EN PRIMERA PERSONA
Una mujer de 48 años mata a un psicópata, su marido; un hombre de 37, víctima de celos enfermizos, mata a culatazos a su novia; un parapsicólogo de 45 años mata de cinco tiros a su pareja 14 años menor; un chico de 18 años, sin saber muy bien por qué, mata a su tía, contadora, y a su secretaria; una mujer insatisfecha mata a su pareja celosa.
¿Cuántas historias de ficción se han tejido o han tenido su desenlace en situaciones como éstas? Decenas, cientos, miles. Como se ha dicho más de una vez, la originalidad no pasa por contar algo nuevo (sobre todo cuando ya parecería estar todo contado) sino por contarlo de otra manera. Eso es precisamente lo que hace María Laura Santillán con No matarás (Canal 13, miércoles a las 23): construye un relato, en primera persona, de un crimen que golpea como un mazazo con la contundencia que sólo tiene la realidad. Tamizada sí, procesada también, editada, manipulada si se quiere —después de todo es un programa de televisión, no es “la vida misma” de Gran hermano—, pero más allá de toda intervención artístico-periodística quien da testimonio ante cámara, a lo largo de una hora, es una persona que mató a otra (u otras), sin vueltas ni eufemismos.
Los elementos empleados son escasos y despojados. El convicto relatando los hechos, Santillán guiando imperceptiblemente con sus preguntas, y una apoyatura de imágenes entre sugerentes y alegóricas más allá de cierta obviedad. No hay dramatizaciones, no hay sangre, no hay más violencia que la que se desprende del relato que, ciertamente, no es poca. Tampoco hay juicios morales ni de valor y ni siquiera certeza de verdad. A los efectos dramático-narrativos, No matarás funciona como la más convencional de las historias policiales relatadas, claro, desde la óptica del asesino. Con presentación de personajes, instalación de un conflicto que va creciendo, escalada de violencia física, moral o piscológica, desenlace (crimen) y epílogo.
Lo que, sin llegar a echar por tierra la potencia de la idea, termina haciéndole flaco favor a la propuesta de No matarás es la concepción formal elegida de “melodrama estetizante”. La idea de acompañar el drama con música de bolero —más allá de que M.L.S. se saque el gusto de seleccionar temas de Ismael Serrano, Joaquín Sabina o Luz Casal—, ilustrándolo con hojas cayendo en cámara lenta, gotas que caen, velas que se consumen o imágenes que salen de foco, entre otras opciones efectistas, no parece estar a tono con la celebrable audacia puesta de manifiesto en la idea original.
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