EMPIEZA LA ILUSIÓN DE LOS OCTAVOS: ARGENTINA-SERBIA Y MONTENEGRO, A PARTIR DE LAS 10
Hay cuestiones prioritarias para la misión argentina de hoy en el maravilloso Arena AufSchalke de Gelsenkirchen, un estadio que, según palabras del mismísimo Joseph Blatter, “es algo nunca visto”. La primera pasa por la necesidad de atrapar el segundo triunfo de la Copa del Mundo, lo que significará estar adentro de los octavos de final. La segunda tiene que ver con mejorar el funcionamiento —colectivo e individual— para evitar los sufrimientos del debut. La tercera supone una ventaja previa, ideal para ser capitalizada en toda su amplitud: Serbia y Montenegro, el rival, está inmerso en una insondable crisis de diferencias ideológicas —futbolísticamente hablando, se entiende— entre el entrenador y algunos jugadores, y encima arrastra serios contratiempos por las lesiones. Lo cierto es que Argentina tiene todas las cartas en la mano. Si sabe jugarlas, si apuesta a ganador decididamente, el viernes puede terminar envuelto en felicidades inmensas.
Cuando la Selección pise el césped de Gelsenkirchen mostrará una sola variante con relación al equipo que venció a Costa de Marfil (2-1) en el estreno: Luis González será titular y Esteban Cambiasso ocupará un lugar entre los suplentes. La movida de Pekerman le cambiará el andarivel a Maxi Rodríguez, quien transitará por el corredor izquierdo (no habrá doble 5, el que protagonizan Mascherano y Cambiasso), mientras que Lucho recorrerá su sector preferido: el derecho. En los papeles, Argentina tendrá mayor concurrencia al área adversaria: Rodríguez llega vacío para rematar o para participar en las maniobras de ataque mucho más que Cambiasso. ¿La desventaja? Mascherano estará más solo en su lucha en el medio sector, aunque si Maxi y Lucho se desdoblan en su función de ir y volver (el jugador del Atlético de Madrid lo hace de memoria), la supuesta dificultad se podrá salvar convenientemente.
Contra los marfileños, Argentina no jugó bien y gran parte de sus inconvenientes se centraron en la falta de determinación para exigir el acelerador en los instantes esenciales. Si hubiese apelado a una audacia superior, por ejemplo para liquidar el partido cuando Costa de Marfil estaba jugado, no hubiera padecido los dolores de cabeza del final. Hoy, la resolución firme será clave para quebrar lo más sólido que tiene Serbia y Montenegro: su defensa, a la cual —se recuerda por enésima vez— le convirtieron apenas un gol en los diez encuentros de Eliminatorias. Es verdad: con Holanda pagó por marcar en línea y le costó la derrota. Pero, luego, la selección naranja la inquietó poco y nada.
Pekerman confirmó a la dupla de fuego integrada por Saviola y Crespo, autor de un gol cada uno ante los africanos. Es decir: los goleadores cumplieron con su cuota. Saviola, además, fue el mejor compinche de Riquelme: siempre se buscaron y casi siempre se entendieron. Crespo, se sabe, muchas veces queda a contramano del resto: todavía no logran entenderlo a la perfección. Román, por último, debe volver a su real función de conductor, de estratega. El sábado se recostó demasiado sobre la izquierda, corrió mucho, se sacrificó más de lo habitual, anduvo revoloteando por el área enemiga, pero pensó menos. Y si Riquelme no piensa, todo el equipo lo siente. Cuando pensó, cuando ejecutó a pleno su velocidad mental, cuando apeló a la justeza de su pegada, Argentina marcó la diferencia precisa.
Serbia y Montenegro, de la mano de su discutido entrenador, Ilija Petkovic, promete la vocación ofensiva que no tuvo frente a Holanda. Sus dirigidos se lo reclamaron —dos de los referentes, Kezman y Milosevic, fueron reemplazados, salieron con toda la bronca, y después le pasaron la factura al DT— y él aceptó el reto, a pesar de que no confirmó la alineación y de que el propio Kezman, el goleador, esté en la mira de Petkovic (podría actuar Ljuboja). Sin talento para regalar, con más sacrificio que vuelo, habrá que ver si Serbia y Montenegro puede alejar los nubarrones que pueblan su cielo.
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