EN LA ARGENTINA SE REGISTRA UN RÉCORD DE CHICOS PERDIDOS
Huyen despavoridos luego de un abuso. Escapan de golpes y palizas desproporcionadas. Se alejan de insultos hirientes, constantes, inexplicables. O tal vez corren tras un amor, una promesa de algo mejor, un sueño lejano. Sea la razón que sea, eligen (y deciden) irse. Se van. Se pierden. Y empiezan a formar parte de las listas de chicos desaparecidos. Nunca esa lista fue tan larga como ahora: hay 205 nombres, 205 caritas.
“Estamos realmente preocupados. En estos últimos meses la cantidad de chicos que están perdidos creció muchísimo”, dice a Clarín Susan Murray, presidenta de Missing Children Argentina, la organización no gubernamental que se dedica a localizar chicos perdidos y a darles asistencia y apoyo a las familias que andan tras las huellas de estos chicos.
La actual preocupación parte de una estadística. Desde que se creó Missing Children, el promedio de chicos que se buscan al mes se mantiene entre 100 y 120, casi la mitad de los 205 de hoy. Según Murray, las razones de este crecimiento tienen que ver con la violencia familiar, cada día más presente en los hogares.
“Antes, en general los chicos desaparecían después de ir a bailar o en situaciones similares. Ahora se van de sus casas porque algún familiar abusó de ellos, porque los maltrataron, porque les pegaron”, dice Susan. Y marca otro cambio: antes, el promedio de días que desaparecía un chico iba de tres a cuatro. Ahora es mucho mayor, más de una semana o diez días.
Lo preocupante es que los que se van son cada vez más chiquitos. Los números de Missing Children dicen que la mayoría de los que se escapan (64%) tienen entre 13 y 17 años. Pero hay un 15% que tienen entre 7 y 12 años. Y es la franja que más crece.
Otro dato claro es la marcada diferencia entre los sexos. El 61% de los desaparecidos son chicas. Las explicaciones en este caso son dos: “Por un lado, son las que sufren mayores abusos. Y por otro, muchas chicas conocen hombres más grandes y se escapan con ellos”, dice Susan.
Si bien cada uno de los 205 chicos tiene su causa abierta en los respectivos juzgados de Menores, hay 63 casos en los que la organización no tiene contacto con las familias. También hay 15 historias que son al revés: son los chicos los que buscan a sus papás (parte de ellos figuran como NN al final del listado de fotos de las páginas 26 y 27).
“Nuestra función es apoyar a la familia, aconsejarlos, hacerles nexos con la Policía y la Justicia. Con nosotros la gente se abre y nos cuenta todo, confían mucho en nosotros”, asegura Lidia Grichener, vicepresidenta de Missing Children. La ONG también tiene sedes en Mar del Plata, Bahía Blanca y Bariloche. En total, son 14 voluntarias las que se mueven para que la foto de estos chicos se publique en facturas de servicios, diarios locales, canales de televisión y sitios de Internet.
“Cuando empezamos con el tema de la solidaridad no sabíamos que esto existía. Por eso decidimos crear una organización aparte, porque el problema es tan grande que lo merecía”, dice Juan Carr, de la Red Solidaria.
Los resultados hasta ahora son alentadores: de las 1.505 denuncias recibidas desde agosto del 98 a hoy, se encontraron 1.363, es decir, el 90%. “Según nuestras estadísticas, si bien cada 24 horas se pierde un chico, encontramos otro cada 36”, dice Susan. Igual, está claro que son cifras parciales, producto de la buena voluntad de un grupo de mujeres.
Es que no hay cifras oficiales de todo el país. Aunque existe el Registro Nacional de Menores Extraviados, todavía funciona parcialmente… “Es una lástima. Es un problema del Estado. Nosotros simplemente cubrimos un hueco”, dice Lidia.
Mientras tanto, estas mujeres hablan con pesar, alegría, tristeza, de acuerdo al caso. Los saben de memoria, todos. Y hasta cuentan historias casi increíbles. Esta, encima, es de amor: hay una chica discapacitada, sordomuda. Tiene unos 20 años y parece que no tiene familiares, pero sí novio. No dice su nombre, sólo que es cartonero. Todas las voluntarias esperan que “Romeo” llame por teléfono para decirle que ella lo espera, ansiosa, en la colonia Montes de Oca, en Mercedes.
Este contenido no está abierto a comentarios

