EN MEDIO DE LA CAMPAÑA ELECTORAL, SALEN A LA LUZ SECRETOS E INTIMIDADES DE LULA
A los 60 años, Luiz Inácio da Silva es un amante confeso de los cigarros holandeses, disfruta de los viajes al exterior, le encanta comer asado y saborear las típicas comidas de su país como el pollo con polenta. También es un buen bebedor: prefiere el whisky, la cerveza y la cachaza. Viste trajes de diseñadores top y hasta se aplicó ampollas de Botox para lucir más joven. Lejos de los lujos, durante su infancia conoció el hambre “en carne propia”, pasó años sumergido en la miseria y apenas completó el quinto grado. Ahora que las encuestas lo señalan como favorito, Lula prometió encarar una enorme reforma política en caso de ganar las elecciones presidenciales del 1º de octubre, se niega a debatir en televisión con otros candidatos y gambetea con habilidad las denuncias de corrupción que vuelven del pasado para minar su carrera a la reelección.
Hasta un prestigioso columnista del diario Folha de San Pablo se refirió al candidato del oficialista Partido de los Trabajadores como “Super Lula”. ¿Pero quién es realmente Lula? En la biografía no autorizada “Lula, la izquierda al diván”, el periodista argentino Ceferino Reato da a conocer estos secretos y otras intimidades que rodean al presidente brasileño. Desde el título, el autor arriesga que su estrategia de soldar todo aquello que forma parte del discurso de la izquierda con políticas económicas ortodoxas o neoliberales provocó un profundo debate dentro del progresismo tanto en Brasil como en América Latina.
“A Lula no le gusta la rutina del gobierno. Le aburren los temas administrativos, le escapa a los asuntos complejos y conflictivos, no entiende mucho de economía (cuando tuvo la oportunidad no quiso aprender) y demora a lo Fernando de la Rúa las decisiones cruciales”, compara Reato. Por eso cada vez que tiene que hacer cambios en su gabinete, “se angustia, aumenta la dosis de cigarrillos holandeses, Coca Cola y whisky” y no sigue la dieta que le imponen sus médicos. Pero también está la otra cara de la moneda: una persona feliz, relajada y arrolladora.
Es un Lula que le apasiona viajar a otros países, conocer nuevos lugares y pronunciar largos discursos en un palco dirigiéndose al pueblo. “Por eso lo primero que hizo al asumir la Presidencia fue delegar la rutina administrativa del gobierno y las relaciones con el Congreso. El carismático Lula se reservó las tareas que más le gustan: la comunicación con el pueblo, el marketing de su gobierno y todas las comodidades del poder, como las comilonas y las fiestas con amigos, y los encuentros con famosos, desde Ronaldo hasta Bono”, relata Reato.
Lo del marketing parece que va en serio. El Lula candidato apostó a tratamientos estéticos para mejorar su imagen. La revista Veja relató la semana pasada que el presidente brasileño ya se aplicó tres veces la toxina del Botox. Todo vale en tiempos de elecciones, donde lo estético gana terreno sobre las propuestas de cambios estructurales. En nuestro país, es imposible no recordar el argumento de las “picaduras de avispas” que el ex presidente Carlos Menem solía utilizar a menudo para explicar su repentino rejuvenecimiento facial.
En la biografía no autorizada, el autor recorre la vida de Lula desde su infancia y lo describe como un “sobreviviente del hambre”, sigue con la relación con el padre, (“un hombre despótico, violento y cruel que murió a causa de una cirrosis”), y la importancia de su madre de quien –asegura- debe haber heredado el coraje que hasta sus enemigos más feroces le reconocen. “En San Pablo llevaba una vida muy pobre: fue lustrabotas, vendedor de tapioca, maní y maíz de pororó en la puerta de la escuela, repartidor de prendas de una tintorería y cadete de una oficina. Ahora, Lula sólo viste trajes de Ricardo Almeida, el modisto top”.
Ayer, el presidente brasileño se presentó en el Consejo de Desarrollo Económico y Social (CDES), una instancia creada por el gobierno en el año 2003 y que integran 102 consejeros, desde ministros hasta empresarios y representantes de movimientos sociales y trabajadores. Allí volvió a la carga con la idea de encarar una profunda reforma política “inaplazable”. Hay varios proyectos en el Congreso para hacer cambios en el sistema legal de creación y militancia de partidos políticos, así como su financiamiento, que han sido origen de casos de corrupción que salpicaron al gobierno del PT. “La crisis ética que se abatió sobre el país es la crisis del sistema político en su totalidad y no apenas de algunas personas o de algunos partidos”, se defendió Lula.
En plena campaña, el mandatario lanzó además un spot en la TV que dura cerca de siete minutos: aparece en la pantalla distendido y seguro, mientras de fondo se escucha el jingle de su campaña electoral que dice “Lula de nuevo con la fuerza del pueblo”. En el mensaje, hace hincapié en los éxitos económicos y sociales logrados por su gobierno desde que asumió el 1 de enero de 2003: “Hemos demostrado que es posible crecer y, al mismo tiempo, repartir renta. En los últimos tres años, tres millones de personas salieron de la miseria y siete millones salieron de la pobreza y pasaron a la clase media”, afirma.
Y como no podía ser de otra manera, recuerda su origen pobre con fotos de su infancia, mezcladas con otras en las que aparece, por ejemplo, abrazado al presidente de Estados Unidos, George W. Bush.
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