EN EL ALASSIA MURIÓ OTRO BEBÉ GOLPEADO
En el hospital Dr. Orlando Alassia dejó de existir el niño Francisco Marcelo Martínez quien días atrás, en estado desesperante, llegó a nuestra ciudad procedente de la localidad de Suardi.
La suerte de esta criatura que apenas llegó a los siete meses de vida es idéntica a del niño Marcos Zapata, un chiquito de 1 año y 8 meses que antes de ayer ingresó sin vida a la clínica Parra de la ciudad de Rafaela.
Ambos menores habrían sido objeto de feroces castigos que presuntamente les fueron infligidos por miembros de sus respectivos grupos de familia.
En el caso del bebé fallecido ayer en el Hospital de Niños de nuestra ciudad es investigada la propia madre de la criatura ya que sobre ella recaen las más graves sospechas.
La mujer de 22 años estaba a cargo de éste y otros dos hijos suyos de 3 y 9 años. Junto a ellos habitaba una finca ubicada en la zona rural de Suardi.
Ahora esta mujer se halla privada de la libertad y fue puesta a disposición del juzgado de instrucción con jurisdicción en San Cristóbal.
El infortunado niño, al momento de llegar al hospital público, presentaba hematomas en todo el cuerpo, pero principalmente las huellas de los golpes estaban en su cabeza.
Los facultativos que asistieron al niño Zapata, como el médico policial, hallaron que, por debajo de las recientes lesiones traumáticas existían otras, numerosas y de vieja data, lo que permite sospechar que los malos tratos y las golpizas eran prácticas frecuentes.
Así como en el caso del chico Martínez compromete a su propia madre, por la muerte del niño Marcos Zapata es su padrastro quien está señalado como culpable del horrendo crimen.
Fuentes confiables dijeron a cronistas de este diario que este sujeto de unos 22 años de edad, un tal Garreño, habría admitido en sede policial su total y absoluta responsabilidad en el hecho.
La madre de Marcos salió a realizar algunas diligencias y al volver encontró que el niño, tendido sobre la cama, mostraba las huellas de una golpiza feroz. La mujer cargó con el chico y lo llevó al sanatorio Parra, pero al llegar se pudo ver que ya nada se podía hacer por salvar su vida.
Garreño, en sede policial, habría de admitir que porque “el chico lloraba mucho”, lo golpeó con los puños, lo arrojó contra el piso donde finalmente lo pateó hasta que lo dio por muerto.
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