EN EL ALASSIA ATIENDEN SEIS NIÑOS MALTRATADOS POR SEMANA
Van hoy a un hospital y mañana a otro; eligen las guardias nocturnas para disminuir las probabilidades de que el médico detecte el problema y mienten cuando se los interroga sobre el motivo de las lesiones. Así actúa un número importante de padres golpeadores. Otros, luego de dar algunos rodeos admiten la culpa y aceptan la ayuda de especialistas.
Según los datos aportados por el Comité de Maltrato Infantil del Hospital Orlando Alassia, al nosocomio llegan, en promedio, seis casos de niños con signos de violencia por semana. En su mayor parte se trata de bebés y chicos de hasta cinco años de edad; pero también se dan casos de adolescentes golpeados o abusados.
En lo que respecta a la violencia física, la licenciada en Trabajo Social, Analía Yost, explicó que las heridas van desde hematomas, fracturas de fémur hasta traumatismos de cráneo y hemorragias retinianas. “En los más pequeños se observan fundamentalmente lesiones en la cabeza y miembros inferiores. En chicos que tienen más de seis años les hacemos un screen de huesos largos para detectar si hay una lesión vieja que se pueda cotejar con la actual”, comentó Yost.
Luego de siete años de trabajar en la temática, los médicos, psicólogos y asistentes sociales del Comité de Maltrato Infantil saben que la violencia familiar se repite en forma cíclica. “Muchos chicos ya han sido maltratados. Hay antecedentes en otras instituciones de maltrato y no necesariamente en el hospital porque en Santa Fe lo que suele pasar es que las familias o niños rotan por distintos lugares. Es una característica bastante común de los padres golpeadores o de los que hacen abandono o negligencia ir de médico en médico para no ser detectado tan fácilmente si el chico tiene lesiones que pueden llegar a ser sospechosas. Van mucho a las guardias nocturnas porque allí atienden gran cantidad de casos y no se detienen a ver al chico como lo hace el pediatra de cabecera porque están en la urgencia”, explicó Marta Artigues, licenciada en Trabajo Social y una de las fundadoras del Comité.
Abordaje integral
Cuando los chicos llegan golpeados y el médico presume que las lesiones no se produjeron en forma accidental sino fruto de la violencia interviene el Comité de Maltrato Infantil, integrado por tres asistentes sociales, una ginecóloga infanto-juvenil, dos psicólogas y una médica.
El equipo no sólo interroga a los padres sino también a los niños que posiblemente fueron víctimas de maltrato. “Nosotros les preguntamos a los chicos que saben hablar, así tengan un año y medio, qué fue lo que pasó”, dijo Artigues.
Una oficina acondicionada especialmente para niños, hojas para dibujar y muchas pinturas son los elementos que las asistentes sociales y psicólogas dan a los chicos para que se entretengan mientras ellos les preguntan cómo se golpearon. “Los que quieren contar, cuentan y a los que no quieren hablar los dejamos de interrogar. No queremos victimizar más a los niños de lo que ya están debido a la situación de maltrato”, sostuvo Yost.
El Comité atiende los cuatro tipos de maltratos: psicológico, por abuso sexual, físico y por negligencia, siendo éstos dos últimos los más frecuentes.
Las razones que motivan a los padres o parientes a ensañarse con los más pequeños son varias. “A veces no conocen otra forma de relacionarse. Tienen muchos hijos y están agotadísimos; entonces cuando uno no les hace caso, le pegan. Todo empieza con un chirlo y después no se para. Por eso es importante no llegar nunca al golpe. A las mamás les hablamos siempre que tienen que poner límites pero no a través del golpe”, explicó Artigues.
El Comité no sólo trabaja con el niño maltratado y la familia sino también con la comunidad: escuelas, iglesias, comedores y dispensarios. “Trabajamos con las instituciones del lugar en donde vive el niño. Acá se atienden chicos del centro norte de la provincia, de Corrientes, Santiago del Estero y Entre Ríos y no podemos seguir el caso después. Lo que hacemos es intervenir en la etapa aguda del maltrato, ver si ha sido intrafamiliar, resguardar al niño separándolo de los padres o viendo las alternativas que hay para que se quede con otros miembros de la familia. Luego nos comunicamos por teléfono, e-mail o el medio que sea con las instituciones para que hagan el seguimiento. Para recuperar al niño lo fundamental es que esté contenido y vuelva a una vida cotidiana lo más rápidamente posible”, sostuvo Artigues.
A pesar de que el Comité trabaja en forma continua para lograr que los chicos se recuperen y superen el mal trance, sienten que están desbordados. Los profesionales que lo integran deben dedicarse también a atender las urgencias y necesidades que se dan en todo el Hospital.
Círculo vicioso
En el tema de maltrato siempre hay una constante. Artigues sostuvo que el 50 por ciento de las mujeres u hombres que son agresivos y maltratan a su familia han sido víctimas de situaciones de violencia en su infancia.
“Si bien las estadísticas demuestran que los hombres son mayormente los agresores, también hay madres golpeadoras y niños maltratadores. Tenemos hermanos que golpean, maltratan o abusan de sus hermanas más pequeñas. Si la familia no logra resolverlo, el hecho se repite”, comentó Artigues.
Para la profesional la clave para romper el círculo está en el tratamiento psicológico sostenido en el tiempo, el trabajo mancomunado con distintas instituciones del barrio y el cambio de actitud de la sociedad, que tiende a aislar a estas familias.
Cómo detectarlo
Los signos de abuso físico en un niño pueden ser los siguientes: hematomas y contusiones inexplicables, un cierto número de cicatrices, marcas de quemaduras, fracturas inexplicables o marcas de mordeduras de la medida de un adulto.
El abuso físico de los niños existe en todos los grupos étnicos, religiosos, económicos y culturales.
Los signos de abuso sexual en niños o adolescentes son: llanto fácil, por motivos insignificantes; cambios bruscos en la conducta escolar; llegar temprano a la escuela y retirarse tarde; ausencia escolar; conducta agresiva, destructiva; depresión crónica, retraimiento; conocimiento sexual y conducta inapropiada para la edad; conducta sumisa en exceso; irritación, dolor o lesión en zona genital; temor al contacto físico.
Finalmente, el abuso emocional, bajo la forma de insultos, críticas, burlas, amenazas, desprecio, descalificación, abandono y encierro, es el tipo de abuso más difícil de identificar y probar. Puede provocar graves daños psicológicos en un niño.
Algunos signos de abuso emocional son: extrema falta de confianza en sí mismo, necesidad exagerada de ganar o sobresalir, excesiva demanda de atención, mucha agresividad o pasividad frente a otros niños.
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