EN LA CASA ROSADA SIGUEN DE CERCA EL CRECIMIENTO DE CARRIÓ EN LA CAPITAL
Dicen en voz baja los que van y vienen por los pasillos de la Casa de Gobierno que el fantasma existe. Que todos lo saben. Que se habla de él cuando se cierran las puertas de los despachos, pero se lo niega a viva voz cuando llega gente de afuera, para no espantar. Tiene nombre y apellido: Elisa Carrió. Un espacio: la Capital Federal.
Y un tiempo: las elecciones legislativas del año que viene.
“Sí. Es cierto. No hay con qué darle. Desde hace tres meses ‘la Gorda’ no para de crecer en las encuestas porteñas. Y acá están todos muy preocupados”. Crudo, el hombre, cuando habla. Al decir “acá”, se refiere a la Casa de Gobierno. Conoce bien el paño. Esta muy vinculado al poder oficial.
Todo indica que la Ciudad de Buenos Aires se convirtió en preocupación central del Gobierno de Néstor Kirchner. Saben que el interior del país sigue encolumnado tras su figura. También, que la provincia de Buenos Aires, bajo el ala de Eduardo Duhalde, ya está próxima a un acuerdo electoral. La Capital, en cambio, parece tierra de nadie a la hora de pensar en votos para sus filas.
Es el mismo distrito que vitoreó a Raúl Alfonsín en las elecciones de 1983 y 1985. El que le hizo un guiño sin disimulos a Carlos Menem en dos oportunidades y hasta le permitió darse el lujo de que ganara con el voto porteño su coterráneo Antonio Erman González en las legislativas de 1993.
Ese mañoso distrito que encumbró al Frepaso, pero que, en 1996, a la hora de la autonomía para votar autoridades propias prefirió, en una misma elección, a un radical —Fernando de la Rúa— para gobernar, y a una frepasista —Graciela Fernández Meijide— para que le diseñara la Constitución.
El distrito que hizo caer a golpes de marchas y cacerolas a De la Rua, ese dirigente al que había amado tanto. Como era de esperar, todos estos rumores sobre la Capital que están saliendo de la propia Casa de Gobierno —a pesar del permanente control de Kirchner sobre los dichos de sus funcionarios— ya llegaron a los oídos de Carrió.
“La obsesión por la Capital los está haciendo cometer muchas torpezas políticas y por eso ya están encima de un acuerdo corporativo con la CGT, el PJ y la UCR”, le dice a Clarín la fundadora del ARI. Luego, apela a la ironía: “Le ruego a la gente que le diga a los encuestadores que no me va a votar. A ver si todos los funcionarios que me están atacando me dejan tranquila. Desde hace un año ellos me empezaron a construir como la principal oposición. Si siguen así me van a hacer llegar a presidente”.
Algo parece cierto: desde hace un mes, el propio Kirchner salió a emprenderla contra Carrió con todas las letras. Lo había evitado desde el momento en que asumió el Gobierno.
Según pudo saber Clarín, cada encuesta sobre la Ciudad que llega a los despachos oficiales marca la misma tendencia. Y con un agregado: “Con el tema de la inseguridad por delante y el ataque a la Legislatura porteña ahora Carrió aparece además tomando votos del centroderecha”.
Habría dos razones más, no sólo oficiales: Ricardo López Murphy piensa jugar en la provincia y la imagen de Mauricio Macri estaría cayendo entre los porteños. Desde un despacho cercano al presidente de Boca admiten que ésa es la verdadera razón de su posible pase a territorio bonaerense.
“No puede permitirse una segunda derrota acá”, dice uno de los hombres de Macri. Cancha libre, pues, para Carrió. Algo embarrada, en cambio, para el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, que ya no disimula su ambición de presidir el castigado PJ porteño para poder sentarse en el sillón de Aníbal Ibarra en el 2007.
“La imagen de Alberto empeora cada vez más”, dice el hombre de la Rosada que aceptó hablar sin pelos en la lengua con Clarín, pero que oculta sutilmente con la mano los resultados que tiene sobre el escritorio. No necesita repasarlos: parece conocerlos de memoria. Según parece, al menos desde la voz de las encuestas, el que mejor le podría poner el pecho a la chaqueña sería el canciller de Kirchner.
En todos estos sondeos que tratan de palpar el imprevisible humor de los porteños falta, claro, medir la pulseada mayor: Carrió versus Cristina de Kirchner. Una jugada de alto riesgo para el Presidente si, finalmente, decide mover la dama para el jaque. Es que una derrota de Lilita no significaría mucho para la dirigente chaqueña, que igual ingresaría a la Cámara baja. Pero ¿cuál sería el costo para el Gobierno si Cristina pierde una elección a manos de Elisa Carrió?.
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