En busca del tiempo perdido
Desde la irrupción del CD, hace alrededor de 15 años, el pasaje del vinilo a sistema digital fue por lo menos caótico. Nuevos criterios del arte de tapa, la profileración de bonus tracks para completar los casi 80 minutos de música que permite el formato compacto y el entramado de derechos de los diferentes sellos multinacionales —que dieron luz a extrañísimos compilados— hicieron que los discos reconvertidos se alejaran de la concepción artística original.Sony acaba de lanzar la segunda parte de una colección cuyo mayor hallazgo es la ausencia de agregados. En una concesión al historicismo más que a la mera nostalgia, la serie respeta a rajatabla las ediciones originales e, incluso, juega con la ilusión de volver a poseer los viejos discos de 33: los disquitos compactos tienen la apariencia del vinilo. La colección se hace fuerte en el material de la década del 70. Así se pueden disfrutar discos clave, como el álbum Pescado 2 (1973), de Pescado Rabioso, con una reproducción del incunable librito interno de letras y viñetas. Los esenciales de Aquelarre, Brumas (1974) y Siesta (1975), y su cantidad de joyas olvidadas por La Mega: Silencio marginal, Aves rapaces, Pájaro de la locura, Canto cetrino, Savia de los aromos. Y los increíbles de Color Humano y aquellos clásicos lisérgicos: Larga vida al sol, Mañana por la noche y Cosas rústicas.Estas tres bandas —la soberbia diáspora de Almendra— son las que definen el sonido del rock progresivo de la primera mitad de la década. Sobre todo Pescado Rabioso, del que también se incluyen Desatormentándonos (1972) y Artaud (1973). También figura la obra conceptual anticlerical de Raúl Porchetto (Cristo Rock), todo Sui Generis e Invisible, y los pioneros de Manal, Tanguito y Moris (Treinta minutos de vida, de 1970). Por ahí anda Vox Dei y Caliente (1970), con los hiperclásicos Presente y Canción para una mujer (que no está). El arte de las tapas más psicodélicas o barrocas está dominado por la destreza plástica de Juan Orestes Gatti.Este envío completa uno anterior, que incluía los dos de La Máquina de Hacer Pájaros, todo Sumo y buena parte de Charly García solista, Soda Stereo y Virus. Y el disco debut de Divididos y el más inequívocamente influido por Sumo, 40 dibujos ahí en el piso (1989). También hay cositas poco conocidas de los Fabulosos Cadillacs, álbumes renegados por los propios Cadillacs, como Volumen 5 (¿se acuerdan de la insondable versión de Miss You de los Rolling Stones?) y Sopa de caracol (¿se acuerdan de Wilkins?). La colección también trae quizás el mejor disco de la banda: El león (1992).Además de beneficiar a quienes tienen el oído acostumbrado a escuchar una obra completa de 40 o 45 minutos, esta decisión de reeditar los discos tal cual lo imaginó la banda o el solista de cada caso redunda en el bolsillo: cada disquito cuesta 13 pesos.Dado al éxito que tuvo el primer lanzamiento, Sony planea continuar con el plumero y desempolvar otras perlas de su generoso catálogo. Más allá de lo estrictamente musical la serie cumple una función, si se quiere, didáctica. Fue tanta la mezcolanza que ocurrió en la última década —de Tango Feroz a La Mega, de los "coleccionables de revistas de actualidad" a la publicidad de cerveza—, que esta edición pone un poco las cosas en su lugar. Los formatos, la extensión de una obra original y el arte de tapa son elementos decisivos para un mensaje artístico tan definido como el que tuvo el rock argentino durante buena parte de su formidable historia.
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