EN ALEMANIA, EL PAPA DENUNCIA QUE OCCIDENTE SE VOLVIÓ "SORDO A DIOS"
El Papa volvió a atacar duramente al hombre y la sociedad occidentales “sordos a Dios”, deplorando un mundo dominado por el “cinismo” y el insulto a lo sagrado, en su sermón de ayer ante 250 mil fieles reunidos en el gran espacio verde de la Nueva Feria en los alrededores de Munich.
La crítica al laicismo y la indiferencia religiosa de las sociedades secularizadas de Occidente es uno de los temas favoritos del Papa, quien el sábado llegó aquí en una gira de seis días a su patria chica de Baviera, que incluirán visitas sentimentales a los lugares de su infancia y adolescencia, de su formación espiritual y del escenario de la Segunda Guerra Mundial, en la que a los 16 años fue incorporado al Ejército de la Alemania nazi como soldado de una batería antiaérea.
Benedicto XVI, que fue cardenal arzobispo de Munich entre 1977 y 1981, cuando Juan Pablo II lo llamó a Roma como su más importante colaborador durante 23 años como guardián de la ortodoxia doctrinaria e inquisidor de las indisciplinas, dijo que el hombre occidental ya no escucha a Dios “porque las frecuencias que llenan nuestros oídos son demasiado numerosas y lo que se dice Dios ya no nos parece adaptado a nuestro tiempo”.
Benedicto XVI atacó el relativismo, la indiferencia de un mundo occidental que ha quitado a Dios del centro de su vida y la secularización laicista dominante en Occidente. Según el Papa, sin los valores de la fe católica “surgen muy pronto los mecanismos de la violencia y la capacidad de destruir”. Siempre en la línea de ataque a las sociedades occidentales, el Papa dijo que el mundo necesita a Dios y que “su venganza llegará”.
Esa venganza “es la cruz, el no a la violencia y el amor hasta el fin. Ese el el Dios del que tenemos necesidad”, afirmó el Papa.
La multitud lo aclamó continuamente al grito, en italiano, de “¡Benedetto! Benedetto!”. Se veían muchas banderas vaticanas y de la región de Baviera. También había banderitas alemanas, como la que tenía en una mano Analía Gumich, 53, que en la otra hacía flamear una de la Argentina. Cordobesa, hija de alemanes emigrados a nuestro país y vueltos hace treinta años a tierra germana, Gumich dijo a Clarín que había llegado con sus familiares “a rezar junto a nuestro Papa. Y agrego también algunas plegarias personales para nuestro pueblo argentino”.
El único imprevisto que se vivió durante la multitudinaria ceremonia religiosa fue la imposibilidad de abrir un candado del lugar donde se custodiaban 150 mil hostias para ser distribuidas por cientos de sacerdotes en la comunión. La situación comenzó a hacerse “catastrófica”, según uno de los religiosos presentes y se decidió llamar a los bomberos que llegaron con grandes tenazas, pero casi milagrosamente se hizo una ultima prueba y el candado se abrió. Los fieles ni se dieron cuenta de lo que estaba pasando.
Por la tarde el Papa presidió la celebración de las vísperas en la catedral de Munich. En su homilía pidió a los padres que “ayuden a sus hijos a creer” y los lleven a misa los domingos “para participar de la eucaristía”.
Ante 2.500 invitados, entre ellos 400 niños, reclamó también la enseñanza religiosa en las escuelas y pidió que las familias “recen juntas en las comidas y antes de ir a dormir”.
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