EN LA LEGISLATURA NO SE RESPETA LA LEY ANTITABACO
Esta mañana, un hombre de mediana edad fumaba tranquilamente mirando por la ventana con la vista perdida, meditando. De tanto en tanto, aspiraba, estiraba la mano y dejaba la cenizas en un moderno cenicero metálico. Estaba parado en medio del pasillo del Senado, en la planta baja del edificio. Del lado de afuera -exactamente debajo de la ventana-, un generoso puñado de colillas develaba que no era el único que pitaba, y desde el interior arrojaba el filtro hacia afuera.
En ese mismo pasillo, el miércoles se instalaron tres nuevos ceniceros. Son muy modernos y estéticamente armoniosos: metálicos, semiesféricos, con un botón que permite volcar las cenizas y colillas en un depósito. Cuestan alrededor de 350 pesos cada uno.
Lo curioso es que según la ley 12.432, está expresamente prohibido fumar en “todos los edificios públicos, dependientes de los tres poderes del Estado provincial (incluidos los organismos descentralizados de la provincia), tengan o no atención al público”.
COLILLAS EN EL PISO
La vicegobernadora, María Eugenia Bielsa, reconoció que ella solicitó la colocación de estos artefactos cerca de los ascensores, porque “la gente entra al edificio con un cigarrillo, tira la colilla al piso y lo mancha”.
“Está prohibido fumar, pero es un tema cultural. Progresivamente, la gente dejará de fumar en los recintos cerrados, pero mientras tanto, no voy a permitir que tiren los cigarrillos en un piso nuevo, que está recién colocado, y por eso pusimos ceniceros y papeleros”, enfatizó la presidenta del Senado provincial.
Sobre la falta de carteles que deben indicar la prohibición, remarcó que “los vamos a poner”, y explicó que llevarán la advertencia de no fumar con la indicación de la ley.
Al ser consultada sobre si no es preferible evitar que la gente ingrese al edificio fumando, sostuvo: “No tenemos personal que detenga a la gente y, además, en esos casos hay que llamar a la policía”. Sobre los empleados que fuman dentro del inmueble, admitió: “No tenemos capacidad para inspeccionar que no se fume en ninguna oficina”.
Pero los ceniceros no son propiedad exclusiva del Senado. En los pasillos que conducen a los oficinas de la Cámara de Diputados, también están apostados. Son más antiguos, de pie y con todas las colillas a la vista.
FALTA DE CULTURA Y CONTROL
La misma legislatura que a fines de junio del año pasado fue testigo de la aprobación la ley provincial N° 12.432 – Programa de Control del Tabaquismo, exhibe en las paredes de los pasillos del Senado, ceniceros metálicos, como si fuese un símbolo de la impotencia para poder controlar y hacer cumplir una norma más allá de las cuestiones culturales.
El artículo 9 de la ley remarca que la prohibición de fumar alcanza a “todos los edificios públicos, dependientes de los tres poderes del Estado provincial (incluidos los organismos descentralizados de la provincia), tengan o no atención al público” y aclara que se puede destinar como área de fumadores a un lugar abierto”.
También prohíbe la venta u ofrecimiento de tabaco a menores, la publicidad directa o indirecta de estos productos, el auspicio de eventos culturales y deportivos que contengan publicidad de empresas relacionadas con el tabaco.
Además la ley estipula que se deberán colocar y exhibir letreros que indiquen de manera clara y específica que es un establecimiento libre de humo de tabaco y que rige la prohibición; y prevé sumarios administrativos para empleados públicos y penas según el Código de Faltas para el caso de los privados.
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