EN CASA, BANFIELD SE SIENTE CÓMODO
Julio Falcioni viene pregonando que su idea es mezclarse entre los equipos de arriba, y ayer dio un nuevo paso y ratificó que es posible. De paso quedó olvidada la decepción del domingo pasado en Bahía Blanca.
Ya en un primer tiempo, deslucido y descolorido, Banfield insinuó más que Talleres. En ese período, la pelota transcurrió más tiempo por el aire, que a ras del piso. Prevalecieron el quite, la lucha y la marca y estuvieron ausentes la claridad y la técnica.
A pesar que las situaciones ofensivas asomaban como una rareza, Banfield dispuso de dos situaciones sumamente favorables. La primera, un zurdazo de Omar Pérez, tras un centro de Pablo Fernández, fue muy bien resuelta por Marcos Gutiérrez. Pero la segunda, a los 40 minutos, desembocó en el primer grito de festejo de la noche para Banfield. Adrián González ejecutó un tiro de esquina, desde la derecha, Fernando Ortíz se anticipó a una anestesiada defensa cordobesa y de cabeza marcó la primera ventaja.
Apenas arrancó el segundo tiempo, con el cronómetro andando por los veinticinco segundos, volvió a equivocarse mal la defensa de Talleres. Maidana, de espaldas al arco, quiso jugar con Gutiérrez, pero se quedó corto y lo aprovechó Cervera, atento y rápido, para robar la pelota y establecer el 2 a 0.
Esta etapa final experimentó una mejoría. No tanto en el tratamiento de la pelota, aunque sí en emotividad y ritmo.
Talleres no tenía poder de reacción. Sólo el empuje de Maximiliano Salas, un tractorcito en el mediocampo, y de Sebastián Carrizo. Justamente Salas tuvo su premio, anotando el descuento con un derechazo bajo y esquinado. A los cordobeses no les dio para más. Banfield lo tenía absolutamente controlado.
Talleres sigue hundiéndose cada vez en la tabla de promedios. Intentar aferrarse a la Promoción, ahora asoma como el objetivo clave. Y no se vislumbra como una tarea sencilla…
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