EN BARRIO ARENALES TEMEN POR LA PRECARIEDAD DE LAS CASAS
Hace seis meses, el agua invasora del Salado emprendía la retirada de los barrios del suroeste de la ciudad. Permaneció casi inmóvil durante más de 15 días, destruyendo viviendas y todo lo que en ellas guardaban, desmejorando aún más el paisaje urbano de los barrios más postergados y hundiendo en la amargura y la desesperación a los vecinos que, estoicamente, soportaron la agonía de ver a sus pertenencias embarradas, empapadas, inutilizadas o, directamente, desaparecidas.
Barrio Arenales, como todo el cordón oeste de la ciudad, todavía no puede ponerse de pie. Las mejoras urbanas no llegaron. Los subsidios recibidos no fueron suficientes para reparar tantas pérdidas. La estabilidad de las unidades habitacionales -muchas de origen precario pero acogedoras- quedó muy resentida. Y los vecinos, siguen pidiendo auxilio.
Un par de meses después de la tragedia, el Colegio Profesional de Agrimensura, el de Arquitectos y el de Ingeniería Civil realizaron un relevamiento de las mismas y declararon a muchas como de “alto riesgo”. Idéntica calificación les dio la organización internacional Médicos del Mundo.
Con los certificados en mano, los vecinos aseguran que las fuertes ráfagas de viento que se registraron en las últimas semanas pusieron en peligro las viviendas.
“La tormenta del otro día voló una chapa del techo y si no me pongo yo enfrente, le da al nene que estaba durmiendo”, se oyó comentar a una mujer angustiada, mientras un joven padre de siete niños invitó a pasar a su casa y señaló las grietas con las que conviven. Otros tuvieron menos suerte: sólo pueden mostrar los escombros desparramados en el terreno que alguna vez los cobijó.
TRÁMITES EN VANO
En la Secretaría de Promoción Comunitaria de la Municipalidad les dijeron que presentaran una nota solicitando los materiales que necesitan para reconstruir las casas dañadas. Algunos tienen el sello de “Recibido” en el mes de julio, pero hasta ahora no les dieron ni un ladrillo. Y aunque esperan, desesperan, porque están cansados de tanta burocracia que va en desmedro de una mejor calidad de vida.
“Queremos saber qué va a pasar con nosotros. Los políticos dicen muchas cosas pero hacen poco”, es la queja recurrente, agravada ahora por el inminente cambio de manos del gobierno provincial y municipal.
Todos coinciden en que en el barrio “hay bronca generalizada y una gran depresión”. No es para menos: el Salado y el desamparo en que los sumió quienes tienen la obligación de comandar este naufragio los dejó con “muchas preguntas sin respuestas y un futuro muy incierto”.
Peor que antes
Los vecinos enumeraron una serie de problemas que ya padecían antes de la inundación:
Hace unos días empezó a entrar hasta Juan D. de Solís la única línea de colectivo que pasa cerca, pero desde Arenales tienen que caminar más de 10 cuadras.
No cuentan con vigilancia policial de día ni de noche.
No hay iluminación en la zona.
Hay inseguridad: “El otro día, a mi hijo le pasó una bala por al lado”, aseguró una vecina.
No hay mejorado en algunas calles.
Pérdidas infantiles
Dejando de lado el dolor propio, los grandes aseguran que la inundación marcó para siempre a los niños que se inundaron. “Quedaron muy afectados porque perdieron mucho. Ellos tenían sus cositas, por pocas que fueran: un muñequito, una foto, su ropa, sus mascotas. Perdieron lo que más querían”. Algunos están siendo asistidos con tratamiento psicológico, al igual que sus padres, porque todavía no pueden superar los momentos dramáticos que vivieron y la sensación de despojo que los embargó cuando volvieron a sus casas, después de residir en un centro de evacuados.
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