora dormimos tranquilos”
“Yo viví todas las inundaciones, desde el 80 hasta la del 86, y ahí dijimos basta. Pero no fue fácil, tuvimos escollos y problemas, pero al final lo logramos. Ahora, aunque llueva podemos dormir tranquilos”, aseveró Ada Arcolesse, portando la bandera argentina.
La comisión directiva en pleno de Numaín recibió al intendente Miguel Lifschitz, el ex intendente Héctor Cavallero, concejales y diputados.
Los recuerdos de los vecinos se escuchaban en voz baja mientras el presidente de Numaín, Leonildo Foresto, tuvo palabras de agradecimiento para los miembros de la entidad que ya no están. Los nombres de cada uno fueron ovacionados y luego un emotivo minuto de silencio coronó el acto.
Los vecinos, padres e hijos, abuelas y nietos participaron del encuentro con una convicción: la unidad puede más que cualquier obstáculo. Fue el padre Enzo quien lo expresó: “Este logro no fue de ningún partido político, tampoco de ninguna religión, fue de los vecinos y muestra que cuando las diferencias se dejan de lado y hay una comunidad unida, las cosas se pueden hacer”.
Claro que desde la vecinal ya advirtieron que si bien el Ludueña está controlado, hay otras carencias y otros problemas aún por solucionar. A saber: asfalto, agua potable y cloacas, entre las más urgentes.
El propio Lifschitz admitió que toda la zona ha crecido y que se “necesitan obras de infraestructura” de importancia como desagües y cloacas. “Eso es lo prioritario, porque después de esos trabajos se puede pensar en hacer el asfalto con los cordones y terminar con las zanjas”, advirtió el intendente. En ese marco, resaltó que “este es un barrio aguerrido y seguramente conseguirá las obras que necesita”.
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