EN EMERGENCIA.
En la calle hace un frío de invierno porteño, ese húmedo y persistente que cala los huesos. En la Sala de Guardia de este hospital hace más, hace un frío de morir aunque alguna vez aquí se trató de salvar vidas. Ahora no. Ahora, entre las paredes revestidas de impecables azulejos blancos del hospital que hace ya tiempo no funciona, los que corren del laboratorio al quirófano, los que miran atentamente radiografías y hacen interconsultas de urgencia no son médicos en emergencia, sino actores. Ahora se graba aquí un programa de televisión cuyo primer capítulo estará hoy mismo en la pantalla de América, a las 23.
Hospital público contará, como parece obvio, historias de hospital. De falta de salud, de accidentes del cuerpo, pero también de falta de amor, de ambiciones, de pequeños heroísmos, de mezquindades, de pasiones y renunciamientos… Accidentes, en fin, de la vida. Pablo Rago,Virginia Innocenti, Mauricio Dayub y Natalia Lobo encabezan el elenco de esta realización de Spark FMS, nueva productora televisiva que debuta con este ciclo.
Rago será médico clínico, jefe de residentes; Innocenti dará vida a una tocoginecóloga, enfrentada por motivos profesionales con el cirujano y jefe de guardia encarnado por Dayub, quien a su vez estará vinculado sentimentalmente con Natalia Lobo, a la sazón una bella residente de Cirugía.
Las relaciones entre ellos, tanto como las historias jugadas por Rita Terranova como la recepcionista y Mimí Ardú como la jefa de enfermeras, pondrán la cuota “totalmente de ficción” del ciclo. Para los casos puntuales de cada episodio, en cambio, se tomaron historias clínicas reales que pasaron por diversos hospitales públicos. No obstante, los actores debieron pasar por un período de entrenamiento para sus papeles, que incluyó desde días enteros pasados en una sala de guardia hasta la participación en distintas operaciones y hasta en partos.
La pregunta se cae de madura. ¿Pretende este ciclo ser un E.R. a la argentina? ¿O una versión evolucionada de la telenovela Los médicos? Ni una cosa ni la otra, se apuran en aclarar tanto la productora ejecutiva Mercedes Corso, como el productor general Alejandro Suaya, uno de los socios de esta nueva productora de TV junto a Ramiro Mazzeo y el reconocido publicista Edi Flehner, director del proyecto. “Hay varias diferencias. Creo que le encontramos una vuelta a lo que se vio hasta ahora en la TV local por el lado de la innovación técnica y visual —dice—. Usamos un proceso digital desde las grabaciones hasta el momento en que se entrega la lata. Esto da como resultado una imagen más cruda, como más real, que nos aproxima bastante a lo que puede verse en una señal como Discovery Health. Pero por el lado dramático enfocamos las historias a dignificar y humanizar el trabajo, el esfuerzo, y la contención que dan los médicos. Por supuesto, incluyendo todas las fantasías que la gente tiene y que en gran parte son realidades. ¿Que si habrá sexo? Sí, porque existe.”
La idea, no obstante, tiene algo de servicio público. Al finalizar cada caso del programa, se trate de niños golpeados, violaciones, problemas de adicciones o cualquier otro, habrá en pantalla algunas direcciones y/o teléfonos a los que acudir para pedir ayuda.
En los 6 meses que Hospital público lleva desde que dejó de ser una idea para empezar a concretarse, gran parte del esfuerzo, tanto de producción como económico, estuvo puesto en el reciclado del hospital, no sólo para ponerlo a punto sino para que lugares como el ex quirófano o la ex sala de guardia también pudieran funcionar como sets de filmación. Todos dicen que valió la pena, y que en un estudio jamás se vería igual. “Todos”, en este caso, incluye a un equipo de 50 personas, desde los técnicos hasta los asesores médicos, a los que se ve comprometidos en el proyecto un paso más allá de lo habitual. Con libros de Pablo Lago, y la consultoría autoral de Graciela Maglie (Nueve lunas, De poeta y de loco), jugarán también su parte en estas historias Luis Longhi, Jimena Anganuzzi, Fernanda Caride, Sergio Baldini y Martín Soler, entre otros intérpretes.
“Nunca me llevé bien ni siquiera con los consultorios de los médicos y, por suerte, sólo una vez tuve que pasar por ellos, cuando me fracturé un tobillo —cuenta Virginia Innocenti—. Sin embargo, algo cambió en mí cuando, como parte del entrenamiento que hice para este papel, fui a observar partos y algunas cesáreas. Me encontré con la maravilla de la vida delante de mis ojos, y esto me ayudó no sólo para encarar de otra manera mi personaje, sino también como persona”.
Para Natalia Lobo el contacto con centros médicos viene de chica, cuando su tía administraba el hospital de Azul y la llevaba a pasar el día con ella. La situación le encantaba, pero la sangre, no. “Nunca quise ver sangre porque creía que me iba a impresionar. Ideas que una tiene. Fui a ver tres operaciones: la primera la miré de lejos, la segunda ya me animé a estar más cerca y en la tercera quería tocar todo. Ahí descubrí cómo funciona realmente un cirujano que tiene que hacer cinco operaciones por día. Tenés que ser superpreciso, muy seguro y no dejarte envolver por los sentimientos. No se trata de ser frío, sino de ser práctico”.
Mauricio Dayub, que tiene un hermano cirujano, estaba tal vez más familiarizado con la problemática. No obstante, pasó algunos días junto al jefe de guardia del Hospital Carrillo de Los Polvorines (provincia de Buenos Aires) viendo cómo funciona la realidad. “A esos hospitales caen no sólo pacientes con enfermedades, sino baleados, casos extremos, gente que ha intentado autocurarse y llega en pésimo estado. Después de ver todo eso, mi objetivo es que al final, a alguien le sirva de algo lo que hago”.
“Con ER no tenemos nada que ver, salvo porque hay casos de urgencia y estamos en una sala de guardia —dice Suaya, por si no hubiera quedado claro—. Ya el ambiente y el contexto son muy diferentes. Acá no alcanzan las camas, ni las sillas de ruedas, los ascensores no andan y hay muchos vidrios rotos, que es lo que realmente pasa en los hospitales nuestros. Y no vamos a acentuar esto para lamentarnos o regodearnos en ‘¡qué mal está la Argentina’, sino para destacar el esfuerzo cotidiano de los médicos, de los enfermeros, esa cosa solidaria que, pese a todo, no perdimos”.
Adentro del quirófano hay una camilla a la que una “enfermera” acaba de sacar las sábanas, manchadas de “sangre” después de una operación. La enfermera es actriz y la sangre es tinta, claro, pero impresiona de verdad. Con los abrigos puestos sobre los típicos ambos verdes o celestes, los actores se sientan a disfrutar del almuerzo junto con todo el equipo en una mesa larga, de esas tipo caballete de los asados de club. El encargado de repartir los chistes y hacer brillar el anecdotario es el director, Edi Flehner. La risa más sonora resulta la de Virginia Innocenti. Pronto alguien se levanta y sale rápido, como si una recepcionista lo hubiera llamado por el parlante. Todo luce tan real que hasta se deja el lugar con el olfato impregnado de aquel típico olor a formol.
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