EN DÍAS MÁS HABRÁ UN DETENIDO EN LA CAUSA POR LA MUERTE DE SANDRA
“La causa Sandra Cabrera tendrá un detenido en los próximos días”. La afirmación corre por cuenta de uno de los investigadores que está seguro de que el cerco se está cerrando sobre uno de los sospechosos que consta en la investigación desde el principio: el oficial de la Policía Federal Diego P., cuyo apellido aún sigue sin difundirse aunque sus dichos sean públicos. Tan públicos que merecieran una entrevista en un diario local. Lo cierto es que el juez Carlos Carbone está esperando alguna prueba de laboratorio y una ampliación testimonial. Aunque desde el propio juzgado se encargaron de relativizar la inminencia de la detención, hasta el propio abogado defensor del agente de Drogas de la Federal implicado, sabe que deberá negociar su entrega en los próximos días. Esto siempre y cuando el inculpado no tome la decisión de tratar de evitar el brazo de la justicia.
“Cuando se conozcan los pormenores del expediente, se va correr el velo sobre algunos protagonistas que aparecen como insospechables” deslizó con cierta ironía uno de los pesquisas, que conoce de cerca el desarrollo de la causa. En ese sentido se ubican alguien muy cercano a la víctima que habría tratado de direccionar a los investigadores hacia efectivos de la policía provincial con denuncias que involucraban a sus hombres. E incluso la sospecha tendida sobre otro efectivo de esa fuerza cuya gorra se denunció había sido hallada en el departamento de Cabrera también fue desestimada en el propio expediente. Lo que hasta el momento no se conoce es que todo el allanamiento fue filmado y la gorra que después aseguran apareció en el departamento, no está en la cinta.
“Diego es como la mano derecha del jefe de Drogas, no lo van soltar así nomás” confesó uno los investigadores, que está convencido de que sólo el alejamiento del jefe Lomonte -actual titular de Drogas Peligrosas de la Federal- podría ayudar a descorrer el velo que ha cubierto hasta hoy la investigación. En rigor en esa dirección con ese objetivo se estarían manejando algunos interesados en avanzar con el expediente.
En verdad en el expediente se devela la promiscuidad con la que se manejan las brigadas encargadas de combatir el narcotráfico. “En Drogas no vas a encontrar carmelitas descalzas”, aseguró a este diario uno de los investigadores y así parece deslizarse en varios testimonios, en los que queda expresado que más que rivalidad entre la fuerza federal y la provincial por investigar, lo que existe es un acuerdo de reparto de zonas. “La Terminal es de la Federal y ahí no jode nadie. Si algo se mueve esa zona, lo saben los federicos”, apuntó un pesquisa, quien reconoce que desde el crimen la confluencia de investigadores de la Prefectura, de Homicidios y de Gendarmería alborotó un poco el avispero.
Pero la promiscuidad con la que se trabaja en ese submundo sorprendió también a un hombre de la justicia que se anotició en el expediente que unos los federales nombrados en la causa tiene un hijo con una de las meretrices del grupo que lideraba Cabrera.
Así en medio de esas revictimizaciones que se hacen de las trabajadoras sexuales cuando se descorre el velo de este submundo, sigue sin esclarecerse el crimen de una de ellas. Y que de ningún modo podrá ser tapado por algunos de los artilugios que prensa mediante puedan revelarse. En ese bajo fondo los investigadores tratan de separar los testimonios reales, y discursos armados, entre lealtades y conveniencias económicas, entre el miedo a hablar y el riesgo que corre quien lo hace. “Cuando lo detengan a Diego, más de uno va hablar”, señala uno los detectives, que espera que la decisión sea inminente para convencer a quienes hasta el momento callaron, y se acerquen al juzgado de Carlos Carbone.
Mientras tienen algunas cartas en la manga como los testigos que aseguran haber visto al oficial sospechado después de las 3.30 de la madrugada junto a Sandra, mientras el mismo aseguro que había estado con ella hasta esa hora. O los comerciantes de la zona, o los taxistas y habitués de bares y piringundines que pululan en la madrugada de la Terminal. Y que más que ninguno son conocedores del paño en el que se manejan, y entienden que hay poderes establecidos, que soportan mareas y tempestades.
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