EN ALGUNOS BARRIOS BRINDAR SERVICIOS ES TAREA INSALUBRE
Empresas de servicios que recurren a custodia privada o adicionales de la policía, y trabajadores que directamente optan por no ingresar, aún antes de que oscurezca, a las zonas más conflictivas de la ciudad, forman parte del panorama que se vive en las calles santafesinas de un amplísimo sector del oeste.
El cobro de peaje para entrar a algunos barrios ya forma parte del folclore urbano, pero no es garantía de inmunidad: las agresiones y robos se suceden igual, aún después de haber pagado el peso exigido. Los ataques personales, amenazas y sustracción de elementos de trabajo -desde bicicletas hasta cables y herramientas-, siempre a punta de pistola, son habituales.
Un operario fue asesinado en Buenos Aires mientras se desempeñaba para una compañía eléctrica de aquella provincia; en los últimos días otros trabajadores del servicio fueron agredidos.
En nuestra ciudad, hace escasas semanas ultimaron a un policía mientras custodiaba a un repartidor en barrio Cabal. Hace menos de un año fue un distribuidor la víctima de un crimen alevoso.
Un relevamiento realizado por este diario da cuenta de una preocupación compartida entre empresas de servicios básicos (luz, agua potable y telefonía), y firmas encargadas de distribuir mercadería y correspondencia, a los que se suman los servicios de salud públicos y privados, que registran desde asaltos al personal médico hasta saqueo de las unidades de emergencia.
Las empresas han desarrollado sus propias estrategias para evitar que el personal corra riesgos: hay servicios que ya no se prestan en la denominada zona roja, otros que suponen la contratación permanente de seguridad adicional, otros más que se programan para ser cumplidos estrictamente con la luz del día y, para cualquier excepción o imprevisto, se recurre al acompañamiento policial.
El perjuicio es también para los vecinos que habitan esa amplia zona y terminan siendo rehenes del delito.
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