EN GUADALUPE OESTE ESTÁN HARTOS DE LA INSEGURIDAD
“Así ya no se puede vivir” clama Anabella desde la vereda de sus casa, ubicada en Lavalle al 7600. La mañana es todavía fresca y el movimiento de personas por las calles del barrio es mínimo. Los repartidores visitan sus clientes: kiosqueros que los atienden desde las pequeñas ventanas enrejadas, con cara de sueño.
Algunos menores circulan en carros cargados con botellas, cartones y bolsas de residuos que se internan en La Chaqueñada, como se lo conoce al sector de la vecinal Coronel Dorrego, en Guadalupe Oeste.
Las imágenes podrían ser sacadas de cualquier lugar, pero en este no hay ánimos para detenerse en las típicas postales barriales. “Tenemos miedo no sólo de que nos roben, sino de que nos hagan daño”, dice esta vecina para graficar el grado de inseguridad que se respira.
Su vivienda fue una de las últimas visitadas por malvivientes que, en plena madrugada, ingresaron la semana pasada y se llevaron electrodomésticos y joyas. Anabella no puede recordar muy bien el hecho porque fue adormecida con un gas que, aparentemente, esparcieron por el ojo de la cerradura de una puerta lateral.
“Agradezco que haya estado dormida, porque sino son capaces de matarte”, afirma.
“Es imposible vivir acá, el otro día el señor que recoge la basura encontró un arma (de fuego) acá”, dice señalando la pequeña pared que separa su casa de la plazoleta ubicada en Lavalle y Ayacucho.
ESFUERZOS
El problema de la falta de seguridad parece solamente enfocarse en dos o tres cuadras de calle Lavalle. En las inmediaciones, según pudo constatar El Litoral, la presencia de personal de vigilancia privada contratada por vecinos y comerciantes hasta ahora mantiene alejados a los amigos de lo ajeno.
Pero a la altura del 7600, el último robo mencionado puso un límite a la paciencia de los vecinos, quienes el pasado martes 13 improvisaron una asamblea en plena calle donde decidieron ir a buscar respuestas a las autoridades policiales de la seccional 8va.
“Creo que por primera vez nos juntamos todos y pudimos unirnos en el reclamo”, recordó un vecino. “Ese día hablamos con el comisario y nos prometió hacer todos los esfuerzos que estén a su alcance”, contó.
Hoy, los vecinos tienen diferentes opiniones sobre si la movida tuvo efecto o no. Algunos sostienen que “se ven autos y moto de la policía patrullando las calles”; otros en cambio aseguran que “todo sigue igual o peor” e insisten en que irán a reclamar directamente al gobierno provincial.
“Acá siempre hubo una postura del `no te metás’, pero eso se tiene que terminar porque sino nos defendemos entre nosotros, nadie lo hace”, agregaron. Otros vecinos son más pesimistas de cara al futuro y anuncian que hasta están dispuestos a vender su casa y mudarse a otro lugar de la ciudad.
“Al barrio llegó mucha gente nueva, hay demasiados asentamientos, no sabemos quiénes y qué hacen, ya no podemos confiar en nadie y tenemos mucho miedo por nuestras propias vidas”, argumentan.
Pedido desde Aristóbulo del Valle
La sensación de inseguridad no sólo se respira en las calles de algunos barrios de la ciudad: también parece percibirse entre vecinos y comerciantes de las avenidas más importantes.
Tal es el caso de Aristóbulo del Valle, que desde que comenzó el año fue escenario de una serie de hechos delictivos, como el golpe que tuvo como víctima a un negocio mayorista ubicado a la altura del 8.600, el pasado 2 de enero.
Diez días después, pero en Aristóbulo del Valle al 4.600, un menor que atendía un telecentro resultó herido en el vientre por una bala que partió del arma de un delincuente. Afortunadamente, el proyectil no comprometió órganos vitales.
Pero este último episodio ocurrió a pocos metros de la seccional N° 11 y despertó la indignación de los vecinos. “Ni siquiera la presencia de la seccional frena a los delincuentes”.
“Queremos que los efectivos policiales patrullen a toda hora la zona, aunque de a pie”, pidió la esposa de un comerciante de esa zona a través de una nota dirigida a nuestra redacción.
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