“EN ROSARIO FUNCIONARON 25 CENTROS DE DETENCIÓN ILEGAL”
Cuerpos sin identidad, e identidades sin cuerpos. Tras esa paradoja sepultada bajo años de silencio subyace el trabajo que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) comenzó el sábado en nuestra ciudad, con el objetivo de buscar e identificar restos humanos enterrados en forma clandestina durante la última dictadura militar.
En un trabajo conjunto con organismos de derechos humanos y la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia, los miembros del EAAF realizarán estudios a partir de las fosas comunes halladas en la ciudad de San Lorenzo, aunque ampliarán esa investigación pues consideran que en la zona comandada por el Segundo Cuerpo del Ejército funcionaron a partir de 1976 más de 25 centros clandestinos de detención. “Con la palabra de los sobrevivientes y familiares, y con el trabajo de los organismos de derechos humanos, estamos reconstruyendo una trama que tiene muchos puntos incompletos”, comentó Miguel Nieva a El Ciudadano tras las jornadas de trabajo realizadas el sábado en el Centro Cultural La Toma.
Nieva es rosarino. Tiene 30 años y trabaja en el EAAF desde mediados de los 90. El equipo se conformó en 1984 bajo la coordinación del estadounidense Clyde Snow, antropólogo forense miembro del Programa de Ciencia y Derechos Humanos de la Asociación Americana por el Avance de la Ciencia.
Actualmente tiene 13 miembros que trabajan en el área de arqueología, antropología física y social, computación, y derechos humanos. Además de investigar violaciones a derechos humanos en Argentina, el EAAF relevó casos de masacres contra población civil en América latina, África, Asia y Europa.
“Ponernos en contacto con los familiares y sobrevivientes de la dictadura en Rosario y la zona nos permite avanzar en la primera etapa de la investigación. A esto se le agrega el trabajo documental como los libros de cementerio o actas de defunción. Todas las fuentes testimoniales que recogemos son muy importantes porque nos ayudan a recortar los «universos de búsqueda», esto es, subconjuntos de información más acotada en relación a los lugares y períodos de detención”, explica Nieva.
Hurgar en la memoria colectiva, además de hacerlo en la tierra, revela datos estremecedores. “En Rosario todavía hay muchos centros clandestinos de detención que no se conocen”, advierte Nievas. “Por ejemplo, tenemos el testimonio de una persona que estuvo detenida en el centro operacional de Fisherton, que no se conocía hasta el momento.
Hasta ahora constatamos un solo sobreviviente de ese lugar”, revela el investigador. “Se conocen alrededor de 25 centros de detención, pero ahora hay que establecer en qué período funcionó cada uno y qué personas estuvieron detenidas en qué lugar. Eso nos permitirá entender cómo se dieron los traslados de cada grupo de detenidos”, agrega.
El investigador advierte que “antes de realizar cualquier trabajo tenemos que tener un acuerdo con los familiares. Si los familiares no quieren recuperar los restos, nosotros no intervenimos. Siempre está la decisión del familiar por medio, pues este trabajo se hace con la colaboración estrecha de ellos”. Y comenta que, de manera esquemática, el trabajo se divide en tres fases: investigación preliminar, trabajo de campo y trabajo en laboratorio. La primera etapa es la que se inició ayer y que se prolongará el tiempo necesario, aunque a fin de año se realizarán las primeras evaluaciones del material recolectado.
“La segunda etapa es la arqueológica. Se delimita una fosa, se hace una exhumación, y se recupera material que luego se traslada a un laboratorio. Allí se inicia la tercera etapa. Del laboratorio se extrae una muestra de hueso para hacer un estudio de ADN, que se va a cruzar con la muestra de sangre que en la etapa preliminar le tomamos al familiar. Eso dará una correspondencia genética entre el cuerpo y la sangre”, dice Nieva.
El trabajo de excavación se realiza con instrumentos simples, pero la complejidad reside en la metodología utilizada. “La arqueología es una técnica intrusiva, por lo tanto cuando estás cavando estás destruyendo el contexto en el cual se encuentran los huesos, y no podés volver a reconstruirlo. Eso implica que se trate de una tarea meticulosa, porque tenés que ir registrando paso a paso el trabajo de campo”, explica el investigador. Lo que marca la diferencia entre la antropología forense y otras disciplinas de esas características es “que trabajamos con restos óseos, y la cantidad de información que podés obtener de allí es menor que de un cadáver. Entonces es necesario ser muy meticuloso en el trabajo porque cualquier indicio que encuentres, por más chico que sea, puede ser un aporte a la investigación”, agregó Nieva.
“El objetivo nuestro esa ayudar a los familiares a recuperar a sus seres queridos y así poder comenzar a elaborar el duelo”, sintetiza Nieva. Y este proceso transforma la vida de esas personas, pero también la de los antropólogos: “A lo largo de la investigación uno establece un nexo profundo con la familia y con la historia de la persona buscada. Cuando se produce su hallazgo, para nosotros es muy fuerte, porque la persona que estuvo desaparecida no es alguien que no conocés, es alguien que has conocido a partir de la voz de sus familiares de la reconstrucción de su historia a partir de datos y fuentes documentales. Sabés de su historia de vida, de su historia de militancia, de su desaparición. Cuando el vínculo entre cuerpo e identidad se recupera, es como que luego de tantos y tantos años esa persona vuelve a pertenecer a la sociedad, ya no sólo como desaparecido. Se ha reconstruido un sujeto histórico social”, concluyó Nieva.
Sumando esfuerzos para hallar la verdad
El Equipo Argentino de Antropología Forense trabaja junto a la Asociación para la Recuperación de la Verdad Histórica (Arhista), una organización que se formó diez años atrás. A través de ambos grupos se construyó un espacio de trabajo específico para investigar casos de desaparición en el sur de Santa Fe. Allí también participan antropólogos, historiadores y estudiantes, además de organismos de derechos humanos, “que son quienes a lo largo de estos años se encargaron de reconstruir datos muy importantes”, como remarca Beatriz Pfeiffer, vicepresidenta de Arhista. Una de las particularidades del grupo que se constituyó en Rosario es el hecho de que también participa la Secretaría de Derechos Humanos provincial, que en Rosario funciona en Moreno 248. “Nunca antes habíamos trabajado dentro de una estructura estatal”, relata. “Nuestro trabajo es la restitución de un cuerpo y una historia. Y también la presentación de pruebas ante la Justicia, porque si hay desaparecidos hay desaparecedores”, afirma Pfeiffer.
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