EN EL NORTE PROVINCIAL HAY 33.000 ANALFABETOS
En su conjunto, los departamentos General Obligado, Vera, 9 de Julio y Garay suman 33.054 analfabetos puros y semipuros, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censo (Indec) de 2001. La meta es declarar a toda esa zona libre de analfabetismo en un plazo no muy lejano.
Para esto, el gobierno de la provincia lleva adelante desde el año pasado el programa “Yo, sí puedo”, un método de enseñanza de origen cubano que otorga a las personas mayores de 14 años sin instrucción las herramientas más básicas de la lectoescritura.
El hecho de saber escribir su nombre en un papel significa -cuanto menos- superar la vergüenza de tener que estampar su huella digital para identificarse. Si en tres meses la persona logra escribir por sí sola una carta simple y colocar su firma en ella, se la considera alfabetizada.
El programa desembarcó en Santa Fe luego de que el gobernador Jorge Obeid se entrevistara con el presidente cubano Fidel Castro en el 2004. Un convenio con el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (Iplac), artífice de alfabetizar masivamente a los cubanos, permitió aplicar el método educativo en la provincia.
Oscar Enamorado Hernández, representante del Iplac, vino a la ciudad para ocuparse de estructurar la red que requiere el programa: realizar convenios con municipios y comunas, conseguir facilitadores (educadores) y supervisores, relevar a cada uno de los analfabetos e invitarlos a participar de la propuesta de capacitación.
“El año pasado trabajé prácticamente solo, pero durante el 2006 el programa creció y ahora somos 4 asesores supervisando su progreso”, dijo Enamorado Hernández.
El “Yo, sí puedo” ya alfabetizó a 1.002 personas, y hace un par de semanas obtuvo su primera satisfacción: erradicar el analfabetismo en un barrio entero, el Subse Norte, de la localidad de Helvecia, donde sólo quedaron 4 abuelos que por su avanzada edad no querían o no podían enfrentar el desafío.
Además, existen actualmente 1.295 adultos en las aulas, y acaban de formar los primeros dos grupos en el departamento San Javier, donde un importante número de pescadores no sabe leer ni escribir.
UN NÚMERO, UNA LETRA
El programa posee múltiples cualidades. El aprendizaje consiste en asociar las letras con números, lo que constituye la clave para alfabetizar en tan corto tiempo.
“Cuando nuestro instituto diseñó el método para América latina, pensó en los números, porque la mayoría de las personas analfabetas sabe contar, por una mera razón de supervivencia”, explicó.
El punto de partida es la ubicación del alfabetizando en un número que conoce acompañado de una letra que desconoce. Así, por ejemplo, el 1 equivale a la “A” y el 14 a la “S”. Poco a poco, los educandos van armando palabras y aprendiendo combinaciones de sílabas.
“Al principio de las clases, les damos una cinta con el nombre completo de cada alumno. Es impresionante ver las reacciones que tienen a medida que van conociendo las letras y descubriendo su nombre escrito. Me acuerdo de un hombre que estaba feliz cuando alcanzó a escribir `Lui’, ya que todavía no había llegado a aprender la S”, contó Enamorado Hernández, de marcado acento caribeño.
Las clases se llevan a cabo mediante 17 videos y una cartilla que se reparte a cada estudiante. Se arman grupos de no más de 15 personas en algún comedor comunitario, capilla, biblioteca o espacio que cuente con luz eléctrica para encender el televisor. Se trata de llegar lo más cerca posible a las zonas rurales, que es donde se registra el mayor número de analfabetos.
Un facilitador, cuyo trabajo es voluntario y no necesariamente debe ser docente, actúa como nexo entre el televisor y los participantes. Las clases son diarias, de no más de una hora (media de video y media de trabajo posterior).
CAMBIO
“La mayoría de los educandos es humilde, pobre, de zona rural, pero gente muy buena”, describió el representante del Iplac. En un gran porcentaje son personas que por algún motivo no han ido a la escuela primaria o han tenido muy poca asistencia. La mayor población corresponde a mujeres y la edad promedio de los participantes es de entre 54 y 57 años.
“Lo que ocurrió en muchos casos con estas personas es que la escuela normalmente quedaba lejos y, entonces, las familias mandaban al hijo varón que sabía cuidarse solo, mientras que a las mujeres las limitaban al hogar”, señaló.
A medida que van adquiriendo las primeras herramientas de lectoescritura, los estudiantes van subiendo su autoestima. “A partir de la clase N° 30, casi el 50 por ciento del programa, las personas cambian la forma de expresarse y hasta de vestir -dijo el cubano-. También cambian las relaciones interpersonales, hacen cumpleaños colectivos y reuniones. Por ejemplo, una señora de Margarita tenía vecinos con quienes no se comunicaba. Ella se limitaba a su casa y nada más; a partir de los grupos, comenzó a interrelacionarse, porque se fomentaron el compañerismo, la solidaridad”.
CONTINUIDAD
A partir de haber vencido la primera barrera de saber leer y escribir rudimentariamente, las personas estarían en condiciones de poder ingresar a una escuela de adultos. Lo que ocurre es que en muchas zonas no existe esta oferta educativa, por lo que surgió la idea de que el Ministerio de Educación provea cargos docentes para que los grupos puedan continuar su educación formal en esos mismos lugares. “El Ministerio aprobó los primeros 10 cargos y, a medida que se vayan graduando las personas, iremos requiriendo más”, se explayó Oscar Enamorado Hernández.
CIFRAS QUE DUELEN
Según la página web del gobierno de Santa Fe, en la provincia la cantidad de analfabetos puros asciende a 72.553. Son personas que nunca recibieron educación formal. En cambio, se considera semianalfabeto a aquel que asistió durante algún tiempo a la escuela, aunque no la completó.
En los departamentos Garay, Vera, 9 de Julio y General Obligado, existen 33.054 personas analfabetas y semianalfabetas. En estos cuatro departamentos del norte es donde se registran las tasas más altas de adultos sin instrucción.
Para lograr reducir el analfabetismo en Cuba, entre 1960 y 1961, unos 220.000 brigadistas se lanzaron a las calles a enseñar masivamente en ciudades y zonas rurales.
El “Yo, sí puedo”, empezó como una prueba en Haití, en 2002, con clases que se emitían por radio. Poco a poco fue mejorando el sistema de aprendizaje hasta llegar a lo audiovisual, tal y como funciona hoy.
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