EN LA BOCA DEL LOBO
Bienvenido Carlos Timoteo Griguol. Gimnasia te esperaba. Su viejo y querido líder de las mejores campañas de la historia del club volvió anoche con una buena carta, con una victoria 1-0 ante Independiente en Avellaneda. Así encendió la ilusión de su gente y permitió que Gimnasia ganara por primera vez en el Apertura. Hacía 10 fechas que su equipo no triunfaba, y acumulaba 4 derrotas seguidas.
La otra historia de la noche fue Independiente. Y con otros colores, con un sabor muy distinto. Fue la tercera derrota consecutiva en este Apertura (la cuarta si se tiene en cuenta el 0-4 ante River, por la Sudamericana), la segunda al hilo desde la asunción de Osvaldo Chiche Sosa. Algo malo le pasa a este equipo, que perdió todos sus sueños de atrapar a Boca.
Independiente falla en lo individual y en lo colectivo. Ahora sin Ruggeri como blanco preferido de los insultos, sus hinchas castigaron a los jugadores. Les piden más ganas, les falta fútbol.
Pero antes de ese final hubo un desarrollo. Y conviene analizarlo cronológicamente, por partes. Al comienzo, la historia fue demasiado gris. De hecho, la única llegada de real riesgo de ese capítulo inicial fue aquel remate de Giménez que Olave desvió al córner, cuando ya iban 40 minutos.
El resto del primer tiempo había favorecido levemente a Gimnasia, con algunas aproximaciones de Choy González y de Licht. La pelota estuvo en mitad de cancha, lejos de los áreas. A Independiente lo complicó la discontinuidad de Manso, casi siempre perdido entre los volantes y los defensores de Gimnasia.
A Independiente le quedaban las intenciones de Marioni (arrancó como capitán) y Giménez, aunque estaban aislados y jugaban acelerados.
En ese contexto aburrido, con un Independiente sin brújula ofensiva y sin capacidad para retener la pelota en el mediocampo, Gimnasia la pasó un poco mejor. Pero sin llegadas de gol.
Lo bueno del comienzo del complemento fue que Independiente se despertó y, a los 3 minutos, ya había generado más chances que en todo el primer tiempo. Olave le tapó un cabezazo a Giménez e, inmediatamente, se lució ante otro intento de cabeza, en este caso de Marioni.
Pero esa recuperación de Independiente se quedó en la nada a los 8, cuando Licht desbordó por la izquierda, llegó hasta el final de la cancha y mandó un centro rasante y paralelo a la línea de gol que no interceptaron Albil ni Olarra. Rueda definió con el arco vacío y adelantó a Gimnasia 1 a 0.
Sosa apostó a los cambios: afuera Marioni, adentro Rivas; entró Calderón, salió Manso. Pero Independiente siguió con su mal crónico: no puede jugar bien, no sabe cómo hacer para que la pelota circule con precisión hacia adelante. Y entonces avanzaba a los ponchazos, con esfuerzo y sin claridad. Olave volvió a lucirse ante Olarra, a los 19, y un remate de Rivas pegó en el palo, a los 44.
Pero se reitera: fueron acciones aisladas del local, que encima sufrió la expulsión de Villavicencio. Gimnasia se defendió con orden y tuvo solidez en Olave (la figura), Olveira y Licht. Por eso ganó con justicia en la vuelta de Griguol. ¿Independiente? Se le vino la noche y no tiene estrellas.
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