EN LA ONU, KIRCHNER CRITICÓ AL FONDO Y CONDENÓ AL TERRORISMO
El presidente Néstor Kirchner utilizó ayer sus dos discursos en las Naciones Unidas para denunciar al Fondo Monetario como una herramienta de opresión, más que de crédito, pero se alineó firme con la alianza occidental al condenar de manera tajante cualquier forma de terrorismo y alentar nuevos instrumentos para combatirlo.
En un discurso extenso, que cortó él mismo desde el podio de la Asamblea General, Kirchner detalló los números de la recuperación económica argentina sólo para concluir que en esa expansión “no contamos con la ayuda del FMI, que sí apoyó y financió hasta semanas antes del colapso el régimen de convertibilidad. Durante la crisis, Argentina realizó pagos netos del orden de los 13.500 millones”, detalló.
Más aún, Kirchner habló del apoyo a una resolución en la Comisión de Derechos Humanos que intenta establecer “la relación existente entre el endeudamiento externo y la imposibilidad del goce efectivo de los derechos humanos”.
“A futuro, nuestro país ha estructurado una estrategia de reducción de deuda con la finalidad de ganar grados de libertad para la aplicación de sus planes de desarrollo y crecimiento de la economía”, anticipó el Presidente, en línea con sus comentarios a la prensa argentina de que aguarda el resultado de las elecciones de octubre para tomar medidas concretas en sus negociaciones con el organismo.
En una bandeja lateral del recinto, el titular del Fondo, el español Rodrigo Rato miraba con insistencia hacia la banca argentina. Allí se apiñaban los ministros Julio de Vido y José Pampuro, el vicecanciller Jorge Taiana; el vocero presidencial, Miguel Núñez, y el secretario legal y técnico, Carlos Zannini, quien había estado puliendo el texto la noche antes junto con Rafael Bielsa, que a esas horas se reunía con la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, por el tema Haití.
Los propios argentinos —y seguramente Rato— aún metabolizaban las duras palabras del encuentro matutino que mantuvieron el Presidente y el director gerente del Fondo, de manera casual, en el mismo recinto. Entonces Kirchner aprovechó para reclamarle una mayor flexibilidad del organismo para llegar a un acuerdo. Ahora se veía que había sido un cortés anticipo de lo que vendría después.
Kirchner arrancó diciendo que la deuda y el comercio internacional son los grandes “obstáculos al desarrollo”. “El predominio del componente ideológico en las políticas de los organismos internacionales de crédito es también preocupante”, dijo el Presidente, para agregar enseguida que en sus planteos, en cambio, “no hay ideología ni política. Mostramos hechos concretos que demuestran que estos organismos financieros no cumplieron con el papel que deben tener”.
Y ahí cargó contra el “enfoque ortodoxo” que se le quiere dar al tema de la deuda. En medio de su andanada, no dejó de mencionar, sin embargo, que “desde la salida del default, Argentina se consolida como una oportunidad para las inversiones productivas”, otro punto esencial que Kirchner se propuso instalar en su visita.
Pero casi como un contrapeso, en su intervención ante el Consejo de Seguridad, el presidente Kirchner levantó la mano junto a los otros 14 jefes de Estado que aprobaron por unanimidad dos resoluciones, propuestas por Gran Bretaña, dirigidas a prohibir la incitación al terrorismo y mejorar mecanismos para prevenir los conflictos armados.
Por la tarde firmó, además, el Convenio Internacional para la represión de los actos de Terrorismo Nuclear, así como refrendó el criterio de luchar contra la financiación del terrorismo.
“La Argentina considera a todos los actos de terrorismo criminales e injustificables”, dijo Kirchner, y agregó, luego de recordar que la Argentina sufrió dos atentados: “No hay ninguna razón racial, religiosa, ideológica o de cualquier otra naturaleza que pueda justificar el asesinato de civiles inocentes”.
También reiteró la necesidad de “una acción multilateral inteligente, concertada y sostenida en el tiempo, basada en la legitimidad, el respeto de los derechos humanos, la proporcionalidad en la respuesta y el respaldo de la opinión pública internacional”.
Al atardecer el Presidente partió satisfecho junto a su esposa y algunos miembros de la comitiva a cenar en Manhattan y prepararse para sus citas bilaterales de hoy con el ruso Vladimir Putin, el venezolano Hugo Chávez y el español Rodríguez Zapatero.
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