EN LA PROVINCIA, CUATRO DE CADA DIEZ PERSONAS NO TIENEN OBRA SOCIAL
Cuatro de cada diez santafesinos no tienen obra social. Esta cifra se eleva un poco más en la población joven, donde más de la mitad de los chicos entre 0 y 9 años carece de cobertura de salud, ya sea sindical, prepaga o mutual. Y el problema es aún mayor si se lo mira en perspectiva: en 1991, el 71% de los habitantes de la provincia estaba contenido en algún plan médico. Una realidad que no sólo golpea con dureza al sector público de la salud, sino también a los prestadores privados.
Los datos del la última medición del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) muestran a las claras el impacto que la desocupación y el crecimiento del trabajo en negro impusieron al sistema sanitario, dejando al sector público de salud la atención de nada menos que el 41,96% de los santafesinos.
Pero los índices son aún más contundentes cuando se traducen en números. En toda la provincia hay 1.259.274 personas que no aportan a ningún plan de salud, sea de obra social, sindical, mutual o prepaga. De este universo, el 63% tiene menos de 29 años.
Comparando la última medición del Indec con la del 91, la diferencia se hace sentir. Mientras la población total de la provincia creció un 7,2% en los últimos 10 años, la cantidad de personas sin obra social aumentó el 55,17%.
Para Carlos Bloch, director del Instituto de Investigación Juan Lazarte, el problema tiene dos aristas, ya que sus consecuencias se hacen sentir tanto en el sistema privado de salud como en los hospitales públicos.
“Para el sector público esto genera una sobredemanda que obliga a los gobiernos a destinar a salud cada vez más presupuesto. Pero la peor parte del problema la llevan los sanatorios, que vienen soportando año a año la pérdida importante de una población con demanda solvente”, advirtió.
Esto, sumado “al desfasaje que existe entre el aumento en los costos de insumos médicos y el atraso en los pagos que registran la mayoría de las obras sociales y el Pami, pone a todos los sanatorios en serias dificultades para seguir en el mercado”, alertó Bloch.
Con todo, la situación de la provincia de Santa Fe se ubica por debajo de la media del país, donde las personas sin cobertura de obra social trepan al 48,05% de la población.
De acuerdo al último censo del Indec, Formosa es la provincia con mayor porcentaje de habitantes sin seguro médico (65,81%), seguida por Chaco (65,51%) y Santiago del Estero (63,66%).
En el otro vértice de la pirámide se ubican Capital Federal (26,17%), Santa Cruz (29,23%) y Tierra del Fuego (30,06%).
Los niños son los más damnificados
En la provincia de Santa Fe, los más damnificados por la falta de cobertura médica son los chicos de 0 a 4 años. En esa franja, más de la mitad (55,26%) no está contenida por las obras sociales, la mutuales o las prepagas. Y lo mismo se repite para los niños de 5 a 9 años, aunque los índices en este caso son un poco menores (52,80%).
Si a este problema se suma que “además, el 75% de los menores de 14 años está por debajo de la línea de pobreza, se puede ver a las claras la vulnerabilidad a la que está sometido este sector de la población. Y lógicamente, el problema se agudiza a la hora de acceder a las prestaciones médicas”, apuntó Bloch.
La curva comienza a decrecer a partir de los 10 años, pero se produce un nuevo pico cuando el grupo estudiado supera la mayoría de edad. Especialmente, los jóvenes que tienen entre 20 y 24 años, donde el 53,85% carece de plan médico.
Es que, justamente, en este sector se encuentran quienes perdieron la obra social de sus padres, y al carecer de un trabajo formal quedan al margen de una cobertura de salud.
La clase media va al hospital
Así, en el transcurso de los últimos años, los hospitales públicos registraron la llegada de un nuevo tipo de paciente: el de la clase media que perdió su trabajo, o sus hijos que no encuentran un empleo formal.
Y esto modifica las reglas de juego. “Cuando un sector con cultura médica accede a servicios públicos de atención de salud llega con mayores exigencias, más reclamos y más pretensiones, en el buen sentido de la palabra”, señaló Bloch.
Consecuentemente, “esto puede producir un cierto desplazamiento de los sectores más bajos de la población que tienen una conducta más pasiva frente a las grandes colas o los déficits crónicos del sector público. Es algo contradictorio, porque por un lado se produce una mejora en la calidad de los servicios, pero por otro se alejan los sectores más empobrecidos que históricamente recurrieron al sector público”, indicó el profesional.
-Y si la tendencia no se revierte ¿hasta cuándo los hospitales podrán seguir sosteniendo esta demanda?
-El sector público no puede dejar de dar atención. Se deteriorará la calidad de los servicios, se postergarán determinadas prácticas, pero el Estado no puede resignar su papel. El que sí puede desaparecer progresivamente es el sector privado. Ahí sí se puede prever un colapso, al menos si no hay una recomposición del sistema y si no se mejora la financiación del sector.
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