EN EL DÍA DEL TRABAJOR, LA IGLESIA PIDIÓ QUE NO HAYA MÁS "EXCLUÍDO"
El obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Jorge Lozano, advirtió hoy que “crece escandalosamente la cantidad de excluidos a quienes se les saquea sus derechos humanos”, y cuestionó que “la única ley que no se discuta sea la de los mercados”.
“Las nuevas formas de imperialismo y opresión comprometen la soberanía de los pueblos y debilitan la confianza en la democracia”, alertó el prelado porteño al bendecir unas imágenes para la Juventud Sindical de las 62 Organizaciones en el santuario de San Cayetano.
Tras señalar que “sin equidad social, el tejido social se hace endeble, se limita la libertad, se pisotea la dignidad humana y se embrutece el trato entre los hombres”, el colaborador del cardenal Jorge Bergoglio recordó que “el trabajo constituye la paz social y la dignidad de la persona humana”.
Por su parte, monseñor Artemio Staffolani (Río Cuarto) aseguró que “cuando el salario no alcanza para vivir dignamente es cuando hay más violencia y más robos”, y manifestó su preocupación por las “flaquezas” del empresariado argentino, que está dejando las empresas nacionales en manos extranjeras”.
“El miedo es que nuestras empresas se caigan, se vayan a Chile, Brasil o México, que generen más desempleo y que lo que produzcan no sea para el país”, precisó el prelado en una reflexión por el Día del Trabajador.
En tanto, monseñor Héctor Cardelli (San Nicolás) reclamó al Estado que promueva políticas que “activen el empleo y favorezcan la creación de oportunidades de trabajo, incentivando la producción y creando condiciones que aseguren trabajo digno y suficiente para la población”.
Monseñor Joaquín Piña (Puerto Iguazú) estimó que las consecuencias del neoliberalismo son “todavía peores” que las que provocaron la rebelión obrera de aquel 1 de mayo de hace más de un siglo, y lamentó que hoy se haya logrado que “los oprimidos, los esclavos, acepten su condición. Que ya no protesten. Que se callen, porque le temen a la represión y a perder lo poquito que aun les queda”.
“A mí me preocupa que muchos, no todos, haya perdido hasta la capacidad de protesta, porque uno tiene que ser capaz de hablar, y si hace falta, de gritar.
Tener un mínimo de sentido crítico y de dignidad, y no callarse ante las injusticias. El último derecho humano, que no nos pueden quitar, es el de quejarnos. De protestar”, aseveró el prelado.
Piña opinó además que “el 1 de Mayo no es sólo una fecha para comer un asadito, bañado con vino, sino para reflexionar sobre cómo vamos a defender nuestros derechos. Para que las cosas cambien”.
Monseñor Hesayne (emérito de Viedma) sostuvo que “la violación del derecho al trabajo ha sido la principal causa del empobrecimiento de un 60 por ciento de habitantes”, y cuestionó que “no se haya respetado el principio elemental de que el trabajo es un derecho y no una mercancía sujeta al libre juego de la oferta y la demanda”.
También exhortó a sus pares en la Iglesia a “no contentarse con asistencialismos y menos, con meros ‘encuentros’ doctrinales, sino que es necesario convocar desde las bases a los ricos bautizados, interpelando sus conciencias en el empleo de sus capitales y la conducción de sus empresas de acuerdo al mensaje social del Evangelio. Así la miseria se irá erradicando”.
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