EN RAFAELA HAY 150 CHICOS “DE LA CALLE”
Un millón y medio de chicos trabajan en la calle en Argentina, según un informe elaborado por Save the Children, una organización que no se interesa en el manipuleo de cifras o de desestabilizar gobiernos con malas noticias. Al contrario, desde hace años su lucha se enfila a denunciar lo que en todas las sociedades, comunidades, no se debería aceptar: el trabajo ilegal de chicos.
Desde 1998 a la fecha, en nuestro país se sextuplicó la cifra que tiene que ver con chicos en “situación de calle”, como gusta nombrar a la jueza de Menores de nuestra ciudad, doctora Liliana Spaggiari, a lo que el común de la gente menciona como “chicos de la calle”. Se trata -por eso las cifras son elocuentes y eximen de mayores comentarios- de menores cuyas edades oscilan entre los 5 y los 17 años de edad, que realizan actividades callejeras, o de índole doméstica, y que muchas veces caen en la consumición de alcohol, tabaco y drogas, aunque muchas de estas últimas se tilden como “legales”. Uno de los ejemplos lo representa la inhalación de pegamentos. Consecuentemente, el futuro de estos pibes es incierto. Porque se alejan de la capacitación, del estudio, y de las responsabilidades civiles en una sociedad que día a día se presenta más difícil, más fría, más distante para ellos.
Durante años en el país no fue habitual la observancia de niños mendigando. Hoy, lamentablemente, es una postal cotidiana. Aunque en muchos casos la mendicidad se transforme en una suerte de “trabajo”, ya que se gana “la moneda” de diversas formas, incluidos el lavado de autos, el cuidado de los mismos, o de cualquier otro tipo de vehículo que suele estacionar la gente y que “por un minuto” se deja “al cuidado” de los chicos de la calle.
No es la primera vez que desde páginas de este Diario se mencione que el drama social que significan los chicos de la calle no se resuelve con conductas individuales, actitudes voluntarias altruistas, u otros tipos de instancias afines. Tampoco es la primera vez que insistimos en que hace falta, definitiva y acabadamente, una política de Estado que movilice recursos humanos y económicos en una conjunción de trabajo de funcionarios, organismos y padres de familia. De la misma manera se expresó, días pasados, en nota editorial del vespertino de la capital de nuestra Provincia.
Tiene que llegar el punto final de políticos con discursos demagógicos que naufragan en mares de promesas inconclusas. Hacen falta, de una vez por todas, políticas de contención social que vayan más allá de meros amagues muchas veces con fines electoralistas.
Desde 1998 a la fecha se sextuplicó, según Save the Children, el número de chicos en situación de calle. La cifra no es menor, y no debe pasar desapercibida.
OBLIGACIÓN DEL ESTADO
El jueves 19 de mayo de 2005, bajo el título “Minoridad en riesgo: si el Estado no se desentiende, es posible el cambio”, LA OPINION publicó una entrevista a la jueza de Menores de Rafaela, quien entre otras cosas dijo “el achicamiento del Estado, la mayor fragmentación social y el desmoronamiento de la clase media afecta a todos”, y afirmó “la globalización de los medios de comunicación y el mercado están dando forma a las percepciones, preferencias y conductas de los jóvenes. Por eso el Estado y los padres deben aumentar el ejercicio de su derecho -deber de control/vigilancia-“.
Hace poco más de un año, la doctora Liliana Spaggiari expresó “si el Estado no se desentiende, si se compromete en un estilo propio, si no se contenta con decir que ocurre el mismo fenómeno y peor en otros lugares, si a la vida la ve como un espejo y a los menores en riesgo social como la parte rota del mismo, como la falta de esperanza en un futuro mejor en que todos estemos incluidos, es posible generar cambios”.
También comentó que “el achicamiento del Estado, una mayor fragmentación social, y el desmoronamiento de la clase media afecta a todos.
Pero más aún a aquellos que tienen baja calificación para el trabajo.
Lo que al no contar con una red de relaciones sociales que aporte conexión con la posibilidad de trabajo, propicia el ingreso al clima de inseguridad inevitable, con escasas posibilidades para esos grupos sociales desplazados de insertarse en el mercado laboral”.
Ha pasado poco más de un año y aquellas palabras continúan vigentes.
Porque el Estado no hizo nada, porque todo sigue igual, y porque en Rafaela cada día son más los chicos de la calle, en tanto no se observa, palpa, o comprueba, una actitud del estado para hallar la solución requerida. Y en esto no se debe dejar de lado al Estado municipal que, a cuentagotas, espaciadamente, responde con algunos trabajos que se presentan como simples apósitos en una herida que requiere cirugía mayor.
CERCA DE 150 CHICOS EN RAFAELA
No existen, o no se dieron a conocer en los últimos meses registros oficiales, en nuestra ciudad, sobre la cantidad de chicos en la calle.
Sin embargo, caminar las arterias locales libre y birome en mano permite decir que cerca de 150 chicos están en condición de calle, concretando una interesante cantidad de actividades laborales. El martes 14 de junio del año pasado este Diario publicó que en Rafaela cerca de 100 chicos eran los que trabajaban en la calle, en una cantidad que baja en invierno y sube en verano, y un relevamiento estimativo.
Se trata de tareas totalmente informales, como lavado de parabrisas, cuidado de coches, portar carritos en los supermercados, cartoneros, o simplemente pedir limosna en lugares públicos.
Lo que preocupa, ante la pasividad de muchos, es comprobar que la cifra crece con el correr de los días. Según un censo realizado en 2004 por la Brigada Juvenil de la Unidad Regional V de Policía, por especial pedido de la jueza de Menores doctora Liliana Spaggiari, en Rafaela había 90 chicos en situación de calle. Y al menos 10 de ellos pernoctaban en algunos sitios determinados, sin regresar a sus casas.
Se reitera: la situación continúa sin cambios halagüeños. Pocos, o casi nadie, con decisión y trabajo, parecen preocuparse por esta realidad.
Mucho se habla en tribunas políticas, pero después… nada.
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