EN EL RECREO, BALEAN A UN CHICO EN LA CARA
Apenas me asomé al aula, sentí una explosión y me desmayé”, les repitió una y otra vez a sus padres y a la Policía, Jonathan, un chico de 14 años que el martes fue baleado en la cara mientras estaba en el recreo, en el Colegio técnico público “Carlos Cassaffousth”, en el centro de esta ciudad. Ya fuera de peligro, pero con “con la bala calibre 22 alojada en el maxilar derecho, sin orificio de salida”, según los médicos del Hospital de Urgencias, el pibe deberá esperar al 15 para ser operado.
“Todavía no sabemos si uno de sus compañeros le disparó a propósito; si jugaban con un arma, o si se trató de una bala perdida”, le dijo a este diario uno de los investigadores policiales. Fue “una desgracia con suerte”, como la califica su papá Mariano Tévez, un empleado gráfico.
“Eran las cinco y media y estaban en el recreo cuando mi hijo fue a buscar a un amigo al 2º “C””. Ahí ocurrió todo”. Jonathan y el amigo son de la sección “D”; pero el padre asegura que no tiene idea “si hay rivalidades o no” entre los cursos. Tévez agregó: “Lo que sabemos es que apenas Jonathan entró al aula, cayó fulminado por el disparo”.
Lo curioso del caso es que, en las primeras horas, nadie se dio cuenta de que se trataba de un balazo. Ni siquiera el servicio de emergencias que la dirección del colegio llamó ante el supuesto desmayo del chico. “A mi esposa y a mí nos dijeron que se había desmayado por un cuetazo o un petardo. Y eso creímos porque tenía la cara hinchada y un puntito del que salía sangre —recuerda el padre de Jonathan—. Así que cuando le hicieron una radiografía y nos dijeron que tenía una bala calibre 22 en la mejilla derecha, casi nos da un infarto”.
También la Policía recibió la denuncia del colegio como “una escoriación de pirotecnia por la que no fue necesaria sutura, porque el corte no era profundo”. Es por eso que, luego de recibir las primeras curaciones del servicio de emergencia, los Tévez regresaron a su casa del barrio Kennedy, al sur de esta capital.
Pero para la madre las cosas no estaban tan claras. Llevó a su hijo al Hospital de Urgencias y allí la placa reveló la terrible sorpresa: “¿Y si lo mataban? ¿Y si la bala no se quedaba en la mandíbula?”, se preguntan los padres.
Ahora la policía investiga si el disparo salió del arma que algún alumno llevó a la escuela; si le dispararon a propósito; o si se trató de “una bala perdida que provino desde afuera.
—¿Cómo está Jonathan? ¿Teme volver al colegio?
—Dice que está bien, que no tiene drama de volver. Pero todo es muy fresquito —dice el padre—. Le dieron descanso hasta la operación y después veremos. Es durísimo mandar un hijo a la escuela y que se lo devuelvan baleado. Una pesadilla.
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