EN MANIZALES NO HAY MAL CLIMA CONTRA BOCA
El desafío multicolor a puro verde que envuelve el viaje de más de 50 kilómetros entre Pereira y Manizales desaparece tras la última ondulación de la montaña. De pronto todo pasa a uniformarse en celeste y blanco o en gigantescas banderas verdes, rojas y blancas. Esa es la señal. Toda la ciudad vibra con el Once Caldas. No hay casi autos, camionetas, poderosas 4×4 o vetustos camiones que no luzcan la adhesión a los “blanco y blanco”. Se palpita ese inocultable clima futbolero. En estas calles de subidas y bajadas interminables, de tránsito intenso, donde asoman majestuosa la catedral de Santiago de Compostela, los edificios municipales; los chicos en vacaciones disfrutan tratando de imitar las “hazañas” de Valentierra, el ídolo local; aunque todos se identifican con el Elki Soto, el único nacido en estas tierras.
La avenida Paralela es la vía de llegada y salida del estadio de Palogrande, en plena zona Universitaria. Una multitud de hombres, mujeres y niños pulula por los alrededores. Vendedores de gorros, banderas, estandartes, collares. Y no hay vinchas. Raro. Descubren personas argentinas, como Héctor Gallego, y exclama “Bienvenidos a Manizales, ésta es una ciudad de puertas abiertas”. Y sí, no se vislumbra un sentimiento fuerte anti-Boca. Se respeta al equipo visitante, se sostiene el amplio favoritismo y como dice Leornado Acuña Madero, “esta Copa no se escapa de Colombia. El Once viene con la suerte del campeón. No solamente Boca le estrelló pelotas en el travesaño; también el Santos. Sí señor, vamos a ser campeones. Rey de campeones, porque le vamos a ganar al campeón”.
Los vendedores de boletos preguntan cuándo llegará la hinchada de Boca. Y José Rodríguez Escaña asegura desafiantemente en broma: “Si no vienen 2000 de la Doce que no se digan una hinchada poderosa”. La reventa está funcionando a full. Por una entrada de 10 mil pesos, es decir 4 dólares, se pide 150 mil y hasta 200 mil. Un disparate. “Boca será bien recibido. No tengan dudas”, aclara por si acaso Andrés Serpia. Y agrega que “yo voy por el Boca, soy de Nacional de Medellín”. Así, se puede dar fe, se lo aguarda al equipo que dirige Bianchi. La mayor protesta es porque al plantel de Once Caldas lo dejaron varado con el traslado al entrenamiento. Pero es la única queja. A nadie de estos miles de simpatizantes se les ocurre que deben ser agresivos. Amenazantes. Están palpitando un gran acontecimiento, pero uno y todos se esmeran porque los argentinos la pasen bien.
Es cierto, por ahí surge algún que otro fanático y se llega de pronto al hotel donde se hospedará Boca desde hoy a la tarde “Termales el Otoño” para molestar. Un hotel que tiene las habitaciones pintadas con los colores de Boca. Pero no es eso el síntoma que se “respira” en Manizales. Y más allá de la euforia, de la “causa nacional” que significa para toda Colombia el Once Caldas, eso no cruza en los pronósticos la barrera de la rivalidad. No hay indicios de espera caliente, tensa, que pueda provocar incidentes y accidentes. No da esa sensación. Porque esos aires triunfalistas de estas vísperas son la traducción de una esperanza ilimitada. Cualquier persona, sea amante o no del fútbol, se siente orgullosa del Once. Sabe que ese equipo modesto puede inscribirse en la historia y quedarse con la gloria. Y porque aceptan que enfrente estará un rival con pergaminos grandes es que ansían el éxito.
La vuelta por la sede, por el centro, por los barrios periféricos, toda una experiencia al atravesar callecitas serpenteantes repletas de “pelaos” corriendo tras la pelota, nos entrega la imagen de un pueblo manso y confiado. Aquí, salvo que todo cambie en horas y de la pasividad se pase a la ferocidad, todo hace pensar que habrá fútbol y contienda. Fervor máximo al mezclarse juego y patria, pero sin desbordes. Son presunciones, que cuentan con el respaldo de la experiencia. Nada más que eso. Nada menos que eso.
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