EN LA TERMINAL, LOS CHICOS SIGUEN ASPIRANDO PEGAMENTO
“Vivir la infancia entre las drogas y la indiferencia” tituló El Litoral en su edición del 16 de noviembre del año pasado, cuando planteó la problemática de los chicos que aspiran pegamento a la vista de todos en la terminal de ómnibus. Pasaron poco más de cinco meses y todo sigue igual.
Una de estas últimas tardecitas, fuimos testigos una vez más de cómo tres niños aspiraban esta droga. Con la mirada perdida, llevaban una y otra vez sus bolsitas a la nariz, sentados en una de las escalinatas de acceso a la estación, frente a la vista de taxistas, pasajeros y vecinos en general.
A los pocos días de publicado aquel artículo, el debate sobre las posibles acciones a encarar para abordar soluciones se trasladó al Estado. El municipio, por ejemplo, reconoció que el problema los ha desbordado y propuso pedir la intervención a la Justicia de Menores, por considerar que hay abandono de persona. Desde la Secretaría de Derechos Humanos se anunció la puesta en marcha de un programa para la contención de menores en familias no funcionales, con el objetivo de buscar alternativas de reinserción y recuperación del vínculo paternal.
Este camino se empezó a transitar pero no dio los resultados esperados. Susana Figueroa, directora provincial de Políticas y Planeamiento de esa Secretaría, reconoció que las operadoras de calle -asistentes sociales en su mayoría que establecen contacto con los chicos de la calle y sus familias- comenzaron a trabajar sobre cada caso particular pero “notamos que con estos chicos en particular había que hacer otro tipo de tarea porque son adictos y no hay familias consanguíneas o sustitutas que puedan contenerlos porque se escapan cuando tienen abstinencia”.
El nuevo programa
En razón de esto, se está terminando de delinear el Programa de Contención de Niños, Niñas y Adolescentes menores de 12 años con crisis subjetivas graves (que en un 90 % son adictos), junto a la Dirección de Salud Mental y a Promoción Comunitaria de la provincia.
“No se trata de institucionalizarlos”, aclaró la funcionaria, sino de trabajar sobre la crisis subjetiva y, paralelamente, con la familia y la comunidad para que luego puedan reinsertarse. “Es un camino largo porque no hay familia que pueda contenerlos si previo no hay un tratamiento de la salud psicológica”, advirtió.
Para ponerlo en marcha resta firmar una resolución conjunta de las tres áreas involucradas y se están gestionando fondos para la construcción de una casa en donde los chicos puedan recibir tratamiento, incluso ambulatorio, pero que no se parezca a un hospital. Entre lo que ya está disponible figura un espacio físico y los recursos humanos.
De todos modos, los operadores de calle mantienen un vínculo “excelente y permanente” con ellos.
Para llegar al tratamiento
En relación al trabajo que realiza Derechos Humanos, hace dos semanas, la profesores de educación física de la Dirección del Menor, la Mujer y la Familia establecieron contacto con los menores y les propusieron participar de actividades recreativas y deportivas en un predio en Santa Rosa de Lima.
“El primer acercamiento fue muy bueno y los profesores están contentos porque han tenido muy buena receptividad”, aseguró Graciela Martinet, directora del área.
Dos veces por semana los pasan a buscar por la terminal y los trasladan hasta el predio. Además de hacer deportes, reciben una merienda reforzada y pueden utilizar los vestuarios para bañarse. “Queremos que poco a poco se vayan integrando a otras actividades, como campeonatos de fútbol con otros clubes los fines de semana”.
Como suele suceder con los casos de personas adictas, “es difícil que acepten la necesidad de hacer un tratamiento”. Por eso, “la idea es ir integrándolos lentamente a partir del deporte, que establezcan contacto con los profesores y dialoguen, de modo que surja por propia voluntad la necesidad de iniciar un tratamiento”, sostuvo Martinet.
No sólo en la terminal de ómnibus hay chicos aspirando pegamento. Es una realidad frecuente en muchos barrios periféricos de la ciudad y es de esperar que las políticas estatales lleguen a ellos también. En este caso en particular la situación se agrava porque estos niños no regresan luego a sus hogares sino que pasan sus días a la intemperie, hambrientos y bajo los efectos de esta droga fácil de conseguir.
Es cierto que no es un problema que pueda remediarse de un día para otro y las soluciones escapan a acciones aisladas de vecinos de buena voluntad. Pero la comunidad sí debe exigir que alguna vez los proyectos, propuestas, y programas estatales avancen por un camino firme y perduren en el tiempo, y sobre todo que empiecen a mostrar resultados.
El trabajo de la Municipalidad
La secretaria de Promoción Comunitaria municipal, Delia Blanco, dijo no desconocer la problemática pero reconoció que el mayor trabajo para atender a los chicos adictos se está realizando desde las áreas provinciales.
“Cada uno trabaja a partir de los recursos con que cuenta. Nosotros tratamos de llegar a las familias mejorando las viviendas, entregándoles materiales para que construyan otra habitación, o dándoles pintura de modo que el chico vea que su padre se preocupa por mejorar. Pero hasta que no contemos con un espacio para tratarlos, los chicos, lamentablemente, van a seguir en la terminal”, sentenció.
Aseguró además que los niños pertenecen a familias muy conflictivas que arrastran historias de violencia y alcohol. “Otros permanecen en la casa con sus padres por lo que estamos tratando de fortalecer esos casos para que no los expulsen a pedir”.
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