EN INGENIERÍA TAMBIÉN HUBO UN BOCHAZO GENERALIZADO EN EL INGRESO
Los aspirantes a entrar en la Facultad de Medicina no fueron los únicos que cosecharon bochazos masivos en la Universidad Nacional de Rosario. En Ingeniería sólo cuatro de cada diez ingresantes aprobaron el examen de matemática que forma parte de los cursos introductorios a la carrera. Con física no les fue mucho mejor: el 68 por ciento no logró pasar la prueba. Para el decano de la Facultad de Ingeniería, David Asteggiano, los aplazos revelan las falencias del actual sistema educativo. “Los chicos no alcanzan siquiera a consolidar los mínimos conocimientos establecidos para el nivel medio”, advirtió.
Su reflexión cobra aún más sentido cuando los profesores enumeran los errores más comunes detectados durante el dictado de los cursos en la facultad: dificultades para seguir un argumento lógico que justifique o demuestre una situación, para generalizar y también imposibilidad para pasar de un ejemplo a una abstracción, fueron sólo algunos de los escollos.
“Los ejemplos muestran que se aprende mecánicamente, el aprendizaje es memorístico, de modo que no se comprende ni se puede emplear para explicar otras propiedades ni para resolver nuevas situaciones problemáticas”, señalaron los docentes en un informe que extendieron al decano.
En total, 801 jóvenes participaron entre septiembre y noviembre del año pasado del Programa de Integración de los Ingresantes a la Universidad que se desarrolla en Ingeniería. En el mismo se dictan dos materias -matemática y física- y se desarrollan los temas del nivel medio que se consideran necesarios para iniciar la carrera.
Después de estos cursos vienen las primeras evaluaciones que no son eliminatorias, como en Medicina. Y quienes no aprueban deben asistir a las clases de apoyo, que comenzaron a principios de febrero. De los 801 alumnos, sólo 320 superaron la prueba de matemática que consistía en ejercicios de conjuntos, números reales, ecuaciones, expresiones algebraicas y geometría elemental.
El temario de la prueba de física tampoco era muy ambicioso. Se basaba en ubicar la disciplina en el contexto de las actividades humanas, identificar los aspectos relevantes para resolver un problema en esta materia, registrar mediciones en el laboratorio e informarlas, organizar esta información y operar con magnitudes vectoriales y escalares.
Aún así, de los 348 estudiantes que se presentaron al primer examen, sólo 110 lo pasaron exitosamente.
“Las cifras no hacen más que mostrar la dificultad que existe para atravesar el umbral que separa al secundario de la Universidad -señaló el secretario de asuntos estudiantiles de Ingeniería, Oscar Peire-. Por eso es fundamental adelantar lo más posible este proceso de adaptación”.
Como cae de maduro, esta realidad excede a esta facultad. Como publicó La Capital en su edición de ayer, los aplazos también se registraron en Medicina donde llovieron ceros en química, anatomía y biología. Tanto es así que de las 3.720 personas que se anotaron para ingresar a esa carrera, sólo 873 lograron sortear los exámenes de la Instancia de Confrontación Vocacional (ICV), requisito para acceder a primer año.
Así como en Ingeniería, las preguntas y los ejercicios de las pruebas de Medicina estaban contempladas en cuadernillos que se distribuyeron a los alumnos en septiembre pasado. “No hubo ninguna sorpresa”, dijo la decana, Raquel Chiara.
En otros casos, los aspirantes desertan incluso antes de las primeras evaluaciones. Eso sucedió este año en la Facultad de Ciencias Económicas de la UNR. De los casi 2.600 jóvenes que se anotaron este año, 400 desistieron apenas atravesaron las entrevistas que tuvieron con sus tutores.
“En esos encuentros les comentamos en qué consiste la carrera, cuál es su salida laboral y les presentamos las materias y la carga horaria de cada una. Y muchos se dan cuenta de que, en realidad, su elección no coincide con sus expectativas porque el imaginario de la profesión era distinto o porque ni siquiera sabían que el cursado duraba 5 años”, apuntó la secretaria estudiantil de Económicas, Adriana Da Funcio.
Sin embargo, para la profesional el problema no se soluciona en cargar todos los males a las falencias de la escuela media. “En la secundaria deben decir lo mismo de la primaria y así sucesivamente. Nosotros recibimos a los alumnos con esta realidad y tenemos dos alternativas: o echamos la culpa para atrás o nos hacemos cargo de la situación que tenemos. Porque, al fin y al cabo, el sistema educativo lo conformamos todos”, concluyó.
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