EN BUENOS AIRES CADA VEZ HAY MÁS CHICOS QUE DELINQUEN
Así lo afirmó el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, León Arslanian, en una entrevista con LA NACIÓN. Sostuvo también que en el año y ocho meses que lleva en el cargo no ha debido enfrentar fuertes resistencias en discursos de “mano dura”, como aquellos que, encarnados en el entonces candidato a gobernador provincial Carlos Ruckauf, lo llevaron a renunciar, en septiembre de 1999. Y que los índices delictivos han bajado en casi todos los rubros gracias a un importante trabajo de profesionalización de la policía.
En cambio, admitió que ciertas tendencias delictivas, como la ola de asaltos a personas mayores, lo obligan a diseñar nuevas estrategias de lucha contra el delito y que, pese a los grandes cambios de organización en la fuerza de seguridad a su cargo, la gente todavía no confía en la policía.
Pero adelantó que en 2007 entrará en vigor un sistema (ya había sido anunciado) que podría comenzar a dar vuelta esa desconfianza. Será cuando la gente pueda elegir con su voto al jefe de policía de su comuna.
Arslanian enfatizó que las modificaciones que realizó en la policía en su gestión los llevó a obtener una notable mejora en la prevención y en el esclarecimiento de delitos. El control informatizado de la operatividad también nos permitió echar a los policías ineficientes y premiar a los que hacen bien su trabajo.
-Pero pese a todo, la gente sigue sin confiar en la policía…
-Yo no voy a discutir eso; sólo puedo decir lo que yo advierto y lo que me dicen en los foros de seguridad. Y de eso puedo sostener que hay cambios de actitud, aumento en la eficacia, buena disposición a recibir directivas y un compromiso mayor con el trabajo policial y con la comunidad para la que sirven.
-¿A cuántos policías debió echar en lo que va de su gestión?
-Entre los que fueron declarados prescindibles por la ley de emergencia policial, más los que debieron irse por disposición de Asuntos Internos, 2400. En esta gestión Asuntos Internos ya sacó al triple de policías que lo que había hecho entre 1999 y 2004. Impusimos un doble control: desde el ministerio, con un área de Asuntos Internos totalmente integrada por civiles, y en el terreno mismo, a través de una unidad especial de control operativo integrada por oficiales retirados de la Gendarmería y la Prefectura, de forma de que no haya policías que investiguen a policías. Por supuesto que está también el control social, a través de los foros, que opinan sobre la seguridad y sobre las mismísimas promociones de los oficiales.
-¿La injerencia se reduce a los foros o los intendentes podrán manejar la seguridad?
-En mi gestión ya no se da aquello de que los intendentes “pedían” que les pusieran a tal o cual al frente de una comisaría, y erradicamos totalmente eso de que se “vendían” las seccionales. Eso no ocurre más. Lo que sí hicimos fue darles a los jefes de las comunas de hasta 70.000 habitantes el control administrativo de los gastos. Nosotros les damos las partidas de combustible y mantenimiento de vehículos y ellos las ejecutan, de modo que, por ejemplo, pueden influir en los recorridos de los patrulleros por las cuadrículas.
-¿El futuro en materia de paradigma policial y de seguridad?
-Debe ser una policía de alta profesionalidad, con academia y entrenamiento continuos, de gran inserción en la comunidad (lo que se llama “policía de proximidad”) y con control social efectivo. Una policía que recupere la estima social y que respete a rajatabla la ley y los derechos humanos.
-¿Qué lo llevó a aceptar hacerse cargo nuevamente de la seguridad provincial?
-Hubo una fuerte insistencia para que regresara, y yo me sentía capaz de revertir la crítica situación en la que se encontraba la provincia. Era una forma de retomar una reforma que había quedado trunca por una propuesta irracional [la de Ruckauf] que no hizo más que agravar la situación. Pero fue esencial el apoyo del presidente Néstor Kirchner para que estuvieran dadas las condiciones políticas para que asumiera.
-¿Se repitieron las diferencias que había tenido en su primera gestión con los intendentes?
-En la primera gestión, hubo resistencia de ciertos sectores políticos. Sobre todo, de algunos intendentes que pretendían “manejar” o tener injerencia respecto de los nombramientos de comisarios o que se oponían a la participación ciudadana en el control social de la seguridad a través de los foros. Eso ahora no sucede.
-¿Con qué policía se encontró en su segunda gestión?
-Con una fuerza desmotivada y desprofesionalizada, sin mística y con una mala relación con la sociedad, con fuertes sospechas de casos de abuso policial, corrupción y connivencia con delincuentes. El retroceso en la descentralización que proponía mi reforma había propiciado el retorno del modelo de funcionamiento de la “maldita policía”, con una concentración de poder en la cúpula, con un verticalismo a lo modelo prusiano, sin poder de mando en cada jurisdicción y sin control político.
-¿Y qué hizo, entonces?
-Recuperamos para el gobierno político la conducción estratégica de la fuerza. Establecimos nuevos modelos de funcionamiento y despliegue, con una conducción muy profesional. Y reanudamos el programa de descentralización: las departamentales; las policías distritales, que controlan las comisarías de un partido, y las comunales (para municipios de menos de 70.000 habitantes).
También tuvimos que iniciar un gran proceso de cambio de la cultura institucional. Establecimos una carrera policial, con especialidades; descentralizamos las academias de policía para que haya una capacitación y reentrenamiento continuos; “repatriamos” a los efectivos que estaban desperdigados por toda la provincia para que presten servicio allí donde viven ellos y su familia, y derogamos los dos escalafones, de forma que cualquier oficial pueda llegar al máximo grado policial.
-¿Cuál fue el resultado?
-Logramos imprimir una fuerte motivación en los policías. Incorporamos también tecnología que nos permite responder en un segundo los llamados de la gente (el número de teléfono 911), saber al instante dónde ocurren los delitos y enviar en minutos allí a las patrullas. Contamos con mapas informatizados que nos permiten ubicar dónde ocurren los delitos y dónde está cada patrullero. Podemos cruzar información, tener estadísticas confiables y hacer con los datos disponibles inteligencia en lo criminal para combatir los delitos complejos.
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