“EN NUESTROS LABUROS CON EL CUCHI SE DIO LA VERDADERA RELACIÓN ENTRE MAESTRO Y ALUMNO”
Repasando un poco la historia del dúo, uno se encuentra con una curiosidad, ustedes son dos salteños que se conocen en Buenos Aires.
Chacho Echenique: Vos sabes que se produjo algo muy lindo, porque cuando nos conocimos cantamos espontáneamente una zamba que se llama “Pastorcita perdida”, y nuestras voces se juntaron naturalmente. Y un tiempo después la grabamos como nos salió aquel día. O sea que nacimos cantando.
¿Y adonde ocurrió aquel encuentro? ¿En una peña?
Patricio Jiménez: No, fue en el hall del nuevo teatro en Buenos Aires, en aquel lugar había un barcito con unas sillas. Por aquellos tiempos iba Mercedes Sosa con su bombito y cantaba, también iba Héctor Alterio y recitaba.
¿Y porque se fueron a Buenos Aires?
Chacho: Yo me fui a jugar al fútbol al club Lanus y Patricio cantaba con “Los de salta”.
¿Usted cantaba con “Los de Salta”?
Patricio: Sí, pero fue un reemplazo que hice, sólo canté un tiempito.
Cuando arrancaron no lo conocían ni al Cuchi Leguizamón, ni a Manuel Castilla. ¿Cómo lo conocieron al Cuchi?
Patricio: Yo lo conocía al Cuchi, había conversado algunas veces, pero con ese respeto provinciano, es más le decíamos doctor. Después cuando nos fuimos a Salta, nos dimos cuenta con Chacho que sería lindo conocer a un músico para que nos oriente. Y fuimos a hablar con un amigo nuestro, que es el hijo de Juan Riera, el hombre que inspiró al Cuchi y a Castilla para la “zamba de Juan Panadero”. Y él nos invitó a un asado en el que iba a estar el Cuchi Leguizamón y Manuel Castilla, entre otros.
¿Y aquella noche el Cuchi se enamora del Dúo?
Patricio: Sí, en realidad se enamoró de Chacho, de mí no porque era muy feo el Cuchi (risas). Hablando en serio, aquel día nosotros cantamos la “Zamba del silbador” un tema de él que lo habíamos armonizado nosotros. Y cuando escuchó la primera estrofa, el Cuchi se levantó como un resorte y preguntó: “¿Quién armonizó esta canción”?
Chacho: Ninguno, dijimos nosotros (risas).
Se asustaron.
Patricio: Fuimos nosotros doctor, nos salió espontáneamente. Y nos dijo: “Yo los voy a armonizar”. Y desde aquel momento no se movió de al lado del grupo.
Chacho: Y en aquel momento era la mejor época de composición del Cuchi. Como te enamoraba cuando te tocaba el piano. Era maravilloso escucharlo.
Patricio: Y si uno presta atención a aquellos años se da cuenta que él empieza a cambiar en sus composiciones por el registro de nuestras voces. Yo siempre digo que en nuestros laburos con el Cuchi se dio la verdadera relación entre maestro y alumno. Porque fue de dar y tomar. El nos dio muchas cosas, pero nosotros también le dimos algo.
Chacho: O sea, con nuestra voces, nosotros resolvíamos lo que él quería hacer. Eso me lo dijo Horacio Salgán.
En los años de auge del Dúo Salteño ¿Cómo les respondía la gente?
Chacho: A nosotros nos costó muchísimo. Nos siguió cierto tipo de gente, no fuimos masivos. Fue una desgracia esa situación, porqué podríamos haber aportado más a la canción popular.
¿Podrían contarnos la anécdota del Luna Park, del festival internacional de la canción?
Patricio: En ese mismo festival estaba Astor Piazzolla y le pasó algo similar a nosotros. Nosotros tocábamos junto al Cuchi, que nos acompañaba en el piano, y a Rodrigo Montero, en guitarra eléctrica. Y cuando empezamos a cantar, de la popular nos empezaron a silbar. Y de la platea se empezaron a dar vuelta y a insultar a los que chiflaban. Y lo mismo le pasó a Piazzolla con “Balada para un loco”. A nosotros nos ganó una zamba titulada “Miguita de pan” que hoy no la recuerda nadie. Y Piazzolla, que estaba con Amelita Baltar, perdió con un tango mediocre llamado “El último tren”. Ese festival histórico fue en el año 70.
¿Ustedes son concientes de que hablan de Mercedes Sosa, de Juan Riera, de Manuel Castilla, como si fueran unos tíos perdidos que anduvieron por ahí, y son tipos que junto a ustedes construyeron la historia del nuevo folklore argentino?
Chacho: Es que son hermanos nuestros. Hoy estábamos en la radio y nos acordábamos de un recital que hicimos nosotros en el Hotel Bahuen donde invitamos al Cuchi, a Leda Valladares, a Dino Saluzzi, al Mono Villegas. Y recordábamos las discusiones entre el Mono Villegas y el Cuchi. “Ese bajo no va, es jazzístico”, le decía el Cuchi al Mono. Se adoraban los dos, no, pero discutían los bajos para el dúo. Que lástima no tener grabados esos recitales con el Mono Villegas.
Dicen los historiadores del Folklore que el Cuchi Leguizamón sintió una tristeza profunda cuando ustedes se separaron ¿Qué ocurrió, porque decidieron desarmar el dúo?
Chacho: Patricio tiene su versión y yo tengo la mía. Yo considero que la primera parte de nuestra carrera fue muy difícil. Fundamentalmente la parte económica. No hemos tenido ni mucha difusión, ni un buen representante. Nosotros vivíamos en una pensión muy humilde de la calle Talcahuano y aquella situación fue muy desgastante. Y el otro problema fue la diferencia de ideas con Patricio, en cuanto a como promocionar el dúo.
Patricio: Lo que pasa es que con lo que sacábamos con el canto, no nos alcanzaba ni para subsistir. A mi me ayudaba mi hermano, quien me daba algún auto para vender, para hacerme unos pesos. Estábamos mucho tiempo lejos de la familia. Era todo un círculo negativo.
Y además la pasaron mal políticamente porque la triple “A” los prohibió. Aparecieron en las listas de censura.
Chacho: Sí, en ese sentido siempre fuimos perseguidos. No podíamos tocar, porque estaba la amenaza constante. Los militares apretababan a los dueños de los teatros para que no nos dejen tocar.
Patricio: En el 73’ prohibieron “El violín de Becho”, que lo habíamos grabado ese año. Por estos días cuando viajamos a Córdoba, los dicotecarios nos muestran los discos con los sellos de la prohibición del CONFER”.
¿Y en que momento de la vida los encuentra esta vuelta al Dúo?
Patricio: Y creo que en el mejor momento. ¿Sabes porqué?. Porque nos encanta lo que hacemos, nosotros le ponemos mucho amor a nuestras obras. Y la gente nos brinda mucho cariño. Por ejemplo en Tucumán, que tocamos hace algunos días, fue una maravilla, cantamos a sala llena.
Yo tengo una hija muy chica, y venía pensando cómo le explico cuando crezca quienes eran el Dúo Salteño. ¿Qué les digo, que eran? ¿Que fueron, que son? ¿Si ustedes se tendrían que definir, cómo se describirían?
Patricio: Vos sabes que hay una definición maravillosa que hizo un hombre de la puna, cuando recién comenzábamos. Un día viene Rierita, el hijo de Juan Riera, y nos dice: “Muchachos, háganme el favor, vamos a una escuelita de la puna a unas fiestas patronales”. Y fuimos, cantamos dos temas, y se acerca un cosechador de uva, con su mujer y su hijo de la mano y nos dice: “Cómo le agradecemos que hayan venido a la escuelita, porque ustedes cantan como los antiguos”. ¿De donde le venía aquel concepto? De las voces, los sonidos, la expresión.
Chacho: Eso se debe a que Patricio es de la zona de Quijano que es una maravilla, el portal de los andes, y Patricio se formó cantando en esa zona, y yo soy de un poquito más arriba, de San Antonio de los Cobres. Entonces se juntan dos propuestas bagualísticas y por lo tanto melódica. Y que son los colores de las voces. Y nosotros tratamos de no repetirnos.
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