EN FRANCIA, EL DESASTRE POR EL CALOR YA ES POLÍTICO
Finalmente, el primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin, abandonó sus vacaciones en Altos de Saboya para dar la cara en la crisis y presidir una reunión de emergencia. Un drama humanitario —la muerte de más de 3.000 personas a causa de la ola de calor— terminó transformándose en una fenomenal crisis política, que sin embargo aún no ha logrado que el presidente Jacques Chirac interrumpa su descanso en un lago canadiense. El mandatario recién regresará al país el miércoles.
Los socialistas, con su secretario Fran»cois Hollande al frente, reclaman la puesta en marcha de una comisión legislativa investigadora, aunque no tienen mayoría para imponerla. El gobierno se defiende de los ataques con el argumento de que disminuir el número de muertos era un problema de los médicos, enfermeras y sanitaristas, y no de los ministros.
La cabeza del ministro de Salud, Jean-Francois Mattei, está siendo reclamada por varios sectores sanitaristas y políticos. A ellos se ha sumado Arnaud Montebourg, uno de los fundadores del Nuevo Partido Socialista. “Pasó más de una semana desde que los médicos de emergencia señalaron los problemas graves y el gobierno respondía con su silencio o su ausencia, o con la única preocupación de reducir el consumo de electricidad y olvidándose de la población”, denunció Montebourg.
Los médicos sanitaristas sostienen que el shock térmico va a provocar un alto índice de mortalidad durante un largo período entre las personas vulnerables. Los meteorólogos no tienen buenas noticias para los acalorados franceses.La temperatura bajó ayer, se esperan violentas tormentas eléctricas para el fin de semana y el calor se reiniciará el lunes, porque la masa de aire caliente del anticiclón subtropical sigue sobre el país.
Las temperaturas han bajado y se han estacionado entre 30 y 36 grados. Pero las consecuencias de esta catástrofe sanitaria se prolongan. Los trabajadores del cementerio de Pantin, en los suburbios de París y con 250.000 sepulturas en 107 hectáreas, no dan abasto. En menos de 15 días han celebrado 147 funerales y hay otro centenar que aguarda en lista de espera. La situación se repite en los otros 20 cementerios de París.
Otro problema son los servicios religiosos. Para que el muerto tenga una despedida católica el plazo de espera es de 10 días, porque la demanda ha aumentado en un 30% y los sacerdotes están desbordados por los pedidos.
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