EN LA AMIA, KIRCHNER RECORDÓ A LOS JUDÍOS DESAPARECIDOS
Luciendo sobre su cabeza un pequeño sombrero blanco de la liturgia judía (el kipá), el presidente Néstor Kirchner encendió anoche en la AMIA la primera de las ocho velas de Janucá, una celebración vinculada a la esperanza. El gesto formó parte del homenaje organizado por la mutual judía a los casi 1.900 desaparecidos de esa colectividad durante la última dictadura.
El titular de la AMIA, Abraham Kaul, abrió el acto admitiendo que era una “reparación tardía” de parte de la dirigencia comunitaria, que nunca antes evocó a las víctimas de la represión militar. Y remarcó que los judíos recibían castigos adicionales en los centros clandestinos, cargados de mensajes nazis.
Kirchner esperó su turno para reclamar indulgencia. “No es un hecho tardío”, afirmó. Argumentó que el terror paralizó a buena parte de la sociedad. Y se quejó: “Todavía hay quienes no reaccionan, como la Cámara Federal de San Martín, que declaró constitucional las leyes de puntos final y de obediencia debida”.
Enseguida pasó a justificar su empeño en que se castigue a los culpables del terrorismo de Estado, frente a las críticas que recibió tras el mensaje que pronunció en la ESMA en el aniversario del golpe militar. “No lo hago para dividir a la sociedad”, sostuvo. Explicó que “si hablo de encender la memoria y tener un sendero de justicia es para unir”.
Minutos antes, el Presidente —que asistió acompañado de su esposa, la senadora Cristina Kirchner— había descubierto un altorrelieve de homenaje a los desaparecidos judíos tallado por Sara Brodsky, cuyo hijo es uno de los desaparecidos. Desde el palco, con un pañuelo blanco de las Madres de Plaza de Mayo sobre la cabeza, la artista explicó la alegoría de brazos extendidos como velas de un candelabro ritual. Fue ubicado de frente al monumento que recuerda a los muertos en el atentado a la AMIA.
En una interpretación histórica de las prácticas aberrantes de la dictadura, Kirchner dijo que “la debacle económica del país no hubiera ocurrido si estaba esa generación ausente”. Fue aplaudido repetidas veces por los cientos de asistentes que siguieron el acto desde el patio interno y en las veredas de la AMIA, donde se ubicaron dos pantallas gigantes.
De todos modos, en el aplausómetro lo aventajó el anciano escritor Ernesto Sabato, quien presidió la Conadep en la gestión alfonsinista. Testimonios recogidos por esa comisión habían revelado que a muchos judíos detenidos por la dictadura se les pintaban cruces esvásticas en el cuerpo para que recibieran más castigo. También dieron el presente el ministro Daniel Filmus, el gobernador Felipe Solá y el jefe porteño Aníbal Ibarra. Los músicos León Gieco y Víctor Heredia aportaron sus canciones.
Por su lado, el titular de los Familiares de desaparecidos judíos, Marcos Wainstein, destacó que la entidad logró que el gobierno de Israel se interese en el caso a veinte años del golpe.
En tanto, la vicepresidenta de Abuelas, Rosa Rosinblit, recordó que 22 nietos de familias judías nacieron en cautiverio. El de ella ya recuperó la identidad.
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